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02 de Juny de 2014

Lo que ocurre, señor Rajoy, es que hay tres vías, para un posible choque de trenes. Hay la vía que transcurre dentro del marco jurídico, la que intenta salirse de este o cambiarlo y la que  rechaza los fundamentos del sistema. Y las tres se declaran democráticas.

La ortodoxa, es la democráticamente regulada por una normativa legal; la heterodoxa es la que, en nombre de una pretendida radicalidad democrática, forcejea o se salta la legalidad establecida aduciendo legitimidades no reconocidas; y la antisistema rechaza la misma concepción vigente de la democracia, por considerarla viciada o falsa.  

“Siempre que hay choque de trenes es porque uno va por la vía equivocada”, advierte usted oportuna y sensatamente. El choque puede ser entre dos trenes, pero puede ser entre tres, en cualquier cruce. ¿Qué trenes, en este caso, van “por vía equivocada”? La antisistema puede tender a sumar su fuerza, normalmente poco pacifica, a la heterodoxa radical. La coalición sería entonces brutal. El tren de la democracia ortodoxa, representado por el poder legítimamente institucionalizado, debe evitar el choque fatal. Su brújula y destino es la estabilidad y la convivencia, fundamentadas en la justicia y el bienestar.

De otra parte, la democracia que aquí llamamos ortodoxa y legislada con legitimidad, no es perfecta ni intocable. Puede, y a veces debe, ser modificada. Su desfase de la cambiante realidad social y del fluir histórico hacia el futuro, puede propiciar la coalición. Las concepciones heterodoxas también tienen su parte legítima de razón, y las antisistema, sus motivaciones y argumentos.   

La democracia no es algo etéreo,  que cada quien pueda invocarla a su antojo o interés, sino que se concreta en un marco jurídico. Y este marco debe recoger el máximo de legitimidades que puedan tener las otras concepciones de la organización de la sociedad  para la convivencia, el progreso y el bien común, que es el de todos los ciudadanos.

Para evitar el choque, cada tren debe evitar ir por vía equivocada. La democracia tiene muchas vías, pero ninguna es exclusiva de nadie. Y es obligación de los elegidos por el pueblo, escoger, consensuadamente, la mejor y regular con sensatez el tránsito social y político.

A la vista de los resultados de las últimas elecciones -en las que sin embargo ganó la abstención-, las tres vías deben ser tenidas muy en cuenta.


    

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