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21 de Novembre de 2016

PRIMARIAS DE LA DERECHA FRANCESA

 PERIODISMO DIGITAL//.- Sarkozy queda fuera de la carrera al Elíseo; Fillon y Juppé se disputarán el liderazgo de la derecha francesa.

El ex primer ministro Fillon tiene una amplia ventaja, un 44,2% de los votos, frente a un 28,3% para Alain Juppé; Sarkozy queda con un 20,8%Sarkozy asume su derrota y pide el voto en la segunda vuelta para Fillon.

François Fillon es el nuevo campeón de la derecha francesa. Y Nicolas Sarkozy es ya historia. El antiguo presidente de la República admitió su derrota, anunció que en adelante apoyaría al que fue su primer ministro y sugirió, con el rostro abrumado, que no volvería a librar ninguna batalla política. Se despidió con un "hasta la vista". Fillon, aupado por una inesperada mayoría de casi el 45% de los votos en la primera vuelta de las primarias, hizo un discurso casi presidencial, como si estuviera a punto de entrar en el palacio del Elíseo. El otro finalista, Alain Juppé, prometió "mantener el combate", pero con mínimas esperanzas.

Los grandes fenómenos políticos se forjan en jornadas como la de ayer. De los siete aspirantes, sólo tres tenían, según los sondeos, auténticas posibilidades de acceder a la segunda vuelta. Dos de ellos, Juppé y Sarkozy, habían partido como favoritos desde el principio. El tercero, en cambio, era seis meses atrás una figura marginal. Se le auguraba un 8% de los votos. Fillon, sin embargo, recorrió Francia, supo conectar tanto con los electores católicos como con los partidarios de las reformas profundas, hizo buen papel en los debates televisados y protagonizó una extraordinaria remontada en los sondeos.

François Fillon no es una figura carismática. Y su programa no contiene un gramo de populismo. Absolutamente liberal en lo económico y rotundamente conservador en lo social, Fillon promete reducir en 100.000 personas el número de funcionarios, subir dos puntos el IVA para bajar los impuestos a las empresas, restablecer la autoridad en las calles y las escuelas, reafirmar el orgullo francés y establecer una estrecha alianza con Vladimir Putin e, indirectamente, con el presidente sirio Bashar el Assad. Propone una reforma drástica del sistema laboral y asistencial: fin de la jornada de 35 horas semanales, retraso de la edad de jubilación y subsidios regresivos a los desempleados. Como detalle, le gustaría que en las escuelas volviera a imponerse el uniforme.

Se daba por hecho que una participación masiva iba a perjudicar a Sarkozy, porque significaría que numerosos ciudadanos de izquierda participarían en las primarias de la derecha con el fin casi exclusivo de impedir el retorno del ex presidente. Se estima que de los cuatro millones de personas que pagaron dos euros por depositar la papeleta y tuvieron que soportar largas colas, al menos 400.000 procedían de la izquierda. Pero se suponía que el beneficiario de esa maniobra iba a ser el centrista Juppé, que había apelado directamente a "los decepcionados con François Hollande". Resultó que no. Sarkozy perdió, pero hasta cierto punto perdió también Juppé. Fillon estuvo a punto de alcanzar la mayoría absoluta en la primera ronda.

Ahora se da por hecho que el candidato conservador, François Fillon, se verá las caras el 7 de mayo con Marine Le Pen, la candidata del ultraderechista Frente Nacional. Realmente, es lo más probable. Le Pen cuenta con unos votantes incondicionales que le garantizan casi el 30%, lo que supone ocupar un puesto en la segunda vuelta de la elección presidencial. Vista la fragilidad de la izquierda, Fillon no debería tener grandes dificultades para ocupar el otro puesto.

Fillon disfruta, ahora mismo, de dos ventajas. La primera, que su sorprendente victoria en las primarias de Los Republicanos (un partido aún presidido por Sarkozy) le convierte en un personaje popular y con aura de triunfador. La segunda, que sus cofres de campaña están llenos. Gracias a los dos euros por votante, Los Republicanos han acumulado un bote de unos ocho millones de euros. Y falta la recaudación del domingo próximo. Una vez descontados los gastos de organización, pocos, porque los 2.000 centros de voto estaban gestionados por 80.000 voluntarios no retribuidos, el dinero será entregado al candidato ganador, es decir, salvo una milagrosa recuperación de Juppé, a Fillon. Cabe añadir una tercera ventaja: a diferencia de Sarkozy, Fillon, pese a su conservadurismo rotundo, no repugna a la izquierda. Si hay que elegir entre él y Marine Le Pen, muchos votantes progresistas se taparán la nariz y respaldarán a Fillon para cerrar el paso a la ultraderecha. E incluso cabría hablar de una cuarta ventaja: su catolicismo, su fe en la familia y su conservadurismo en materias sociales pueden reportarle incluso algunos votos ultraderechistas.

Sebastià Barrufet Rialp, cronista transversal

Master Periodismo Digital


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