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18 de Novembre de 2016

HILLARY CLINTON ADMITE LA DERROTA

 PERIODISMO DIGITAL//.- Hillary Clinton admite la derrota pero no claudica: "Trump será nuestro presidente pero no dejen de luchar".

Hillary Clinton por fin ha dado la cara. Nueve horas ha tardado en hacerlo, nueve horas en salir en público admitiendo su derrota después de que Donald Trump se adjudicara la victoria en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Sonriente, visiblemente emocionada, al borde de la lágrima en varias ocasiones, la derrotada candidata dio una de cal y otra de arena. Por un lado, admitió abiertamente la victoria de Trump, reconoció que será su presidente, indicó que deseaba que la transición de poder sea pacífica y se ofreció a colaborar con el millonario por el bien de América, "un país más profundamente dividido de lo que creíamos". "Debemos aceptar este resultado y mirar hacia el futuro", ha dicho.

Pero, al mismo tiempo, Hillary defendió en todo momento los valores y convicciones demócratas e hizo numerosos llamamientos a sus seguidores a no renunciar jamás a sus más arraigados principios ideológicos. "Nunca dejen de luchar por lo que es justo", les encomió con energía. "Aseguraros de que vuestras voces se sigan oyendo", sentenció. "El sueño americano es lo suficientemente grande para acoger a todos, con independencia de su raza, religión o género", subrayó en otro pasaje, acogido con sonoros vítores por sus seguidores. "Si permanecemos unidos llegarán días mejores".

Clinton se deshizo asimismo en elogios a los Obama y reconoció que la de derrota ha sido "dolorosa" y que lo será "por mucho tiempo". Y concluyó su emotivo discurso dirigiéndose a las jóvenes estadounidenses que habían depositado su confianza en ella y que esperaban que la candidata hiciera historia convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la Casa Blanca en 227 años. "Decirles que de lo que más orgullosa me siento es de haber sido su inspiración. Todavía no hemos roto el techo de cristal más alto y difícil, pero algún día alguien lo hará y seguramente antes de lo que pensamos".

Clinton comparecía tras una noche amarga, nada que ver con el júbilo de la mañana cuando votó con su marido entre aplausos y risueña en Chapaqquaa (Nueva York). Dieciséis horas después de votar ilusionada con la expectativa de convertirse en la primera mujer presidente de Estados Unidos, la ex secretaria de Estado no fue al Jacob Javits Center para pronunciar el discurso de la victoria como había previsto.

Su jefe de campaña, John Podesta, subió al escenario poco después de las dos de la mañana-hora local- para anunciarlo, apuntando que tendrían más que decir mañana. "Ha sido una noche larga y una campaña larga. Podemos esperar un poco más, ¿verdad?", decía al público que había aguardado pacientemente en el centro de convenciones para celebrar la victoria que no se produjo.

A esa hora su rival, el candidato Donald Trump, rozaba el número mágico de los 270 votos electorales que le convertirán en el 45º presidente de EEUU. Un escenario que muy pocos habían imaginado con los sondeos en la mano; sólo el diario 'Los Angeles Times' estimaba una victoria del empresario neoyorquino desde hace meses.

Lo paradójico del fracaso de Hillary Clinton es que los latinos y las mujeres, las dos comunidades que supuestamente con mayor fuerza se iban a movilizar a favor de Hillary, no lo han hecho. A pesar de los comentarios xenófobos lanzados por Donald Trump durante la campaña (especialmente en contra los inmigrantes mexicanos) y del vídeo plagado de comentarios sexistas del millonario que salió a la luz, ni los inmigrantes ni las mujeres han acudido en masa a votar por ella, como algunos pensaban que ocurriría.

La prueba más lacerante está en Florida, el estado que agrupa el mayor porcentaje de hispanos de Estados Unidos. Se creía que los puertorriqueños, que ahora mismo son la comunidad hispana más importante de Florida por delante de los cubanos (tradicionalmente republicanos), iban a dar la vitoria a la candidata demócrata. Pero no sucedió.

Los primeros análisis subrayan que muchos más latinos de los que se pensaba inicialmente habrían votado por el millonario, convencidos de que los inmigrantes sin papeles son su gran competencia en el mercado laboral y apoyando los planes de Trump de expulsar a 11 millones de ellos. Y otros, sobre todo cubanos, espantados ante la apertura de Obama y de ella misma como su secretaria de Estado, con la Cuba de Fidel Castro.

Sebastián Barrufet Rialp, cronista transversal

Master en Periodismo Digital


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