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03 d'Abril de 2017

EUROPA ESPAÑA Y CATALUÑA

 PERIODISMO DIGITAL//.- El año terminado (2016) ha sido para Europa el del fin de certidumbres firmemente asentadas: Estados Unidos garantiza la seguridad de los Veintiocho por medio de la OTAN. La Unión Europea es un proyecto irreversible en constante ampliación. La extrema derecha no puede volver a gobernar. Certezas que parecían inamovibles han dejado de serlo sumergiendo a Europa en un baño de fría realidad cuya velocidad ha dejado a sus líderes tiritando en medio del desconcierto. "2016 quedará en la memoria como un año fatídico, no solo porque las crisis ya abiertas se han hecho más intensas —más terrorismo, aumento del populismo, falta de crecimiento...— sino porque el Brexit ha demostrado que la Unión no es irreversible y su deconstrucción es posible".

El Viejo Continente despierta en 2017 y mientras se despereza en busca de respuestas, el dinosaurio no solo sigue allí: ha crecido. Europa encara un escenario plagado de amenazas que amagan con deslucir esta primavera los fastos del 60 aniversario de la firma del Tratado de Roma, germen de la actual Unión Europea.

El año del Brexit, Trump y los populismos. Del terror en Bruselas, Niza o Berlín. El año en que los referéndums de Reino Unido, Italia y Holanda simbolizaron el rechazo al establishment. 2016 se fue pero las amenazas gestadas en esos 12 meses le sobreviven. Europa afronta un panorama incierto con múltiples frentes abiertos: el crecimiento económico es débil; la política migratoria, dependiente de Turquía; la defensa común, un embrión, y los riesgos políticos, inmensos ante un eventual choque con Reino Unido en las negociaciones del Brexit a partir de primavera y el posible avance populista en las elecciones de Holanda, Francia y Alemania.

Cuando el año que acaba de terminar era solo un folio en blanco, Juncker escribió una lista de deseos para los tiempos venideros. Solidaridad, más Europa y menos egoísmos nacionales, decía la triada de anhelos del presidente de la Comisión. Doce meses después, la Unión ha fortificado sus lindes con una guardia de fronteras tras haber incumplido su compromiso de acogida de refugiados, uno de sus principales miembros se prepara para abandonar el barco comunitario y los populismos crecen en las urnas con un discurso de repliegue nacional que clama contra los burócratas que deciden su futuro desde Bruselas.

El runrún electoral se extenderá todo el año por Europa con comicios en Holanda, Francia, Alemania o República Checa. Posiblemente también en Italia. Cada cita supondrá un nuevo examen para la clase política dominante ante la pujanza en las encuestas de las formaciones populistas. El multimillonario checo Andrej Babis, comparado a menudo con Berlusconi y Trump, parte como favorito para ser primer ministro en el país eslavo, y fuerzas como la del holandés Geert Wilders o la francesa Marine Le Pen, que experimentarían un espectacular aumento de apoyos, son partidarias de abandonar la UE e implantar duras medidas contra la inmigración, a la que vinculan con el terrorismo uniendo así las dos mayores preocupaciones de los ciudadanos según el Eurobarómetro.

La victoria del populismo puede llegar incluso con una derrota en las urnas. "El mayor riesgo no es que ganen, que parece poco probable, es que los partidos tradicionales lleguen al poder asumiendo los diagnósticos y recetas de las formaciones extremistas en una suerte de síndrome David Cameron", explica Yves Bertoncini, director del Instituto Delors, una casa de análisis con sede en París. El antaño primer ministro británico decidió convocar el referéndum sobre la pertenencia en la UE tal y como venía proponiendo el eurófobo UKIP.

Junto al ascenso de los autodenominados defensores de la Europa de las Naciones y la copia al original que puedan hacer líderes como el derechista François Fillon a la ultra Marine Le Pen en Francia, se vislumbra un riesgo adicional: las campañas electorales abonan el terreno para el inmovilismo. Con Angela Merkel centrada en conquistar el poder, Alemania puede tener la tentación de volver la vista sobre sí misma y tendrá menos margen para la valentía en el ámbito continental en un momento en que habrá que tomar decisiones.

Hace un año confesaba sentirse extraño en su despacho de presidente de la Generalitat, un cargo que jamás ambicionó, hasta el punto que desde el primer día se puso fecha de caducidad: un año y medio, a lo sumo veinte meses, en el puesto. Ahora se diría que le ha tomado las medidas a las dependencias del palacio medieval, se mueve más cómodo, pero no ha cambiado de idea. Sustituyó a Artur Mas y no será cabeza de cartel de su partido en las elecciones. Carles Puigdemont asegura que estamos en tiempo de descuento, y que espera reunirse pronto con Rajoy para abordar la relación entre Catalunya y España. Le gustaría que en doce meses el país fuera lo que decidieran los catalanes, mientras él se imagina en Girona, trabajando para el PDECat.

Sebastià Barrufet Rialp, cronista transversal

Master en Periodismo Digital


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