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28 de Setembre de 2009

La droga manda en Ciutat Vella

La venta de sustancias estupefacientes se dispara y causa más problemas que la prostitución callejera  |  Los Mossos destinan más esfuerzo a luchar contra los hurtos que al trapicheo de drogas  |  La venta de heroína ha vuelto a ciertas calles del Raval tras años de ausencia

ENRIQUE FIGUEREDO
Los policías que trabajan en Ciutat Vella, lleven uno u otro uniforme, lo tienen muy claro: el principal problema del distrito es la venta de droga. La zona más antigua de la capital catalana es una especie de medina en la que los consumidores de estupefacientes pueden conseguir casi cualquier tipo de sustancia. Los clanes pakistaníes tienen la hegemonía, los grupos subsaharianos -especialmente nigerianos- se han hecho un hueco y los antiguos camellos magrebíes han quedado arrinconados. El mapa de la droga cambia. La mancha de la narcoactividad en las calles de Ciutat Vella se extiende.

Diferentes actores del distrito afectados por el tráfico de drogas, tanto por ser vecinos como comerciantes o agentes de la ley, han coincidido estos días en señalar que si mediáticamente la prostitución subsahariana ha captado la atención de la opinión pública, los trapicheos de droga y la venta callejera de estupefacientes son el problema capital. Y es que el incremento de droga circulante en barrios como el Raval o el Gòtic es un fenómeno que no puede separarse del incremento de la prostitución. En el caso de las organizaciones subsaharianas, esta vinculación es muy sólida. En muchos casos, las redes de proxenetas envían a estas mujeres como punta de lanza a un territorio antes de empezar a vender. Las mujeres, además de preocuparse de ganar el dinero suficiente para satisfacer a sus proxenetas, son utilizadas en muchos casos como correos o como vigilantes.

La venta de droga callejera, según los expertos, tiene una incidencia directa en los índices de criminalidad de la zona donde el tráfico de estupefacientes se desarrolla. Es un fenómeno que a veces se denomina "delitos asociados". Aunque la mayoría de los clientes de los traficantes de Ciutat Vella son turistas, también existe población autóctona o fija que cuenta con proveedores en las calles del distrito. Quienes van allí a comprar no llevan siempre todo el dinero necesario paracomprar su dosis. Así que tendrán que conseguirlo como sea, quizá robando un bolso por la fuerza o una cartera en un descuido, o aprovecharán la llegada a la zona para cometer algún otro delito, o pedirán prestado un poco de droga al camello de confianza que revenderán, sin moverse del barrio, para luego poder pagar sus necesidades...

Los traficantes están ganando terreno en las calles. Todo el mundo coincide en ello. Los grupos de lateros cuya actividad realmente lucrativa es el tráfico de drogas comparten escenarios con grupos de subsaharianos no tan dados a disimular como los grupos organizados de pakistaníes. "¿Quién se cree que se ganan la vida vendiendo una lata de cerveza por un euro? Es muy poco margen. Por la noche y con sed, cualquier turista o barcelonés por allí de paseo, pagaría más de un euro por una lata. Es una tapadera", afirma un agente.

Los pakistaníes y los subsaharianos conviven, pero recelan los unos y los otros y su coexistencia no es siempre pacífica. "Los africanos saben que los pakis son muchos más y son más disciplinados. Los subsaharianos llegarán hasta donde les dejen llegar", comenta una experimentada fuente policial.

De la presencia cada vez mayor de droga en las calles se ha dado cuenta todo el mundo. Como si los comerciantes y restauradores del barrio no tuvieran suficiente con la lacra de los hurtos y robos callejeros, el incremento de vendedores de droga les está acabando de deteriorar la imagen. Los vecinos de la calle Avinyó protestaron no hace mucho por la presencia permanente de traficantes subsaharianos en las esquinas, pero también los hay en las de la calle Robador o Ample y, por supuesto, el eje principal del tráfico de drogas en Ciutat Vella, la Rambla. Los policías que trabajan en el distrito, en general, saben quiénes venden drogas o no. Cuando alguien cada día pasa frente a las mismas personas clavadas como pasmarotes en las mismas esquinas como quien toma el sol o el aire fresco, acaba llegando a una conclusión: es un potencial camello. "Podría hacerse alguna especie de ley de pasillos, como en Nueva York, por la que se impida que una misma persona pueda estar, por ejemplo, más de diez minutos parada en la misma esquina", comenta un experto policial.

Otro miembro de un cuerpo experto en policía judicial considera que con la aplicación efectiva de la ley orgánica de Seguridad Ciudadana 1/92 ya existente es suficiente. En su artículo 19.2 se señala que "para el descubrimiento y detención de los partícipes en un hecho delictivo causante de grave alarma social se podrán establecer controles en las vías, lugares o establecimientos públicos, en la medida indispensable a los fines de este apartado, al objeto de proceder a la identificación de las personas que transiten o se encuentren en ellos, al registro de los vehículos y al control superficial de los efectos personales con el fin de comprobar que no se portan sustancias o instrumentos prohibidos o peligrosos".

El combate contra el hurto y el robo callejero ha obligado, especialmente en Ciutat Vella, a concentrar una gran cantidad de efectivos y esfuerzos policiales de los Mossos d'Esquadra y el tráfico de drogas ha quedado algo relegado.

Los robos y hurtos son delitos que causan una gran alarma social y que disparan las estadísticas. Los delitos contra la salud pública, es decir, el tráfico de drogas, no suelen denunciarse nunca. A pesar de que nadie en el distrito -incluidas las fuerzas policiales- discute el incremento de la venta de estupefacientes, las últimas estadísticas señalan que las detenciones por estos delitos en la ciudad de Barcelona habrían bajado en los últimos doce meses entre un ocho y un diez por ciento. Algo no cuadra.

Oficialmente, los Mossos d'Esquadra, responsables directos de la seguridad ciudadana en Ciutat Vella, aseguran que el trabajo contra el tráfico de drogas es permanente. El trabajo policial empieza en el momento en que se ejerce presión sobre el primer distribuidor, de manera que se practican muchas detenciones tanto por patrullas como durante operativos específicos antidroga. Con la información de todos estas detenciones se nutre, aseguran los Mossos d'Esquadra, a los servicios centrales de Barcelona y al final, si el tipo de investigación lo requiere, a la unidad central de estupefacientes, con sede en Sabadell.

Aunque oficialmente esos datos no se han ofrecido nunca, las diferentes fuentes consultadas concluyen que la media de personas que trabajan en el grupo antidrogas central de Barcelona no supera la media docena. Se desconoce también el número de agentes de los Mossos d'Esquadra que específicamente se dedican en Ciutat Vella a combatir el tráfico de drogas callejero. Sea cual sea el número, y existan o no en el distrito efectivos dedicados únicamente al tráfico de drogas, los que hay no son suficientes.

Sin dejar de lado la necesidad de detener a las grandes organizaciones que importan droga, algo en lo que todavía los Mossos d'Esquadra no se han significado especialmente, el combate al trapicheo de drogas callejero exige una respuesta policial nueva, según los vecinos y comerciantes del distrito. Esta respuesta quizá podría pasar por grupos especializados a imagen y semejanza de los equipos llamados Fura, que combaten con gran eficacia los hurtos y robos en la vía pública de varios distritos de la ciudad.

Mientras los responsables piensan qué hacer, drogas como la heroína han vuelto a las calles de Ciutat Vella.

La Vanguardia.es
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