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18 de Gener de 2014

FRACASO ESCOLAR o FRACASO POLÍTICO
De Padres a Profes
David Rabadà i Vives
Registro Propiedad Intelectual
02/2012/4869

Culpabilizar a padres y docentes del fracaso escolar vigente resulta una estrategia harto utilizada por unos u otros expertos. Quizás sea mejor olvidar a los culpables y difundir las soluciones que han demostrado ser aplicables y útiles en otros países. Durante las próximas páginas se ponderarán todo un corolario de acciones educativas que muchos padres y profesores de diferentes nacionalidades utilizan con éxito, unas ideas cuya trascendencia, de compartirse ampliamente, reducirán en gran medida el fracaso escolar. Por un lado, y durante el ensayo, se irá examinando qué deberían esperar los progenitores de los centros educativos de sus hijos, y por el otro lo que ellos mismos podrían aplicar para mejorar los niveles académicos y conductuales de sus retoños. De forma equivalente se analizarán toda una serie de estratagemas que los docentes también podrían desplegar para mejorar su profesionalidad entre aula, adolescentes y familias. De Padres a Profes expone como se puede establecer el pacto educativo entre progenitores y profesores con el simple objetivo de educar a las generaciones futuras bajo el placer de aprender. Los humanos, si así nos aleccionan, hallamos gozo en algo innato, antiguo y esencial como es la belleza de la curiosidad y su máxima consecuencia, el aprendizaje, un camino que cruza tres puentes hasta llegar al placer de comprender lo que nos rodea. La trilogía anterior de viaductos es la curiosidad inicial, la búsqueda posterior y la comprensión final. Si nuestra enseñanza logra preparar a sus alumnos para que sepan impulsar su curiosidad, lanzarse a la indagación y finalmente comprender algo nuevo, su aprendizaje no resultará una lápida que soportar, sino unas alas con qué volar deleitosos. Este libro pretende reflexionar sobre las pautas que orientan, preparan y convencen de ello a nuestros futuros adultos, los escolares.


I. EN FAMILIA

Introducción
Con demasiada insistencia se culpa a los padres de los problemas educativos del país, algo que resulta en gran manera exagerado e injusto. La mayoría de progenitores hacen lo que deben y educan bien, sólo una minoría, como en toda estadística, fallan en su objetivo. En este libro no se acusa por tanto a los padres del fracaso educativo vigente, sino todo lo contrario, se les ofrece lo que deben esperar de su centro educativo para ayudarles en la educación de sus hijos. Se han recogido para este libro un gran número de trucos prácticos y efectivos de educadores y padres con experiencia. Durante el texto se destilarán estas estrategias que los institutos aplican por aulas y pasillos, estrategias que permiten evaluar si el centro donde estudian sus hijos resulta efectivo. Pero este compendio de reflexiones no sólo va dirigido a los padres sino también a los docentes ya que en estas páginas hallarán hábiles estratagemas para mejorar sus clases. En fin, De Padres a Profes ofrece un trato entre ambas partes para reforzar un mismo frente, el educativo, y así cumplir, unos en casa y otros en clase, lo que debemos hacer conjuntamente: tratar, comprender y educar a los adolescentes. Insisto, como padres sabrán que deben esperar del instituto, como profesores trucos para mejorar sus relaciones y autoridad entre los adolescentes. Para todo ello se viajará por todo un curso académico para analizar los diferentes sucesos del mismo. Qué centro escoger, qué profesores valorar y qué esperar de un final de curso serán capítulos que se irán hilvanando a lo largo de este ensayo. El final culminará con el título de este libro, De Padres a Profes, es decir en el contrato que debe existir entre ambas partes y en el perfil óptimo de unos y otros a efecto de educar correctamente.
Ser padres resulta hoy en día una de las asignaturas más difíciles de la vida. En primer lugar poco se enseña a serlo, en segundo debes aprender rápido cuando los nueve meses dan a luz. Este salto a la otra orilla, la materna y la paterna, implica un gran compromiso, que no implicación. Recuérdese que en unos huevos fritos con jamón la gallina se implica pero el cerdo se compromete.
La educación de un hijo empieza antes de concebirlo. Preguntarse cuál es la razón que nos impulsa a tener ese zagal es de suma importancia para sus próximas décadas y formación venidera. Las razones que conllevan concepciones pueden ser múltiples: fruto del amor, del reloj biológico, del deseo de compañía, del azar no deseado, de querer consolidar el proyecto de pareja, de la consigna vaticana tantos hijos como diga Dios, o del anhelo de perpetuar el legado de la propia estirpe, aunque existe una que no se ha mencionado y que ostenta la mayor importancia, el deseo de educar en la autonomía, la responsabilidad y el respeto, el deseo de crear un gran ser humano. Así pues, ese bebé que se encargó a la cigüeña, a París o al hospital del in vitro, debe ser diana de este objetivo, educar. En otras palabras, hay que parir pensando en educar y no en París pensando en parir. A largo plazo el objetivo de todo educador, padre, madre o docente, debe ser conectar, hacerse líder y autoridad entre los niños. Si confían en tu experiencia no cuestionan tanto tus consejos y acceden a ellos, algo que permite nuestro objetivo, enseñar y educar a nuestros hijos o alumnos. Ellos deben confiar en nosotros para que nosotros podamos confiar en ellos. Hay que alimentar ese pez que se muerde la cola, la confianza genera más confianza. De hecho en uno de los países con mayor éxito académico, Finlandia, cualquier docente resulta el líder indiscutible de la clase.
Visto esto, puede que haya padres que se hallen tentados de pedir en qué parte de los estatutos de su centro se especifica cómo alcanzan los docentes la confianza con los alumnos, hasta puede que insistan que le envíen muchos informes de las actividades a tal efecto. La verdad, mejor no sumergirse entre tantos papeles, un colegio con tanta burocracia es malo. Redactar todo ese galimatías que alguien exigió ha implicado perder mucho tiempo, tiempo perdido en lo teórico, lo escrito, que luego no se puede aplicar en la práctica, en el aula. Es decir, fíese más de los centros con la justa burocracia ya que allí se prima más la efectividad por experiencia que por demagogia. Toda burocracia justifica el sueldo de burócratas, no de profesionales en el aula. Mejor una espléndida clase que miles de informes, reuniones y comunicados entre padres y escuela. Para dilucidar este punto hay que saber escoger un centro educativo que se adapte lo mejor posible a las necesidades familiares y que a su vez evite un exceso de trámites innecesarios.

Centros públicos o privados

El buen ejemplo educa pero el malo confunde. Muchos teóricos y políticos que diseñaron la reforma educativa de la enseñanza pública, la LOGSE, y sus posteriores versiones, la LOCE y la LOE, matriculaban a sus hijos en escuelas privadas elitistas que no aplicaban la reforma al cien por cien. Este hecho llevó a pensar que la reforma no era tan buena y que mejor enviar a los retoños a colegios privados. Cabe decir que los centros de minorías, menos del 5 por ciento en todo el estado, son centros que no perciben dinero alguno del estado y que representan un sistema educativo que dicen evita el fracaso escolar de muchos chavales. Cabe añadir que tras el fiasco académico suelen seguir el descalabro profesional, cívico y hasta el personal, el conyugal y el familiar. La educación moldea a nuestros rapaces para que se conviertan en buenos profesionales, humanos justos y personas críticas, educar conlleva transmitir los conocimientos correctos que los adultos sabemos y a su vez ayudar a su comprensión. En ello la buena pedagogía será el arte de saber enseñar y hacer comprender lo más rápidamente posible todos esos conocimientos a cuantos más alumnos mejor, algo que en conjunto ha sido, desde la Ilustración del XVIII hasta nuestros días, el objetivo básico de la educación moderna y hasta de la clásica. Educar proviene del vocablo latín exducere que significaba extraer, llevar hacia delante a algo o a alguien. La educación cuenta con dos partes asimétricas, quien enseña a alguien (insignare o indicar) y el que aprende del mentor (apprehendere o hacia la comprensión). En resumen, para los clásicos educar consistía en guiar en la transmisión de conocimientos ayudando a su correcta comprensión, algo no muy distante del concepto de hoy en día.
Matizado todo lo anterior, uno puede preguntarse que centro debe escoger que reúna los objetivos básicos educativos. En nuestra cultura europea nos han insistido demasiado con el maniqueísmo y ahora nos encanta vivir pensando que todo puede ser bueno o malo, blanco o negro, PP o PSOE y público o privado. Sumidos en ese esquema dual del mundo no nos damos cuenta que cada situación es singular y desigual al resto. No existe sólo el blanco y el negro, hay infinidad de grises. Ni los centros privados son mejores que los públicos ni estos tienen mayor número de recursos que los primeros, todo depende de cada instituto en concreto. Hay muchos factores en juego e insisto, cada centro es cada centro. Uno puede ahorrarse pagar por un centro privado tan caro si puede y sabe elegir un buen instituto público, siempre y cuando en su localidad exista una cantidad y calidad diversa de éstos. En caso de residir en una localidad modesta no podrá elegir mucho y lo que se diga en este apartado no le podrá aportar mucho.
En caso de vivir en una gran urbe, no se sitúe a favor de lo privado o lo público, estudie el centro donde está su hijo y verá los pros y los contras como en todas partes. Sea privado o no, los aspectos que ahora detallaremos definen si un centro busca la excelencia o si anda perdido en la mediocridad: primero el instituto debe ostentar buenas relaciones entre dirección y administración local, segundo debe existir una dirección diligente, experimentada y con normas claras en asuntos disciplinarios, tercero, un claustro de profesores estable y eficaz, y cuarto y último, unos docentes líderes de grupo pero no colegas de alumnos el primer día de clase. Si todo ello se da en un centro, se crea un equipo eficaz que emanaba concentración y buen ambiente en el aula, no desorden y algarabía.
El primer punto, el de buenas relaciones entre administración local y dirección resulta una señal inequívoca para obtener los recursos necesarios en su centro. Una mala relación entre ambas partes levantará resistencias en acuerdos y esfuerzos comunes para beneficios mutuos. Aquí dirección debe tener buenas dotes de política para obtener de la administración aquellos recursos que gestiona como son profesores auxiliares, talleres de urbanismo y financiación de logística para el centro.
El segundo, una dirección diligente, experimentada y con normas claras en asuntos disciplinarios resulta básica para generar un ambiente de trabajo y civismo en el centro. En este sentido el equipo directivo debe cumplir tres requisitos básicos. El primero, la defensa del docente y no del cliente. Dar la razón a padres o alumnos en contra del educador pudiera implicar que los no profesionales en el aula mandaran sobre los sí entendidos en esta. En otras palabras, si dirección le da la razón a la primera y no defiende a sus profesores, desconfíe de ella. El segundo es que la dirección de su centro debe ostentar una clara autoridad frente a los docentes. Si estos desafían o no confían en ella se pierde la unidad educativa del centro. Y el tercero, el equipo directivo debe felicitar o recriminar los buenos o malos quehaceres de sus educadores. En fin, si dirección logra ser líder en el colegio alcanzará grandes posibilidades de éxito, en caso contrario el centro irá de mal en peor. Su hijo le contará todo esto durante las cenas. Los chavales, aunque a veces no lo parezca, se percatan de todos los entresijos del centro, de quien tiene autoridad y de quien no, de qué profesor domina o no su materia y de si dirección coordina bien o mal el centro. Charle con ellos y obtendrá toda esa información. Por ejemplo, fíjese si el equipo directivo obliga a sus docentes a asistir a cursos de reciclaje que no sean chorradas, si crea estructuras efectivas para la detección y corrección de alumnos con dificultades, si coordina con fluidez y precisión el paso de información de los alumnos primaria a sus profesores de secundaria, si asigna horas a todos los tutores para atender a familias y estudiantes, si elabora protocolos de acción escolar que todos, tanto docentes como alumnos, conocen al dedillo, y por último si existe una evaluación de todo el profesorado por parte de todos los alumnos no para ofender su trabajo, sino para implicar mejoras en su manera de enseñar sin rebajar jamás su exigencia. La perfección requiere el espejo exterior de quienes te observan, sinceridad con uno mismo y unas dosis de humildad. En todo ello no se ha mencionado el polémico decreto de autonomía de centro, una ley que pretende que cada centro diseñe sus proyectos educativos y curriculares. Según el informe PISA este factor no resulta primordial para reducir el fracaso escolar ya que hay países con autonomía de centros con resultados envidiables y otros nefastos, por tanto no existe una relación clara entre éxito académico y autonomía de centros por mucho que se emperren algunos políticos. Según el segundo informe McKinsey si el nivel de un centro es bajo mejor que no haya autonomía de centro y que sea el estado quien intervenga. Si por el contrario el nivel es alto, ese centro le irá muy bien su autonomía y sabrá como distribuir currículos y alumnos. En resumen, una autonomía de centro bajo un equipo docente mediocre empeora las cosas, mientras que esa misma autonomía en riendas de un competente claustro logra reducir en gran medida el fracaso escolar, sobretodo si el centro exige exámenes de nivel para pasar de ciclo, algo que en muchos países lo gestiona externamente el Gobierno.
El tercer aspecto, el de una plantilla estable evita pérdidas de tiempo. Un nuevo curso con demasiados profesores nuevos obliga a entrenar a éstos en los matices del centro que les recibe. Por tanto, los cambios frecuentes de plantilla sólo desestabilizan el ideario del instituto. Además un aspecto para lograr la excelencia de un colegio descansa sobre un buen claustro que lleva años conociéndose y entrenándose, algo así como la cantera de Pep Guardiola, ahora de Tito Vilanova. Con una plantilla estable y bien elegida por la propia dirección se perpetua un gran ideario educativo. Finlandia, que ostenta el mayor rendimiento escolar europeo, posee el mayor grado de autonomía en sus centros. El compromiso de los equipos directivos para elegir a sus profesionales resulta clave en el éxito educativo finlandés. En la península pasa lo contrario, si una escuela consolidó un claustro estable y eficaz es cambiado en breve, ¿por qué? La normativa manda que las plazas de muchos docentes salgan todos los años a subasta. Es decir, otro funcionario de mayor antigüedad y externo al centro puede desplazar a quien ya formaba parte del equipo estable, excelente y eficaz. Nuevas leyes pretenden corregir esto, pero la inercia lleva años y un cambio como el anterior perjudicaría a quienes llevan tiempo acumulando puntos para acceder al centro deseado. Toda mejora conlleva sacrificios.
El cuarto punto, el del buen maestro, es vital para ganarse la confianza de los alumnos en el aula, algo que de rebote logra la de los padres. Ese triángulo, docentes, escolares y padres, pivota sobre la autoridad del docente en el aula, una autoridad que debe llegar de serie por ley pero que debe ser reforzada por el perfil del buen profesor. Un docente así no debe ser amigo de sus alumnos el primer día de clase, aunque tampoco enemigo de ellos. Ese aspecto dual del profesor, no amigo pero tampoco enemigo, persigue algo muy útil en el aula, el respeto mutuo. En breve se detallará todo esto en otro apartado. El buen maestro también debe dominar lo que imparte y con ello estimular a sus alumnos con clases ordenadas, ejercicios de complejidad creciente y anotaciones claras en la pizarra. La humildad también se halla en los mandamientos de un correcto educador, un buen maestro jamás debe esperar que le admiren, debe desear que le superen. La soberbia aleja a los alumnos de un docente y se pierde la confianza que perseguíamos antes. Otra faceta relevante es que un buen profesor debe saber defender los intereses de sus alumnos por encima de otros malos educadores. Cuando ello ocurre, los alumnos se dan cuenta y deciden confiar en su educador. En este sentido un buen docente debe educar con el ejemplo aunque si un día falla, simplemente demostrará ser humano, algo humilde que también le acercará a sus alumnos. Pero algo muy importante de un buen profesor que no va con sus alumnos sino con sus compañeros. El educador correcto también debe apoyar al resto de docentes y no entorpecer su tarea. A menudo algún docente opina ante los alumnos de forma muy distinta de otro usurpando su autoridad. Mejor comentar las cosas en privado y buscar acuerdos para plantearlos como un frente común ante los escolares. Sólo añadir que todos los requisitos anteriores también deben hallarse en el cuerpo directivo del centro. Sólo así se alcanzará la excelencia que los padres desean de un centro. Por tanto, y sin tener en cuenta si éste es público o privado, busque y exija institutos en donde se apliquen todos los puntos anteriores que, por si no se percataba, conllevan implícitos el esfuerzo y la disciplina. En este sentido algunos docentes veteranos afirman que antes de la reforma los centros públicos eran mejores que los privados, pero que después de la LOGSE el nivel de esfuerzo y disciplina bajaron tanto que la concertada y la privada quedaron por encima de los anteriores. Si eso fuera cierto mejor lleve a su hijo a la privada, o a lo sumo a la concertada. Piense que una mayoría de nuestros gobernantes lo hace aunque haya públicas de calidad. De todas formas analice todo lo descrito durante este apartado y vea si algún instituto público lo cumple. Si lo halla se ahorrará una cara educación privada.


El colegio, ¿atiende a clientes o presta un servicio?

Uno de los pros o contras lo hallará en aquellos centros educativos que sufren por mantener un número suficiente de alumnos, sobretodo en algunos privados. La realidad es obvia, sin alumnos el negocio entra en bancarrota. No es de extrañar que la directiva intente alegrar en lo posible a los clientes, los padres, a través de sus lechones, los escolares. Optar por un enfrentamiento continuo con los progenitores puede conllevar aulas vacías y un buen número de maestros en la cola del paro. La mejor alternativa, y la más realista, es intentar equilibrar las demandas familiares con el ideario de educar y así procurar que los alumnos aprendan todo lo posible pero sin provocar la ira de los clientes. Pero lo anterior no suele suceder y cada día se da con más frecuencia el exceso de proteccionismo y clientelismo hacia los padres en los centros de enseñanza, una situación que en nada favorece el éxito académico real de nuestros estudiantes.
Sirva de ejemplo de clientelismo la siguiente situación. Según estudios oficiales del 2004 el ochenta por ciento de los colegios no daban una comida equilibrada. La causa era que claudicaban ante los padres y alumnos que no aplaudían los menús recomendados. Así que las verduras y carnes eran sustituidas rápidamente por patatas fritas, croquetas y otros harinados. La verdura quedó para el perro del vecino, aunque éste jamás fuera herbívoro. En fin, no se queje del menú del colegio si hay demasiadas verduras, carne o fruta que a su hijo no le gustan. Sí hágalo, y junto con más padres, cuando esa alimentación abuse de fritos, rebozados y pastelitos. Recuerde esa dieta mediterránea que los Estados Unidos están plagiando a los españoles para evitar sus elevados índices de obesidad infantil y juvenil.
Otro caso de clientelismo son el exceso y frecuencia de actividades lúdicas, que no lectivas, en muchos centros educativos. Si estas intromisiones son reiteradas rompen el ritmo de trabajo de los alumnos durante el trimestre y provocan su desorientación. Imaginemos que cada curso se halla plagado de semanas blancas, festivales juveniles, carnavales, excursiones extraordinarias, sesiones de cine, audiciones de música, castañadas, días del libro, pesebres vivientes, concursos de dibujo, manifestaciones por la paz, certámenes de teatro e incluso el propio crédito de síntesis cuando se imparte como unas colonias veraniegas. En el caso anterior y si todo es vivido como un gran festejo a expensas de demasiadas horas de matemáticas o lenguas, se resta excelencia al centro educativo. En fin, que el abuso es contraproducente, el uso racional muy conveniente.
Son muchos los colegios que durante todo el curso organizan multitud de actividades lúdicas para alegrar a los alumnos y así dejar contentos a los padres. Si el escolar vive con felicidad el tiempo en el centro, muchos padres perciben que el colegio va bien, pero si lo que la familia recibe son quejas y más quejas de su lechón por los deberes y la disciplina, algunos padres acaban hartos y acuden al centro para presionar. En fin, que resulta infinitamente mejor una fiesta en el patio que una clase de cálculo extra.
En algunos centros, y debido al exceso de actividades lúdicas, se llegan a perder entre un veinte y un treinta por ciento de sus horas lectivas. Una obra de teatro en donde su lechón sale tres segundos disfrazado de angelito consume probablemente la cuarta parte de clases de lengua de ese trimestre. Si realmente quiere un hijo feliz ahora, pero infeliz a la largo plazo, y falto de capacidades en su futuro adulto, un colegio así le conviene, pero si opta por un buen nivel académico será necesario sacrificar algunos de estos divertimundos escolares para que el centro no parezca un Terra Mítica, un Port Aventura o un Disney World. Una nación de pan y toros sólo distrae el estómago y la vista, pero no llena su futuro de buenas personas, competentes profesionales y felices humanos, y conste que la felicidad, como decían Platón y Ghandi, la da el esfuerzo y no la facilidad en alcanzar las cosas. Ante un deseo uno se pone a trabajar para alcanzarlo, mientras lo intenta, lo vive con ilusión, y cuando lo consigue aparece la felicidad. En el caso que el objetivo no se cumpla, se refuerza el psique para superar mejor las futuras y seguras frustraciones de la vida, algo que evita caer en infelicidades mayores. La felicidad no debe ser el único objetivo, lo debe ser más reducir la infelicidad. En fin, aplauda más al colegio que exige que el de fiestas y festejos a pesar de las opiniones de algunos pseudoexpertos que no pisan las aulas de los adolescentes. Sirva el caso del catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Mariano Fernández Enguita. Éste defendía que el fracaso escolar era culpa de los docentes actuales al explicar cosas aburridas pero paradójicamente estaba de acuerdo en crear centros exigentes. Cabe recordar que exigir no suele ser divertido para los alumnos.
Otro ejemplo de circos que intentan complacer a los clientes es el consejo escolar, un organismo que tiene su fuerza en los centros públicos pero que en los privados suele significar una pantomima dirigida a los padres. En los colegios concertados el consejo escolar no suele mandar más que la dirección del centro. Esto no es ningún mal, las escuelas privadas son empresas y como tales así se rigen. Entonces, ¿qué razón hay para perder toda una mañana en elegir a los representantes de los alumnos y de los docentes en el consejo escolar?, ¿no será ésta otra actividad lúdica a sumar al treinta por ciento de horas sin clase? No les extrañe pues que los maestros se lo miren sin ilusión y con el deseo de no ser elegidos.


No quiero ir al cole

Anda, ni muchos profesores a veces. El objetivo de la escuela no es el de amargar a los alumnos, que tampoco el de divertirles, la finalidad de todo centro educativo debe ser explicada y comprendida por todos los alumnos desde casa y desde el colegio. Si la vida son situaciones y decisiones, se asiste a clases para obtener conocimientos y con ellos criterios con los cuales tomar sabios caminos, se asiste para aprender a ser adulto. Saber a quien votar o a quien no, o si no votar, saber qué comprar o que no y saber con quien relacionarse o con quien no son asuntos de vital importancia para evitar que en el futuro estafen, manipulen o le vendan la moto a su hijo. Y eso mismo debe contarles un buen docente durante alguna clase o tutoría. Ese tipo de informaciones generan el vínculo positivo entre alumno y profesor. Primero al decirles una verdad que ellos siempre agradecen más que una excusa. Segundo al darles un argumento motivador para aprender. Están en el centro para tener criterio de mayores y evitar que les vendan la moto.
Pero no sólo de conocimientos se alimenta nuestra mente, también la educación escolar persigue impartir una buena formación para impulsar justos y competentes profesionales, es decir, buenas personas, útiles trabajadores y mentes críticas que sepan devolver el favor a la sociedad que ahora les está pagando su educación. Debemos recordar que durante cualquier crisis económica, y esto son estadísticas del INEM, quienes tienen mejor formación ostentan mayor posibilidad de encontrar y conservar un trabajo, algo que regala estabilidad, seguridad y hasta felicidad a los humanos.
Podemos resumir que todo objetivo educativo debe perseguir convertir en adulta y crítica a nuestra prole. Para ello debe alcanzarse lo que todo buen educador infundirá a su hijo, un A.R.RE, es decir dotarle de Autonomía, Responsabilidad y Respeto. Cuando se cumplen estos tres requisitos, el fracaso escolar desaparece y el éxito personal y profesional fluye y eleva al adolescente hacia una sólida madurez. Para alcanzar este A.R.RE son necesarias normas muy claras, esfuerzo y dosis oportunas de diálogo y comprensión. Si en el centro donde su hijo aprende no se hallan tales requisitos algo falla en el sistema. Añadamos que las condiciones anteriores deben impulsar que el individuo aprenda valores morales, control sobre sus emociones y a pensar por si mismo, todo un hito para los zagales. Antonio Machado decía, "una de cada diez cabezas piensa y nueve embisten". Debemos comprender que uno puede ser muy inteligente, pero si no se le enseña a controlar sus emociones es entonces cuando embiste, en tal caso habremos fracasado.


El día a día

El curso ha empezado y por ahora todavía no tenemos demasiada información sobre el funcionamiento del centro. Sólo podemos atender a lo que ocurre por casa y el día a día va a resultar primordial para marcar pautas claras y hábitos que se avengan con el instituto. Los chavales son ávidos devoradores de rutinas con pequeñas dosis de improvisación. Lo contrario, un océano de caos con intentos de orden, no favorece ni sus estudios ni sus vidas. Veámoslo del amanecer al anochecer.
¿Despertador? Mejor no haga un padre o madre de ello, que sean los adolescentes quienes se responsabilicen de sus horarios y se levanten a la hora. Si se despiertan tarde, que corran y aprendan. Igual puede decirse del bocadillo matinal. Empiece por dejarle el trabajo medio hecho y que se acostumbre a prepararse el desayuno. Si hablamos de igualdad que todo el mundo aprenda a cocinar. Y no le hace falta tanto dinero para comprarse una libreta, un boli o un bocadillo cada día, ¿cree acaso que las tiendas de chuches se arruinan cerca de los colegios? Compruebe sino lo que se gasta con las caries y quizás saque ciertas conclusiones.
¿Desayuno? Pues equilibrado, completo y lo más importante, asegúrese que lo toma. Ocurre muy frecuentemente que alumnos que no prestan atención en las clases es consecuencia de falta de calorías de calidad, en fin, de un mal desayuno. También el riesgo de anorexias puede andar cerca cuando no existe control en la alimentación, más si los estereotipos de belleza andan altos por su armario y costumbres. Muchas hijas durante su adolescencia intentan imitar a madres esbeltas y bellas, ello las lleva a veces a adelgazar en exceso. Más tarde se hablará de ello.
Antes de salir de casa, y con el desayuno bien asentado, no estaría de más que dejaran la cama hecha, eso les enseñaría autonomía, deberes y responsabilidades desde sagaces, por otro lado, uno se ahorra un trabajo y tiempo a cambio de algo que educa a su prole.
La llegada al centro educativo debe regirse por la puntualidad. Si este, el colegio, no lo regula, mal asunto. Es obligación y deber del instituto controlar los retrasos de los alumnos, dejar registro de los mismos, y si resultan redundantes, sancionar e informar a los mentores del mismo. Si sospecha de falta de puntualidad de su hijo, no espere mucho, llame al centro y pida información, aunque a menudo resulta muy útil revisar su agenda. En ella hallará las observaciones que docentes y tutor han anotado de su hijo a la espera que uno firmara pero que el zagal obvió y escondió. Faltas de disciplina, de puntualidad y de trabajo deberían figurar en tal bloc de notas. Si hay muchas deberían haber concertado entrevista personal, en tal caso, y si no lo hicieron, pídala. Antes pero, confirme que no falten páginas de la agenda, aquellas en donde había más observaciones que su hijo no quiso que uno viera. Por regla general las agendas llevan sus páginas numeradas a tal efecto.
Otra manera de informar a los padres es con las actuales aplicaciones informáticas en donde se pasa lista con ordenadores y la información se halla disponible por la red. De todas formas tales modernidades topan con problemas como fallos en la batería del portátil, errores en la red, lentitud en la conexión y defectos del programa. A veces, y ante la imposibilidad de pasar lista con el portátil, algunos docentes lo deben hacer a la vieja usanza, a mano, para luego en casa pasar los datos a la red, es decir, doble trabajo. En resumidas cuentas, la informática no resulta la panacea del control escolar, y quien así se lo venda quizás lo haga por ahorrarse un trabajo que los tutores le harán, por ser un talibán de la informática o por simple ignorancia de lo que realmente ocurre en el aula. Por tanto, y por ahora, la agenda de papel resulta una buena manera de saber lo que ocurre con su polluelo. Revisarla a menudo permite controlar sus hábitos escolares y deberes pendientes. En caso de ver desierta la página del día desconfíe si le dice que no le encargaron trabajo y aplique lo que sigue, el hoy por mañana. Es muy simple, con el horario semanal en mano, algo que deben anotar en su agenda, el padre o la madre repasan el día de hoy y se ven todas las materias que han podido dejar deberes pendientes. Si no los hubiera siempre quedará pasar los apuntes a limpio y estudiar los conceptos impartidos. Luego hay que dirigirse a por el mañana, y se hace lo mismo para tal jornal en previsión de los ejercicios y estudio de las áreas que mañana se impartirán. El objetivo es obvio, repasar lo que se debe saber para comprender la clase siguiente, y como no, comprobar que los trabajos están a punto para el día posterior. En resumen, hay que ver lo que se hizo hoy y prever lo que se exigirá mañana. Él debe llevar la agenda bajo tal ordenanza y si uno así se la pide, verá como éste se pone las pilas.
Otro punto de control sobre la calidad educativa del centro son los apuntes de su hijo. Revisarlos a tal efecto no debe ser tarea diaria, pero una vez cada mes le dará gran idea de cómo son los docentes que imparten una u otra materia. Si ve que todos los apuntes son un caos y con sesgos de información, algo pasa con su zagal, es harto imposible que todos los docentes de un centro dicten anotaciones desordenadas durante sus clases. Si observa que sólo sucede en una de las materias, o bien su hijo odia esa especialidad o bien el profesor es el desorganizado.
Los apuntes son la herramienta básica de la profesión de su hijo, la de estudiante, como lo son una sierra para un carpintero o un ordenador para un programador. Por ello las anotaciones deben contemplar una serie de características fundamentales que le permitan a éste, al escolar, comprender y memorizar los contenidos impartidos de manera ágil y eficaz. Un buen docente sabrá crear esos apuntes en sus alumnos, algo que uno verá en las libretas de sus rapaces. Unos apuntes útiles deben ser sobretodo VISUALES, es decir estructurados, ordenados y con simetrías. Las figuras regulares y con colores llaman toda nuestra atención, véanse las señales de tráfico por ejemplo. La razón de tal percepción es que somos primates y por ello uno de los sentidos más afinado es la vista. Nosotros los humanos, como simios superiores, tenemos una visión excelente fruto de millones de años de adaptación a dos necesidades, el cálculo de distancias y la búsqueda de frutos maduros. El salto de rama en rama de nuestros antepasados o la caza con lanzas y flechas nos han potenciado una visión estereoscópica en donde los dos ojos miran al frente en lugar de a los lados como las vacas, éstas han necesitado evitar depredadores, no saltar sobre sus presas o evitar una caída al vacío al errar de rama. La segunda adaptación, la de la fruta madura, nos otorgó la visión en color vetada a muchos organismos como perros o toros, incluso nuestros gatos son algo daltónicos, aunque los pájaros ven aún más colores que nosotros. En nuestro caso la capacidad cromática de nuestros ojos nos permitió ver a distancia donde se hallaba la fruta a punto de caramelo, algo necesario para sobrevivir si queríamos comer.
Visto que la vista es la que trabaja, los apuntes de los escolares deben ser VISUALES para facilitar el estudio y la comprensión. Las estrategias que deben seguir los alumnos para lograr tal objetivo son las que siguen. En primer lugar el orden en las ideas. No se puede comenzar por una ecuación de segundo grado sin antes pasar por la de primer grado, como también no se puede anotar una clasificación de elementos empezando por la excepción. En segundo lugar el uso de símbolos y abreviaturas que permiten anotar y leer con mayor rapidez los conceptos impartidos. En tal sentido tenemos toda la matemática a nuestro servicio, símbolos químicos y hasta el lenguaje de los móviles. Eso sí, en los exámenes y trabajos estará prohibido el uso de los mismos. En tercer lugar la utilización de esquemas para dar simetría a las informaciones. Ya hemos comentado que los humanos nos fijamos en figuras regulares y que las recordamos mejor que las formas caóticas y azarosas. La explicación es sencilla, frutos y presas presentan simetrías que nos llaman nuestra atención. Así pues el uso de cuadros sinópticos para clasificar, tablas para comparar, diagramas de flujo en causas y efectos, figuras geométricas para contrastar conceptos opuestos, gráficos para resumir o un simple dibujo esquema, que jamás artístico, muestran con simetría y claridad lo que uno así podrá con mayor facilidad recordar y memorizar. Combinar la observación con el dibujo hace que los alumnos se fijen más en el tema de estudio y que a su vez lo memoricen mientras lo trazan sobre su libreta. En cuarto lugar, y para que esos apuntes resulten visuales, resultará muy importante la buena presentación y que estén espaciados. Una información abigarrada, en letra pequeña y concentrada sobre el blanco de un folio es algo imposible de leer y comprender con rapidez. Por tanto, si ve que su hijo tiene unos apuntes así la solución es obvia, hay que pasarlos a limpio ampliando el tamaño de letra, el espacio entre esquema y esquema para que la presentación global sea suave y sin aprietos. Tal anotación regalará a su hijo tranquilidad al estudiar. Por otro lado, y al pasar los apuntes a limpio se logra que inconscientemente se estudie. Es harto sabido que al trabajar con la mano es estimulan muchas neuronas de la memorización, por tanto rescribir las cosas las inserta de nuevo en nuestra mente. En resumidas cuentas, el docente que imbuye unos apuntes bajo todos los consejos anteriores lo está haciendo francamente bien.
En el día a día que estamos recorriendo llegaremos a la tarde como tiempo de trabajo y estudio. La zona de estudio debe cumplir también unos requisitos que ayudarán a la concentración y a la relajación del estudiante. Cuanto más se logren las dos condiciones anteriores menos se cansará el estudiante y más tiempo útil de estudio alcanzará. En primer lugar el área de estudio debe estar desierta de elementos que distraigan, no peluches, no juegos, no póster en la pared del frente, no Facebook y no Twitter. En segundo debe imperar el silencio, a lo sumo una música suave, pero hay que alejarse de melodías rítmicas y con percusión, distraen la mente. En tercer lugar las paredes deberían tener un color uniforme, claro y suave que de buena iluminación. Evitar los colores fuertes, no rojos y naranjas, sofocan, no azules intensos, dan frío, no colores oscuros, restan luz para el estudio, mejor tonos blancos o cálidos entre crema, marrones o verdes, es decir colores de tierra y bosque pero sin estridencias. La naturaleza aplaca y reduce la ansiedad, recuerde un paseo por un jardín o por un bosque. Rodéese de colores claros con los matices anteriores, esos matices de color pueden inducir el buen estudio. En cuarto lugar debe existir una buena ventilación ya que la concentración de dióxido de carbono al respirar adormece la mente. Y en quinto y último lugar, buena iluminación, preferible luz solar, más natural, más relajante.
Seguramente quedaron en el tintero más requisitos para un buen rincón de estudio, pero con los anteriores llegamos al momento de la concentración en casa. La hora de los deberes debería ser siempre la misma ya que las rutinas los hacen autónomos y responsables. Cuando ya es costumbre que a las seis se estudia, no hace falta recordárselo. Si le dice que ya terminó y sólo pasaron treinta minutos, permítase dudar. Más ejercicios habrá, los mal hechos a repetir y el estudio de lo anotado ese día. Se insiste, los deberes no son lo único, jamás, también el estudio diario refuerza conceptos y permite que su hijo siga el curso con buena continuidad. No sólo con los deberes se aprueba un curso. Eduque en la memorización y no vale aquello de ya terminé los ejercicios. Memorizar ejercita las neuronas y da inteligencia al individuo. La pura memorización de conceptos sin más entrena a nuestro cerebro y crea una mente maravillosa, no le quepa la menor duda. Para eso sirve recitar poesías, aprender canciones u otras listas de datos como la tabla de multiplicar.
Las rutinas de estudio por la tarde son básicas para el éxito académico del estudiante. Un tutor de tercero de la ESO en eso dedicaba toda una tutoría para diseñar un horario de estudio y deberes semanales. Cada alumno debía presentarle en todo detalle como repartía su tiempo por la tarde incluyendo la materias que menos le gustaban que debía situar al principio cuando se está más fresco, las materias que más le gustaban que debía situar al final como un regalo, el descanso con una merienda de unos 15 minutos, dos horas de estudio y deberes repartidas entre almuerzo, actividades extraescolares y cena, materias del día que obligaban a deberes o estudio, materias del día siguiente a revisar en posibles asuntos pendientes, hora de ir a dormir, día de compras para ayudar a los padres, día de limpieza y orden de la habitación y hasta la obligación de hacerse la cama por la mañana. Con todo ello los padres tenían una herramienta básica de apoyo, que no ayuda. Si durante el estudio los padres ayudaban, no debían darles los resultados, no debían hacerles los deberes, eso no les hacía gran favor. Los padres deben dar pistas e indicaciones para que luego el escolar pregunte en clase, eso le hará autónomo al aprender de sus errores, cuanto más se equivoque más se cultivará. En clase muchos buenos docentes hacen eso mismo, proponen un ejercicio y a periodos de tiempo gradual van dando pistas. Algunos docentes ponen notas tal que los tres primeros que lo resuelven obtienen un 10, los tres siguientes un 9 y así sucesivamente, pero al llegar al 5 se apean, nadie suspende. Al alumno que no puntuó le queda la próxima oportunidad, los trabajos de clase y los exámenes.
La tarde da para mucho por lo que procure que sus hijos tengan menos tele y más obligaciones hogareñas, deportivas o escolares. Si los deberes se terminaron siempre queda estudiar para mañana, no le quepa la menor duda, o ir un rato a entrenar para distraer la mente y concentrar los músculos. Convertirse en un zángano ante el televisor no ejercita en demasía la mente de su descendencia. Un estudio de la facultad de Comunicación en colaboración con el Colegio Irabia de Pamplona sobre 5.600 alumnos mostraba que los escolares veían una media de 150 a 180 minutos de televisión al día, es decir de dos a tres horas que no se dedican ni al estudio ni a otras actividades lúdicas. Añadía el mismo estudio que casi la mitad de los adolescentes la miran sin control de los padres prefiriendo los culebrones humorísticos y que la hora de mayor audiencia era a partir de las diez y media de la noche, algo que encendía las alarmas. La primera que durante la noche no existía comunicación familiar si se estaba tanto ante el televisor, la segunda que los adolescentes miraban más los programas adultos que los de la franja juvenil, la tercera que no parecía existir un control generalizado sobre la programación, y la cuarta y última, que éstos iban a dormir tarde. Añadamos a esto que quienes no ven la TV, navegan por Internet o juegan con videoconsolas, y concluiremos que estamos ante una generación cada vez más insomne. Es muy frecuente en clase encontrarse con alumnos que van como alma en pena. Al preguntarles qué les ocurre responden que se fueron a dormir tarde ante la pantalla, un hecho que les resta capacidad de concentración a la mañana siguiente.
Y bien, el día llegó a su fin y la cena con él. Este momento puede ser aprovechado para fines de placer y a su vez educativos. Todos en la mesa y con la tele apagada permite que uno sepa como es el colegio de su hijo o cuales han sido las vicisitudes de la familia durante el día. La palabra cura las tensiones del jornal, y con ello los niveles de ansiedad disminuyen. Apague el televisor durante las comidas, o a lo sumo baje el volumen, y provoque que se charle de temas en la mesa. De la comunicación surge y nace el puente en la educación.


Los cursos y su adolescente

Analizados el centro de su adolescente, los objetivos de toda educación y el día a día en su casa, debemos vislumbrar las fases escolares de su hijo durante su pubertad. Hay que ser conscientes de las necesidades de cada etapa y aplicar las pautas acordes a su edad. Los modelos que vienen a continuación son generalizaciones que en la mayoría de casos encajarán con su hijo aunque siempre habrá excepciones. Cabe añadir que las chicas van siempre avanzadas con respecto a los varones. Veamos ahora los cursos de la ESO y sus necesidades educativas.
Si su hijo está en primero de la ESO la palabra juego es primordial. Ellos, los alevines de secundaria, son muy niños y el ambiente lúdico les encanta ante cualquier otra opción más rigurosa. Bajo esa percepción se les puede decir en clase que se va a jugar a los controles piratas, es decir, ejercicios de evaluación sin previo aviso. Ellos lo aceptan mucho mejor que si se les amenaza con un examen semanal. Conocía a un profesor de naturales que se inventó el Juego de la Evolución para evaluar los conocimientos de zoología semana a semana de sus zagales. Les entregaba una ficha con tres ejercicios sobre un grupo de organismos. El primero era rellenar una tabla de características de cada grupo, por ejemplo el chimpancé, el gorila, el orangután y el hombre. Para ello podían consultar el libro o un texto acorde para ello. El segundo otra tabla donde los chavales contabilizaban los caracteres coincidentes entre todas las parejas posibles, entre gorila y chimpancé, entre chimpancé y hombre, etc. Los que tuvieran más coincidencias, más cercano tendrían su antepasado común. Al final, el tercer ejercicio consistía en levantar un árbol evolutivo con los organismos analizados. Quienes lo lograban primero obtenían un sobresaliente, los segundos notable y así sucesivamente. Semana a semana, y con suma celeridad, los alumnos iban conociendo los rasgos principales de los reptiles, de los peces y de los demás organismos vivos deduciendo su evolución jugando. En realidad esa técnica no era un juego sino algo utilizado por los estudiantes universitarios de Biología llamado cladística.
En otro caso, un tutor de primero de ESO se inventó un juego para que sus alumnos le escucharan en situaciones de cansancio o tensión excesivos. El objetivo era que se sentaran correctamente y que dejaran cualquier objeto de las manos que les distrajera. El juego se llamaba Hands up y consistía en estirar brazos y espalda con toques teatrales. De esta manera los alumnos dejaban las manos libres y colocaban bien la espalda en el respaldo de su silla a la vez que se quedaban todos mirando al docente, algo que les dejaba bien sentados y sin nada en las manos con qué distraerse. Ahora el docente les regalaba los oídos con alguna anécdota relacionada con la clase del día. Para amenizar el curso, y que la cosa no se volviera monótona, había hands up de verano, de otoño, de Navidad, de invierno, de primavera y demás, cada uno avisado con previa antelación pero siempre dejándolo a la espera de la estación pertinente. Ah! Y si alguien ponía los pies sobre la silla, le reprimía argumentando que lo que se pisa por la calle quizás se lo ponía en la boca al tocar la silla. Añadía el caso de un excremento de perro y los alumnos de inmediato retiraban sus calzados de las sillas.
La postura en la silla resulta harto importante para no cansarse en clase y para conservar la salud lumbar. La espalda bien pegada al respaldo, la mesa cerca del pecho para no arquear la espalda y los pies delante o detrás de las rodillas permiten minutos y minutos de clase con un cansancio mínimo. El docente que así lo explique a sus estudiantes muestra gran sentido común. Lo mismo puede decirse para el estudio en casa. Los alumnos sin buenos hábitos de asiento en breve sienten desidia por los deberes al hastiarse por su mala postura. Algo semejante ocurre al mascar chicle, al principio parece relajar pero pasados los minutos las barras mandibulares se cansan, se tensan los nervios y se oprimen los vasos sanguíneos. Al final la concentración es menor y el chaval se siente cansado y sin ganas de trabajar. El relax en clase y en casa es fundamental y una buena postura lo ayuda y potencia. El docente que así se lo indique sabe lo que se hace con su hijo.
Otro profesor, y para estimular la autonomía de sus alumnos creó el juego de espabila. Tras explicar un concepto de la materia dejaba a los alumnos ante una actividad afín. Durante la realización de la misma los escolares no podían preguntar nada, ni el color del bolígrafo a utilizar, pregunta muy frecuente en primero, ni el tipo de papel, de igual índole. Si insistían en hacerlo se llevaban la frase "espabila" más un negativo con una sonrisa, el negativo sólo era apuntado de manera fingida. Pasados unos minutos los alumnos podían y debían realizar todas sus preguntas para resolver o corregir la actividad. Asimismo debían anotar los errores cometidos en la libreta y pasar el ejercicio a limpio en casa.
Otro de los juegos que uno puede valorar en el centro escolar era el que se le ocurrió a un docente de matemáticas para frenar la ansiedad y la desesperación de sus treinta alumnos. A menudo éstos levantaban la mano deseosos de poder responder la cuestión que otro compañero cabizbajo no atinaba a responder. Ante tal alzamiento de brazos, primero se los hacía bajar y luego les contaba lo siguiente, si todos tenéis las manos levantadas os ponéis vosotros nerviosos pensando saber la respuesta pero también ponéis tenso al preguntado quien se siente bloqueado. La clase debe ser un ambiente de relax y tranquilidad, sin ambas no aprenderéis bien las cosas. Por tanto nadie levantará la mano y solo cuando yo diga la palabra mágica podréis hacerlo. Entonces el primero que lo haga podrá ser preguntado, ¿y cual era la palabra mágica? Pues, voluntarios. El juego anterior daba su efecto evitando miles de brazos levantados ante un alumno avergonzado por todos los demás al no saber la pregunta, o creer que la sabían los otros. El tenso y todos tensos, algo que no permite que las mentes estén relajadas para captar y fijar en sus memorias los conceptos impartidos del día.
Todas las estratagemas anteriores y otras muchas más que quedaron en el tintero traen consigo la palabra juego, algo que pueden utilizar los docentes de primero de la ESO aunque en ello no haya juegos sino actividades y trabajo.
Y pasamos a segundo de la ESO, un curso en donde el juego todavía puede surgir efecto, pero ojo, las feromonas empiezan a dar sus resultados y por tanto el esfuerzo debe verse más eficiente. Aquí es más frecuente ver las primeras parejas con roces evidentes, sin tapujos y hasta con ostentación de ello ante los demás compañeros. Las estratagemas de primero de la ESO suelen tener su éxito pero hay que pensar en las de tercero y mezclarlas en su justa mediada. Pasemos entonces de curso.
En tercero de ESO la explosión de feromonas se expande por todos los rincones de clase y del instituto. Con tal subidón los chavales exigen que se les vea como adultos, que se les trate como a tales, aunque no lo sean. Ellos así quieren sentirse y por ello imitan ciertos roles, buenos o malos, de los supuestos adultos, nosotros. Así aparecen los primeros cigarrillos, con o sin añadidos, los primeros combinados, con o sin resaca, y hasta las primeras relaciones sexuales, con o sin amor. Debo matizar que con ello no se está haciendo apología de las drogas, del alcohol y del sexo, todo lo contrario, porros, bebida y coitos pubescentes son la primera puerta a las adicciones y a embarazos no deseados. Eso hay que dejárselo muy claro tanto en casa como en el colegio.
Pero lo más impresionante de este curso es que pasan ante los adultos tensos, estirados y retirando el saludo por pasillos y clases del instituto. Ese momento resulta algo fascinante. Si en primero, y hasta en segundo, siempre saludaban y se acercaban a sus docentes preferidos, ahora el pacto cambió. Ellos, los chavales, aparentan estar muy serios ante los adultos, como diciendo, he cambiado, que no lo ves. Y cortan el puente de comunicación con los adultos, incluso puede que les lleven la contraria, si uno es del Barça se hacen del Real Madrid, si uno es centralista se vuelve independentista, si uno es de izquierdas él de derechas.... Y esa rotura de puentes hay que contársela, hay que mostrársela como algo natural, hasta previsible, pero para ello mejor un tercero, un tutor reciente, un profesor externo, un vecino ajeno. Si han roto lazos con quienes antes los tenían, éstos ahora se hallan vetados en restablecerlos, nuestros púberes ya no confían en sus próximos. Quien llegue hasta ellos, el nuevo tutor, debe decirles que lo que hacen es algo fabuloso, algo que les conduce a la madurez, que como adolescente era PREVISIBLE que lo hicieran. Llamarles previsibles resulta una afronta que les revela y hasta disgusta, ellos jamás pretenden ser previsibles sino todo lo contrario, buscan ser diferentes a todo. Con ello el tutor logra que por llevar la contraria a su previsible perfil, estos púberes vuelvan a saludarle. Los puentes de comunicación se han abierto de nuevo.
Cabe recordar que la falta de comunicación provoca la desobediencia y el desafío entre ellos, los púberes, y nosotros, los adultos. Y los gritos no tardan en llegar para imponer el orden que ellos no quieren secundar. Allí nos topamos con un rapaz que se nos pone más bravo ante la bronca, algo útil a dosis medias. Si su adolescente se queja de recibir gritos, pruebe con el siguiente argumento que el tutor puede repetir en una clase.

<< La vecina del tercero no le chilla pero tampoco dice que le quiera, supongo, en cambio los padres sí le quieren y a veces le gritan, ¿conclusión? Una bronca puede traducirse en otra frase, me intereso por ti, me importas >>

Si el grito no gusta, a veces se cae en lo contrario, en el arrullo, algo que también les repele al sentirse tratados como a niños pequeños, más si su prole tiene acné y hojea algunas revistas de anatomía comparada. Las vocecitas y los canturreos lindos llenos de algodón les reafirman todavía más en su corte del saludo y les muestra al adulto como un ser infantil, falto de autoridad y que les ahuyenta. El docente y el resto de adultos deben dirigirse a ellos sin tratarles como estúpidos y sin pensar que son chiquillos, hay que hablarles con franqueza y seriedad, algo que sí abre puentes con ellos. Y algo muy importante, tengan o no tengan razón, escucharles cuando abran esos puentes, sea una queja o un halago, puede resultar positivo ya que el alumno se relaja de su estado adolescente aunque luego sea sancionado igualmente. Pasado lo caliente será efectivo hablar con él de lo ocurrido, pero no espere días, debe hacerse con prontitud. De esa forma el escolar acepta de mejor grado la autoridad adulta y empieza a entrenarse para la siguiente fase, el cuarto de ESO y en el cambio de la razón.
En cuarto de ESO ni se le ocurra la palabra juego. Si en tercero ya era un riesgo usarla, en cuarto los alumnos han pegado un vuelco. Ahora la efervescencia de sus feromonas pasa a cierta calma bajo la presión de una nueva herramienta, su cerebro. Si antes se debía sancionar con celeridad y luego, y en frío, razonar, ahora puede hacerse al contrario, se puede razonar sancionando. Si antes ellos no se sentían escuchados ahora puede que le escuchen a uno con mayor empatía. En fin que los púberes de cuarto de ESO razonan con menos feromonas y con más arbitrio ya que comienza a declinar el máximo de su adolescencia.
En cuanto a conversar con ellos es muy importante que el educador, padres o docentes, lo haga con voz calmada y tratándoles como adultos. No debe pretender engañarles ya que ellos se dan cuenta, pierden la confianza en uno, vuelven a cortar el puente y levantan el muro de tercero. También evitar el histerismo es muy importante. A un adulto salido de sus casillas lo consideran inferior y falto de autoridad, es más, a menudo van a por él y le provocan. En cambio el de buen temple, de razonamientos lógicos y verdaderos infunde en ellos lo que necesita cualquier humano para el diálogo, la confianza. Si ellos confían en uno está siendo aceptado y respetado por su clan, sin pertenecer a él, claro está. En tal situación sus demandas sobre ellos serán escuchadas y muy a menudo cumplidas sin necesidad de gritos ni imposiciones. A menudo por nerviosismo e impotencia el mentor recurre al grito en el momento no adecuado. Un alarido puntual, ensayado y en el instante necesario suele ser muy útil para llamar al orden, pero hacerlo por costumbre y sin control disuelve su posible efectividad, al final los púberes le toman a uno por el pito del sereno. Por otro lado, los gritos engendran gritos. Si desde infantes ellos, los hijos, aprenden que el lenguaje para comunicarse en caso de conflicto es el bramido, imitarán esas costumbres de adolescente y entonces, tanto en casa como en el aula, mucho ruido y pocas nueces. Por tanto, la imposición a modo radical no suele funcionar a esta edad. En función de cómo es un adolescente puede resultar más efectivo negociar con ellos, pero ojo, siempre al alza. No negocie a la baja con sus adolescentes. Si en casa un padre quiere que recoja la bolsa de deporte, pídale entonces que ordene toda su habitación. Si su hijo le dice que no va a cenar pero que quiere conectarse a Internet, no le pida a cambio que cene. Cenar hubiera cenado igualmente, suelen tener mucha hambre, lo de Internet se lo colado a lo Messi, como un gol. En asunto de notas algunos educadores defienden recompensarlas económicamente aunque mejor no pagar demasiado. Roland G. Fryer, economista de Harvard, propuso que se ofrecieran recompensas monetarias para motivar a los estudiantes de algunas escuelas de Nueva York y Dallas con mucho fracaso escolar. En un programa que se puso en marcha durante el 2006 en Nueva York, los maestros evaluaban a los alumnos cada tres semanas y recompensaban con pequeñas sumas, del orden de 10 a 20 dólares, a quienes lograban calificaciones altas. Los primeros resultados parecieron prometedores pero jamás fueron definitivos. La verdad, con la crisis que está cayendo, mejor ahorrar. Mejor ser avaro durante el curso y que la familia, si quiere, premie al final del mismo.
Llegados a bachillerato y formación profesional existe un argumento que puede crear un vínculo entre instructor y alumnos muy poderoso, el ánimo. Decirles que sus ganas de continuar formándose voluntariamente es algo digno de mención y felicitación, que la sociedad necesita de gente como ellos, que un país sin ciudadanos con iniciativa es un país muerto y abocado a la desidia, en fin, que sin personas como ellos jamás habrá buenos profesionales capaces de brindar progreso a la sociedad que les pagó los estudios. Añadir que demasiados dirigentes mediocres llegan sin formación a ostentar cargos en donde luego cometen demasiados errores. Ellos, nuestros alumnos, son quienes pueden mejorar esa situación en un futuro próximo.
En cuanto a disciplina y autoridad en bachillerato y grados de formación vale lo mismo que todo lo dicho en cuarto pero con más dosis de autonomía y trato adulto, piense que la mayoría se afeitan, le pasan a uno un palmo o se engalanan de lo más. Parece obvio que a esa edad se alcanzan noviazgos plenamente adultos, ¿hablamos de sexo entonces?


Hablemos de sexo

Durante la adolescencia explota la libídine y con ello hay que comprender algo de nuestra especie, que los humanos somos hipersexuales, que amamos más al sexo de lo que nos imaginamos. Analicemos las siguientes facetas y luego saquemos una conclusión. Como escribía Desmond Morris, somos monos desnudos, a diferencia de la inmensa mayoría de animales no poseemos pelo por todo el cuerpo. Nuestra piel, desprovista de pilosidad, es fina y sensible para captar mucho más que frío o calor ambiental. Las caricias, los masajes, incluso las imposiciones de manos nos encantan y dan placer. Por otro lado nuestra piel está dotada de infinitud de puntos muy sensibles y orógenos. Pezones, labios bucales, labios vaginales, cuello, orejas, clítoris, glande, escroto, ano y demás zonas que despiertan toda una gran literatura pard

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