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24 de Novembre de 2014

And the Germans kill the Jews
And the Jews kill the Arabs
And the Arabs kill the hostages
And that is the news
And is it any wonder that the monkey's confused?
De Roger Waters: Perfect sense part I

El viernes fue uno de esos días en el cual el que escribe estas líneas sintió vergüenza ajena del país en el que vive. El grado de sonrojo me debiera llevar a dimitir de él y largarme lejos, bien lejos donde no sea testigo de la inhumanidad, de los jetas campando a sus anchas, de los revanchismos, de banderas utilizadas como parapetos y de noticias que dicen lo mismo a modo de pan y circo para su agradecido lector o telespectador. Hay días que me despierto, doy un vistazo al timeline de mi Twitter y como la letra de la canción que abre este artículo me siento como el mono confundido ante la concatenación de hechos que se digieren como normales cuando son indigestos. Pero esa misma mala leche que me entra cuando me enteré de lo sucedido a Carmen es inversamente proporcional a mis ganas de colaborar aportando mi pequeñito granito de arena en arreglar este desaguisado.

Carmen Martínez Ayuso, vecina del popular barrio de Vallecas, fue desahuciada tras medio siglo viviendo en su piso por avalar a su hijo y éste no poder hacer frente a la deuda contraída con un prestamista. La historia es conocida pues ha salido reflejada con su crueldad en los medios de comunicación este fin de semana. La foto de la imagen de Carmen llorando tras tener que abandonar su casa chocaba ese día con los que lloraban a la Duquesa de Alba por su fallecimiento. Los informativos del viernes abrían con la señora 14 veces Grande de España. Carmen no merecía ese privilegiado lugar. Le faltaba grandeza nobiliaria, le sobraba grandeza como madre al arriesgarse a avalar a un hijo. Una cosa llena portadas la otra se ha vuelto tan común en unos tiempos donde la dependencia de los padres se ha hecho evidente merced a los estragos de la crisis.

Un país que permite suceda lo que le ha sucedido a Carmen es un país enfermo socialmente. Carmen es un ladrillo más en ese muro lleno de personas desahuciadas en un país donde se rescataron bancos con dinero de todos pero no a la gente que fueron sus clientes. Hace pocos días sucedió en Nou Barris una oleada de desahucios. Tuvieron sus cinco minutos de gloria para que el vulgo pudiera compadecerse del prójimo medios de comunicación mediante, pero en este mundo de noticias fast food en el que la atención mediática dura lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, ya ha sumido en la ignorancia y anonimato a aquellas personas del conocido barrio barcelonés. Desafortunadamente vendrán más que pasarán por el mismo proceso del cual ni siquiera Carmen escapará tampoco.

Evidentemente ante un panorama así hay un caldo de cultivo para el populismo que se erige en el solucionador de estos problemas. Hay que huir de ellos. La forma de huir de esos populismos que prometen todo lo que los ciudadanos cabreados quieren escuchar pero sin decirles el cómo lo harán pasa por dotar a un país como el nuestro de leyes que favorecieran a sus ciudadanos y nos los dejen desprotegidos. El artículo 47 de nuestra Constitución ha sido violado de tan vil manera que urge reparar el daño ocasionado. Cuando se dan derechos hay que saber qué derechos se dan y de dónde se van a sacar recursos para hacerles frente, de lo contrario, caemos en la vil y vulgar demagogia populista de prometer duros a cuatro pesetas.

Los casos de desahucio no todos son iguales. Lo que le urge a este país es una ley que impida que aquellas personas más vulnerables como Carmen se vean apartadas de su hogar por avalar 40.000 €. Hay propuestas de todo tipo para haberle dado solución a este tema pero muchas veces se topan con la falta de voluntad de los actores intervinientes. Tales propuestas van desde evitar que personas con el perfil de Carmen puedan ser avaladoras poniendo su vivienda como aval pasando por el alquiler social...en fin, que maneras de resolverlo las hay. Si el Rayo Vallecano, con todo mi reconocimiento y aplauso para el gesto humano y hermoso de esa entidad deportiva con la afectada, ha de ser quien ayude y solucione el disgusto a Carmen es que estamos peor de lo que nos pensamos.

Y mientras nuestro país se desangra socialmente sin atisbo de soluciones materializables a corto plazo, los principales partidos siguen en su campaña de bucle infinito anclados en debates estériles bajo la música en plan perturbador del "y tú más": que si referéndum secesionistas, querellas urbe et orbi, federalismo, corruptelas sin fondo, cortinas de humo, jóvenes espías en los que pivota todo nuestro sistema y la sopa boba del folclore "telebasurero" en un suma y sigue sin aparente final cercano. Hay que arreglar lo que no funciona pero ya no tenemos más tiempo para perder el tiempo. O los políticos dan soluciones y se dejan de monsergas o el tsunami social se llevará a más de uno por delante hastiados de ver como personas que podían ser su abuela, o su hermano o su hijo e hija son maltratadas por en un país que dice tener el "estado del bienestar". No hace falta revoluciones, hace falta valentía y consenso, mucho consenso para focalizar en qué debemos cambiar para hacer felices a nuestros ciudadanos y para no pasar una vergüenza como la del viernes pasado en Vallecas. No estamos para aguantar más sonrojos pero no soy bobo, mañana en las noticias sé que habrá más de lo mismo pero por mi parte nada más por hoy.

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Comentaris afegits 
GALAICOMAN-DENUNCIA (Barcelona) 04-01-2015 - 01:11
Y que sólo haya un triste comentario a esta demoledora noticia no hace si no corroborar lo que es un hecho: este es un país enfermo. Tal vez terminal.
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