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16 de Febrer de 2016

Ayer salió ante los medios de comunicación Pablo Iglesias en una intervención que algunos ya esperaban en aras de dar un golpe de efecto a la ya de por sí ajetreada y enrevesada negociación para buscar nuevo Presidente del Gobierno de España.

Visto lo de ayer, con Podemos me viene a la cabeza cada día más algunas de las escenas de aquella memorable película de los Hermanos Marx dirigida por Sam Wood: "Una noche en la opera". Pablo Iglesias anda cada día más metido en el papel de Groucho Marx en aquella película.

Podemos se ha convertido en una suerte de Camarote de los Hemanos Marx donde todos son bienvenidos con tal de que el barco morado llegue con éxito a la Moncloa en lugar de a Nueva York. Iglesias le regala las orejas a todos sus socios si con ello consigue acercarse a su ambicioso objetivo. Por el camino ya ha ido cortando pedazos de su particular contrato con la ciudadanía incluso con sus "confluencias" valenciana, catalana y gallega. La parte contratante de la primera parte ya no es tan importante (véase aquellas rentas mínimas garantizadas que quería Podemos hace casi dos años o su identificación con Syriza) tampoco la segunda porque segundas partes nunca fueron buenas y así hasta quedarse con un cachito de papel que ya poco tiene que ver con el contrato original y sí con las ganas de torpedearlo todo confiado en que unas nuevas elecciones le darán el triunfo.

Imagino cómo deben ser las cenas de nuestro particular "Groucho Iglesias" con Oltra, Beiras y Domènech al estilo de aquella cena con la Señora Claypool de la película mencionada anteriorimente que para evitar que surjan celos y mantener las aguas tranquilas recurrirá a aquel diálogo de "todo me recuerda a usted (...) excepto usted" para acabar pensando para sí mismo: "que me ahorquen si lo entiendo". En efecto, tantos juegos de equilibrios para contentar a sus confluencias es imposible no salir disparado porque si de algo parece no haber aprendido Pablo Iglesias es dejar de prometer aquello que no puedes cumplir.

La política española no es una comedia porque la situación es lo suficientemente seria para que un partido emergente se dejara de posturas maximalistas y partidistas y buscara el bien común. Para muestra un botón. Volviendo a la rueda de prensa de ayer, surgió ese Podemos que pide de todo lo bueno: lo mejor, aunque no sea el más indicado para hacerlo. Ayer una vez más no pidió reformas asumibles, no buscó ayudar a que haya un pacto para reformar este país ni buscar consensos. No. En su lugar volvió a reincidir primero en una propuesta clara de llamémosle de "no pacto" para dinamitar cualquier tipo de acuerdo de investidura y segundo, pidiendo cargos que para eso parece que ha venido Iglesias y los suyos: ministerios, vicepresidencia, CNI, CIS, BOE, un IVA de lujo cuando una directiva europea lo impide mientras solo faltó que Carolina Bescansa o Nacho Álvarez hubieran cogido el micrófono de su jefe de filas para decirle a Pedro Sánchez: "Pedro, y dos huevos duros".

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