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12 de Juny de 2014

Pere Navarro, "El Breve"

 

 

Quería escribir sobre lo que pienso a cerca del debate para nada preocupante y que poco mejorará nuestra calidad de vida sobre si España ha de seguir siendo una monarquía parlamentaria como tantas otras en el mundo o una república. Total no es relevante. No nos sacará de la crisis esto y me decantado por escribir otro artículo con el PSC-PSOE de por medio dada la noticia de alcance ocurrida ayer con la dimisión de Pere Navarro.

No considero positiva la dimisión de Navarro. Cierto, no me ha alegrado. La dimisión de Navarro es la elevación a la enésima potencia de los complejos del PSC, los complejos que le ha ido arrinconando y minando en el espacio político catalán: por sus errores propios y por el declive en el resto de España del partido al que está federado: el PSOE. Ambas van unidas de la mano y me atrevería a decir que el grado de culpabilidad entre errores propios y declive del PSOE anda bastante equilibrado.

Esa falta de autoestima frente al nacionalismo ha ido destrozando el PSC en los últimos años con el factor acelerante que ha supuesto el debate secesionista catalán. De nada ha servido que Navarro ganara unas primarias por aplastante mayoría, ganara votaciones en consejos generales o "nacionales" como les gusta llamar a los socialistas catalanes para ahondar más en esos complejos. La minoría de los mal llamado "críticos" siempre encontraba, encuentra y encontrará un altavoz mediático de innumerables watios en la prensa pública y concertada catalana que intentará darnos gato por liebre para vendernos como verdad revelada que los críticos: los Joan Ignasi Elena, Martínez-Sampere, Martí o Tura -por poner algunos nombres de derrotados y derrotadas de manera contundente en procesos de primarias- representaban el verdadero sentir del PSC. Nunca en la historia recuerdo que una corriente política tan minoritaria en un partido tuviera tanto eco publicitario de modo que haga creer lo que no es: repito, que son mayoría.

Navarro empezó en su cargo titubeante. Dejó para la historia aquel "si miri bona nit" en un debate electoral de las pasadas elecciones autonómicas. Luego en el debate de investidura de la presente legislatura dijo que se abstendrían en todo aquello relacionado con el "procés". Algunos como Albert Rivera le pidieron que dejara de ser el tonto útil del separatismo y aunque tarde, creo que hizo caso cuando en enero de este año relegó a Joan Ignasi Elena, Marina Geli y Núria Ventura a las últimas filas de los escaños socialistas en el Parlament y les desposeyó de que participaran en la actividad parlamentaria más allá de lo que era votar en el pleno. Fue la primera y casi única muestra de reconducir y librarse de la costra nacionalista que diría otro socialista de renombre como Joan Ferran. Pero así como con Fabián Mohedano sí fue más allá, con los tres díscolos se quedó a medio camino incluso esta semana se masticaba el indulto. Craso error. Les ha dado vida y con ayuda de los medios que he citado antes volverán a tener una sobrerrepresentación que en las bases y votantes del partido, en especial donde se ganan las elecciones, en Barcelona y su primera y segunda corona, no tienen.

El futuro del PSC es incierto y ahora más que nunca. No haber actuado a tiempo enseñando la puerta de salida a quienes son minoría y pretendían actuar como mayoría; no haberles marcado en el mapa cómo llegar desde la calle Nicaragua a la calle Calabria o incluso Córcega como sí lo hicieran el hermanísimo Ernest Maragall o Ferran Mascarell respectivamente, les ha supuesto entrar en un estado de descomposición del cual efectivamente ahora solo saldrán con más división sino explosión definitiva.

¿Y ahora qué ? Navarro no ha sido un líder, a punto ha estado de conseguirlo pero los complejos ¡ay los complejos que no me canso de repetir adrede! a los que me he referido siempre que hablo del PSC se lo ha llevado por delante. Miro el banquillo socialista y realmente no hay nadie con carisma que pudiera ser un revulsivo, lo cual dicho sea de paso no es ninguna novedad, es marca de la casa de los socialistas catalanes con la salvedad de Pasqual Maragall en los últimos 30 años. Puede pasar que ahora Montserrat Tura et alli den marcha atrás en su idea de presentar un partido político que me apuesto un garbanzo a que se hubiera estrellado en cualquier cita electoral. Volverán a la carga y quién sabe si volverán a perder. Dará igual. Ellos continuarán dándole vueltas al molino. Pero atención, si la cosa acaba en separación traumática ya no sólo tiene el papelón el PSC, en todo caso el PSOE también. ¿Por qué? porque el PSOE necesita especialmente Andalucía y Cataluña para gobernar en España y en una situación que ahora ya no es favorable de por sí, le añadimos que el PSOE se queda sin los votos del PSC más soberanista, que tampoco creo que sean tantos y a la vez ya se está quedando sin los votos del PSC más PSOE que han ido a parar a Ciutadans, ICV, la abstención y posiblemente en un futuro a Podemos, el panorama no puede ser más preocupante en la calle Ferraz de Madrid.

La segunda parte de una hipotética ruptura del PSC la tendríamos en qué debería hacer el PSOE en Cataluña. Mi diagnóstico es que va tarde el PSOE para refundar un PSOE catalán. Me atrevo a decir que sería carne de grupo mixto como lo sería el nuevo PSCS (Partit dels Socialistes de Cataluña Sobiranista), por los motivos de a dónde están yendo a parar sus votos en la actualidad debido al debate secesionista y a la mala imagen de la propia marca PSOE a la que me referí en el inicio de este artículo. En consecuencia, gesto inútil.

Por consiguiente, se abre un camino más incierto todavía para el PSC en los próximos meses hasta el congreso extraordinario de este verano. Curioso que, los que estaban más contentos ayer de la dimisión de Pere Navarro eran aquellos que nunca han votado y votarían PSC. Eran aquellos que llevan tiempo metiendo arsénico en las hojas del libro del PSC para que cada página que pasen los socialistas tras humedecer los dedos con saliva como ayuda para separarlas, se vayan envenenando cual monje de la abadía de "El Nombre de la Rosa". El PSC no tiene un Jorge de Burgos. El PSC tiene un Jordi de alguna parte de la Cataluña soberanista que se niega a vivir en el siglo XXI porque cree que es mejor vivir en 1714 y para mayor desgracia de los socialistas, carecen estos de un Guillermo de Baskerville que ponga solución al problema. El nombre de la rosa socialista es: depresión. Pero cuidado: no son los socialistas no son los únicos que se están envenenando. Siguiendo con el símil con la novela de Umberto Eco, el libro del "procés" algunos lo tocan con guantes y otros acabaran con la lengua negra como Navarro en el día de ayer.  

Sígueme en Twitter: @ang_guillen

Algunos artículos míos en este digital sobre el PSC y sus "dos almas":

La crisi d'identitat del PSC
¿Cometerá el PSC alta traición a Cataluña?
PSC: 5 herois i 15 traïdors per la causa sobiranista
El PSC coge un bote salvavidas 

 

 

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