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09 de Setembre de 2013

Soy de los muchos catalanes a los que le entristeció que Madrid no albergara los Juegos Olímpicos de 2020. Yo esto no lo concebía ni lo concibo como una rivalidad Madrid-Barça, ni Madrid contra Cataluña. No soy tan mentecato como para reducirlo a algo tan pobre de argumentos.

Cierto es que de las tres veces que concurría, en esta Madrid tenía el camino más fácil que en 2012 y sobre todo que en 2016 donde la tozudez y la ceguera hicieron presentar candidatura cuando  desde 1952 ningún continente ha albergado dos ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos.

No veía a Estambul superior a Madrid y ahí radica mi sorpresa del sábado. Creo que un análisis objetivo, y hablo de proyecto deportivo, instalaciones, concepto… (lo de la clase política y economía es el asunto central que explico más adelante) el de Tokio era para mi gusto muy atractivo. Y es aquí, cuando la igualdad de proyectos es parecida entran a jugar los detalles. En los detalles desgraciadamente llevábamos las de perder por más que los comentaristas de TVE y prensa nacional pecaran por enésima vez de vender la piel del oso antes de cazarlo a base de criticar de forma muy poco imparcial el proyecto japonés. Lo de las televisiones públicas en España alcanza ya lo inaguantable.

Para buscar por qué los detalles fallaron estrepitosamente he querido comparar brevemente la situación de España en 1986 cuando Barcelona es escogida sede para los Juegos de 1992 y la España de 2013.

La España de 1986 era una España que estaba dejando atrás un oscuro periodo de su historia. La democracia se estaba consolidando y ese mismo año el país entro en lo que entonces se llamaba CEE, la actual UE. El terrorismo de ETA y el paro, 7 % menos del que estamos hoy, eran los principales problemas de los españoles. Las tensiones territoriales  tampoco eran las de hoy en día y los casos de corrupción no eran, por lo menos a nivel mediático, como los de ahora. España a los ojos de buena parte del mundo si parecía un ejemplo a seguir de superar una dictadura y de tener una transición modélica. Por otro lado, la ciudad de Barcelona era una ciudad carente de infraestructuras que la modernizaran, con vías de tren que separaban barrios y pese a ser una ciudad costera  la ciudad no estaba abierta al mar. El proyecto presentado con el apoyo de toda la clase política catalana pese las rencillas Maragall-Pujol y con el apoyo del gobierno socialista de Felipe González conjugó ese buen momento que estaba viviendo España con la necesidad de que los JJOO no solo modernizarían Barcelona sino que sería la demostración al mundo que desde Barcelona, desde Cataluña y desde el resto de España le habíamos tomado el pulso por fin al periodo del siglo XX en el que nos hallábamos por entonces. Los hechos nos dieron la razón convirtiendo la XXV Olimpiada de Barcelona en la mejor hasta aquel año y en una de las mejores de la historia. Actualmente a la inmensa mayoría de barceloneses, catalanes y resto de españoles nos sigue orgulleciendo aquellos días de julio y agosto de 1992.

Hoy el panorama es más desolador en toda España y el orgullo más bien se vuelve desesperación, enfado y peligrosa resignación. Madrid se ha presentado a unos Juegos que no iban a revolucionar su fisonomía como si lo hicieron con Barcelona, pero esto es lo de menos. Detrás ya no está aquel país que con sus imperfecciones vendía una cierta seriedad. Hoy la corrupción política a gran escala en el PP, en el PSOE, en CIU y en los sindicatos vende una imagen de España de desconfianza que los miembros del COI no ignoran. La lenta justicia española que no resuelve los casos con la celeridad y diligencia que son menester en estos asuntos ayuda a empeorarlo más si cabe. Lo desastrosamente que se ha llevado la Operación Puerto de lucha contra el dopaje (materia con la que el COI es especialmente implacable) tampoco ha ayudado. Las tensiones territoriales muestran un país de taifas en busca de un beneficio autárquico que les llevará a la miseria que un país unido en busca de ser más fuertes sumando las sinergias de otros tiempos. La situación económica es muy mala con esos seis millones de parados aproximadamente que pesan más que el récord mundial  de los pesos pesados de halterofilia.

Luego tenemos la parte de las intervenciones políticas. Si a todo lo escrito anteriormente añadimos las desastrosas actuaciones del sábado pasado de Mariano Rajoy y Ana Botella podemos ir cerrando el círculo y saber el porqué Madrid no ganó. La actuación de Rajoy  recordó los gritos de Carmen Chacón en su discurso del último congreso del PSOE  para encabezar su Secretaría General, leyendo (como siempre) y hablando en español ante un organismo que tiene como lenguas oficiales el inglés y el francés. Rajoy parecía estar en un mitin político de su partido en plena campaña vendiendo una falsa recuperación económica española que nadie “compró”. Lo de Ana Botella ciertamente fue la guinda a su desastroso fin de semana. Ambos nos demostraron que este país tiene un problema con el idioma más importante del mundo. La educación bilingüe usando como lenguas vehiculares el español y el inglés en aquellas comunidades que no tienen lengua propia y la trilingüe en las que sí tienen está llegando demasiado tarde as you can see.

Con todo (y era algo que se pudo leer en las redes sociales el sábado por la tarde) gustó mucho la intervención del Príncipe Felipe. Su discurso en francés, español e inglés mostró claramente que discrepemos o no de la monarquía es un hombre preparado y poco dudoso de dejar en ridículo al país que representa. No sé si reinará o no reinará pero a decir verdad, su imagen dista mucho de la nefasta que viene dando el resto de la Casa Real en los últimos años.

En definitiva, la precaria situación por la que pasa toda España no le era ajena al COI. Los JJOO acostumbran a ir a parar a países solventes. El COI ya tuvo un conato de fiasco con Atenas y cruza los dedos con Rio de Janeiro. Dárselos a España ahora no era como dárselos con las condiciones que había en 1986. Yo lo tengo claro que el COI no va a poner en riesgo "su negocio"más de lo necesario. 

¿De qué ha servido pues que Madrid se presentara? Eso dependerá de la lección que queramos extraer. Si cerramos los ojos y extraemos la versión victimista (el nos tienen manía) propia de cualquier nacionalismo y a la que tan bien estamos acostumbrados en Cataluña y en el resto de España quedará claro no habremos aprendido nada y seguiremos igual o a peor. Si por el contrario abrimos los ojos y entendemos que la no elección de Madrid es un síntoma más de que España necesita una segunda transición que vuelva a dar el empuje necesario para una renovación especialmente de nuestra clase política y judicial devolviendo el poder a los ciudadanos; en definitiva si somos capaces de retomar un proyecto ilusionante para todos los españoles que nos ponga quizás en la Champions League de las economías mundiales, pero en especial y obligatoriamente en la Champions League de una sociedad más justa y una democracia mucho más limpia, entonces seguramente la lección habrá valido la pena.

En el mundo ya nos conocen y por mucho que algunos se empeñen en esconderlo con sus paniaguados a sueldo. Mientras, nuestros deportistas viven un momento dulce de triunfos y amargo en lo económico si uno mira más allá del futbol, el tenis, y los deportes a motor. Sin embargo nuestra sociedad y nuestra economía viven un momento en el que necesitan un cambio profundo que nos devuelva la ilusión y estoy convencido que ese cambio no pasa por separar ni dividir prometiendo cual chamán "la felicidad eterna" sino por dialogar y sumar.

Madrid olímpica o no, seguirá siendo la gran ciudad acogedora y bonita que es…y sino que se lo pregunten a Duran i Lleida o a Joan Tardà.

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