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05 de Juny de 2013

Últimamente y a raíz de ciertos comentarios y reportajes de televisión ha salido a la palestra lo que se conoce como banalización el nazismo. Resumiéndolo: utilizar el nazismo como arma arrojadiza contra alguien ya sea por comparación, por imitación o por desafortunado comentario. A casi toda la opinión pública (en especial a los acusados) se les pone, con razón, la piel muy fina con este tema y de seguida, con gran ardor de ser más democrático que nadie éstos acusan al acusador de banalización y de comentario desproporcionado.

Ocurre que hay otra banalización que sí es bien vista gracias a una falsa superioridad moral que cree tener cierta izquierda de este país y ciertos nacionalismos. Se recurre con aparente normalidad a ella mucho más que a la relacionada con el nazismo. Para mí esa utilización frívola es tan execrable la una como la otra. Me refiero a tachar cualquier postura de carácter conservadora o de sentirse y/o manifestarse español como franquista. Es decir, en España banalizamos el franquismo y evidentemente llamar franquista y sus derivados (falangista, fascista o facha por poner tres ejemplos) en el lenguaje de la izquierda española y de ciertos nacionalismos es tomado como algo natural y permitido cuando realmente es algo insultante al igual que si te dijeran nazi (a menos que públicamente la persona acusada se haya manifestado como adulador de esos regímenes sanguinarios). Porque ambos regímenes fueron totalitarios y ambos regímenes mataron y ajusticiaron por una idea. Sí, ya lo sé, no comparemos seis millones de personas directas muertas más las fallecidas a causa de la II Guerra Mundial con el franquismo porque no hay color en las cifras pero si hay un color común que repito: muerte , falta de libertad y régimen totalitario.

La idea de escribir sobre esto me vino de la irritación que me produjo y mucha, la postura de Marina Geli la semana pasada en el pleno del Parlament, pues mostró una indigencia intelectual impropia de alguien que un día ocupó una conselleria en el Govern de la Generalitat (aunque visto últimamente el nivel uno ya no sabe a qué atenerse). Se debatía una moción presentada por el PSC de "medicina muy preventiva" sobre el aborto. De hecho el PSC trataba de que el Parlament se opusiera a una ley que todavía ni se ha redactado ni se sabe cómo será (lo que conocemos como globo sonda en política), pero la excusa era buena para hacer fuegos artificiales que tanto gustan últimamente por el Parc de la Ciutadella. En la réplica a Marina Geli, la diputada del PP Marisa Xandri, como es natural en la ideología de este partido, manifestó y mostró una postura pro-vida. Marina Geli acusó a la diputada popular de haber vuelto al largo y triste franquismo. El recurso fácil y poco articulado como argumento. Por consiguiente, para la Sra. Geli tener una postura pro-vida no es ser conservador, es volver al franquismo. Qué pensamiento más elaborado. Me pregunto entonces, ¿los colectivos pro-vida americanos, franceses, alemanes, británicos qué son Sra. Geli? ¿Franquistas también? ¿Y los militantes de Unió Democràtica de Catalunya Sra. Geli? ¿También son franquistas?. No podemos confundir lo que son posturas conservadoras, totalmente democráticas y legítimas como lo son las posturas progresistas o las liberales aunque se hallen a nuestras antípodas ideológicas, con ser franquistas. Porque franquismo y franquistas son "otras cosas" de infausto recuerdo.

El otro gran frente que banaliza el franquismo viene del bando nacionalista, sea catalán o vasco principalmente. Es común la asociación por parte de los nacionalistas que solo por el mero hecho de sentirte catalán y español o vasco y español ya eres un franquista, un facha o un fascista. Es el mantra que todo buen nacionalista tiene bien preparado para contrarrestar a los que critican su nacionalismo que es, como no puede ser de otra manera para quien hace de su pretendida y falsa superioridad moral dogma de fe, la ideología de sentirse "el pueblo elegido" . Todo esto en sí no hace más que demostrar banalización e ignorancia supina. Porque la pregunta que cabría hacerse entonces es: ¿todas aquellas personas que lucharon contra la Franco en la Guerra Civil, que eran españoles, se sentían españoles fueran de Toledo, Valencia, Barcelona o Sevilla eran franquistas? Milicianos y soldados que vinieron a Cataluña a defenderla de las tropas franquistas ¿eran franquistas y fachas? No cabe mayor insulto a esas personas muchas de ellas que dieron su vida por una España mejor y sin dictadura.

Me gustaría que de una vez por todas en Cataluña y en el resto de España se dejara de relacionar el término franquista o falangista de manera arbitraria. Son palabras de las cuales por vergüenza y sonrojo que producen nadie, excepto como dije antes sea reconocido públicamente como tal, merece tales calificativos. Sería un signo de madurez intelectual. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Generalizando y con el riesgo asumido que me llamen ingenuo pero desde mi experiencia personal pienso que no es lo mismo un franquista que una persona conservadora. En el lado opuesto no es lo mismo un comunista que un estalinista. No creo que el PP sea un partido franquista ni creo que IU sean estalinistas. Ni la gente del PP o C's son unos fascistas franquistas por defender su catalanidad y a la vez su españolidad ni la gente de IU o ICV sean chequistas. Ni tampoco creo que todos los de ERC sean unos terroristas pese a las vinculaciones en el pasado con la banda Terra Lliure. Lo que sí es cierto es que no pruebe de decirle a un comunista o a un militante de ERC que es un chequista o un filoterrorista y que son herederos de asesinos porque rápidamente utilizará su superioridad moral para decirle que usted es lo peor de lo peor (lo consabido de franquista, facha, falangista...) y contra eso no hay recurso posible. Es sentencia firme.

Creo y soy fiel defensor que en el diálogo democrático no podemos andarnos con calificativos de recurso fácil y de mal gusto vengan de la izquierda, vengan de la derecha. Mucho menos es sano moverse en los extremos. Las superioridades morales no son patrimonio de nadie como algunos quieren hacernos entender. Las superioridades morales se consiguen cuando desde el argumento elaborado se logra desarbolar las ideas de nuestro adversario político o interlocutor. Nunca desde la comparación con seres y regímenes totalitarios que han pasado tristemente a la historia.

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