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30 de Desembre de 2015

 

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La CUP se presentó en las últimas Elecciones al Parlamento de Cataluña bajo el lema de "Governem-nos" (Gobernémonos). Visto todo lo que llevan protagonizado desde la noche electoral del 27 de septiembre tal vez el lema que mejor les quedaría sería precisamente el de "Ingovernem-nos" (Ingobernémonos).

Ahora parece que muchos opinadores, sobre todo los de tipo orgánico y cercanos a Junts pel Sí, han caído del caballo como San Pablo y se han dado cuenta de que la CUP ya no resulta tan "simpática" como hasta hace apenas cuatro días. Bienvenidos pues a los que nunca nos hemos dejado deslumbrar con mitificar la CUP que parecía eran y son los únicos que luchaban y luchan contra las injusticias en el mundo mientras el resto somos opresores. La CUP un partido asambleario, anticapitalista, anti UE, que ha montado escarnios y los han defendido en sede parlamentaria hacia otras formaciones políticas y que yo he vivido en primera persona... ¿con este esperaba Junts pel Sí gobernar Cataluña? El mundo nos mira sí, quedando asombrado de lo que ve.

Yo no voy a entrar a valorar el resultado de aquella votación del pasado domingo en Sabadell en si hubo pucherazo o no pues no es lo más relevante. Lo relevante es que todo un candidato a presidir la Generalitat que pertenece a un partido conservador liberal que se presentó como número 4 en la lista electoral de una coalición con un partido que presumiblemente es de izquierdas y, a priori, principal partido de la oposición aunque ya querrían muchos gobernantes un jefe de la oposición como lo fue Oriol Junqueras en la última legislatura, junto con las "migajas independentistas" de otras formaciones políticas y miembros de la sociedad servil que no civil catalana; además de todo esto que ya de por sí no es poco lo también relevante es que este candidato llamado Artur Mas i Gavarró se haya permitido estar en manos de una fuerza política que está en sus antípodas ideológicas en un 95% de los sus postulados y con la que únicamente les une la voluntad de convertirse en un estado independiente separado de España. Ni siquiera como debe ser aquel hipotético nuevo estado que a los cupaires ya les está bien que este nuevo estado esté, como ya ha quedado claro, fuera de la UE y fuera de la política monetaria del Banco Central Europeo.

Yo, sinceramente, creo que la Institución de la Generalitat no lo merece. No merece este espectáculo de estos tres meses y me atrevería a decir que los catalanes, independientemente de nuestra opción política tampoco. Un candidato a presidir la Generalitat es algo tan serio que no puede ir haciendo de pedigüeño ante la CUP. Mas tiene 62 diputados, muchos, pero no los suficientes para ser investido dada la deriva que lleva. Hace cinco años le sirvieron para serlo, ahora no. Hace cinco años existía CiU, sus posiciones no eran rompedoras con el Estado y tuvo el beneplácito de PSC y PP para investidura y para presupuestos. Desde entonces casi todas las decisiones de Artur Mas le han minado en diputados, en credibilidad y en ir debilitando a su formación bien con la ruptura con Unió, bien con la pérdida de votos de lo que queda de CDC el pasado 20 de diciembre. Los errores de cálculo de Artur Mas si pasarán a la historia y han sido y son su final político.

Pero volviendo a la CUP. Lo que pasó el domingo pasado es la constatación de que las utopías no sirven para gobernar una institución de la importancia de la Generalidat. En efecto, el asamblearismo queda muy bien y muy "revolucionario" en la universidad para reunirse los de siempre para hacer ver que son la representación popular de una inmensa mayoría que no les ha escogido por supuesto. Sucedía en la Autónoma cuando yo estudiaba hace casi 20 años y dudo que haya cambiado desde entonces. Y tanto ir de nueva política, de innovadores, de transparencia para acabar haciendo una rueda de prensa sin preguntas (aunque espero a todos estos periodistas progres que cuando lo hacen otros partidos lo critican e incendian Twitter y domingo callaron en su gran mayoría) y decidiendo que harán con la investidura de Mas en una reunión al más puro estilo de los partidos de siempre. Después de todo la CUP no es tan diferente, la han querido dibujar interesadamente diferente. Incluso el día después escuché a algunos periodistas decir que a pesar de la rotura por la mitad de la CUP en la votación (otro partido que el "procés infinit" rompe y ya unos cuantos) allí se respiraba "buen rollo". Pues bien, de momento esta misma noche ha habido unos tuits de un miembro del Secretariado de la CUP que no iban en esta línea precisamente. Idealizar según quien al final no sirve para nada.

Yo si fuera el Presidente en funciones Artur Mas y después de todo este espectáculo me daría igual lo que decidan el día 2 de enero en la CUP. El daño ya está hecho. Agotaba el tiempo y convocaría elecciones. Un mal menor que al menos salvaría a Mas ser investido después de haberlo "toreado", eso sí, asambleariamente, defendiendo el socialismo y de manera antipatriarcal por activa y por pasiva de forma innecesaria durante tres meses. Como dice el refrán castellano: "Para este viaje no hacía falta tantas alforjas". Necesitamos un Gobierno para todos los catalanes que recupera la centralidad y la cordura. Presidente, ¡ponga las urnas!

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