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08 de Juny de 2012

Pertenezco a una generación que creció oyendo y leyendo las historias de los grandes festivales de Rock de los años 60-70 del siglo pasado. Siempre me persuadió las actuaciones de Woodstock, Monterrey o la de la Isla de Wight. En los 80 y 90 vivimos el auge del Monster of Rock donde las grandes estrellas del panorama del hard-rock y heavy metal deleitaban a los asistentes en Donington Park. Lamentablemente todo esto sucedía lejos de Barcelona, de Cataluña, de España. Se hacía poco asequible y casi impensable que algún día tuviéramos en nuestro país un festival musical de primera talla mundial. Aquello empezó a cambiar a mediados de los años 90 cuando surgió la idea del Doctor Music Festival en el pirineo leridano. Imposible olvidar aquella primera edición de 1996 con un cartel formidable (David Bowie, Patti Smith, Lou Reed, Sepultura, Suede o Iggy Pop entre otros). Por primera vez teníamos en España y encima muy cerca de Barcelona, un festival de primera división europea. Aquella historia no duró mucho pero me atrevo a decir que fue el precursor en nuestro país de muchos festivales que vinieron después. 16 años después de aquella primera edición hoy podemos decir que tenemos un festival que todavía mejora aquel, y si me permiten un símil futbolístico, un festival de fase final de la Champions League: el Primavera Sound.

Pero claro, todo no podía ser tan bonito.

Bien podríamos resumir lo que le ha sucedido a este festival con lo que decía aquella vieja canción del maestro Joaquín Sabina:

El joven aprendiz de pintor que ayer mismo
Juraba que mis cuadros eran su catecismo
Hoy, como ve que el público empieza a hacerme caso,
Ya no dice que pinto tan bien como Picasso.

En efecto, cuando nace el Primavera Sound en 2001 nadie reparó en él: ni prensa no especializada, ni políticos, ni buscadores de cinco minutos de gloria; sólo los entusiastas de un determinado tipo de música. Ha tenido que llegar a ser, merced al trabajo tenaz de sus organizadores en la elección del lugar y la conformación de la cartelera de artistas, un festival de referencia a nivel internacional para que ese joven aprendiz de pintor disfrazado de nacionalismo catalán alienante intente sacar tajada del éxito del festival, publicitarse como víctima una vez más y crear una polémica donde no la tiene que haber.

Todo empezó con una chispa que prendió una pólvora tras el artículo que Jordi Bianciotto, crítico musical en Rockdeluxe y en El Periódico de Cataluña, escribió en este último medio de comunicación. Eso fue la chispa. En el artículo se lamentaba de la escasa presencia de artistas catalanes en el festival y de que los pocos que había tocaban en horarios intempestivos. Esto provocó el enfado vía twitter de Gabi Ruiz, uno de los co-directores del Primavera Sound con Biaciotto.

A partir de ahí empezó a arder la pólvora. Se promovió desde los círculos nacionalistas catalanes , de una forma bastante patética dicho sea de paso, una llamada al boicot de la marca de cerveza que patrocinaba el festival y una avalancha de reproches para desacreditar el Primavera Sound. Todo porque se había producido una "herejía" contra su pensamiento único y "evangelizador" nacionalista: no había mayor presencia de grupos catalanes en un festival que desde sus inicios no había trabajado nunca en esa línea, sin perjuicio de incorporar a alguna banda local. No era, repito, su "línea editorial" por llamarlo de una manera clara. Sin duda algo delirante más propio de personas mentecatas que de personas en su sano juicio.

Cierto es que algunas respuestas de Gabi Ruiz y la actitud de retirarle la acreditación al periodista no fue quizás lo más adecuado y educado aunque posteriormente se le devolviera la acreditación. Pero intento meterme en la piel de Gabi Ruiz, con el festival en marcha, que está siendo todo un éxito, que sabes que estás haciendo incluso un bien a tu ciudad. De repente ves como te empiezan a bombardear los "muyahidines nacionalistas" con este tipo de crítica provinciana lo cual deduzco que no debe de ser nada agradable. Le faltó quizás un poco más de cintura a Ruiz para haber toreado esas críticas con otro tipo de formas, porque en el fondo estoy de acuerdo con él. Solo hace falta citar los números del festival para certificar su éxito: han pasado más de 150000 personas y se calcula que dejará en Barcelona cerca de 65 millones de euros y encima es admirado internacionalmente...pero no es del gusto de los "guardianes de la fe"

El nacionalismo es una ideología intrusiva que trata de regular un único pensamiento e influir en la libertad de las personas. Si se deja que el nacionalismo catalán en este caso (como lo hizo el español durante el franquismo por ejemplo), decida o imponga las cuotas de músicos autóctonos estaremos acabando con la clave y el éxito del festival Primavera Sound. Será otra cosa pero no será lo que hemos visto estos años. Efectivamente, el éxito del Primavera Sound radica en su cartelera y su ubicación. Atrae a un montón de extranjeros a disfrutar de la música y de la ciudad de Barcelona. En consecuencia, es el individuo, en el ejercicio de uno de sus bienes más preciados como es su libertad de elección el que escoge qué quiere ver y dónde lo quiere ver. No son los ayatolás de la Estelada los que han de decidir absolutamente nada, como no lo son cualquiera que todo lo resuelva enarbolando una bandera, sea cual sea.

Hay que ser muy obtuso queriendo aplicar estas cuotas porque ya existen multitud de festivales a lo largo y ancho de toda España que sirven para saciar los gustos variopintos de nuestra sociedad. Tenemos ViñaRock o Senglar Rock por ejemplo y son también un éxito. O que me dicen del FIB de Benicàssim. Allí nunca ha salido el "listo de turno" a quejarse reclamando cuotas de artistas nacionales. No. No porque se entiende que es un festival para un sector determinado de aficionados a la música. Nadie se rasga las vestiduras como aquí. Tendríamos que ser como dice el lema de la marca patrocinadora del Primavera Sound: "Ciudadanos de un lugar llamado mundo".

Los catalanes nos debiéramos mirar bien el porqué tenemos esa actitud tan destructiva de querer cargarnos las pocas cosas que nos dan dinero, nos suben la autoestima como ciudadanos y nos sitúan de forma positiva en el mapa mundial. Ya sucedió con el World Mobile Congress y aquellas manifestaciones en la puerta del recinto ferial que sumado a la amenaza de huelga del transporte público que se preveía para aquellas fechas no nos ponían en buen lugar. Ahora le ha tocado recibir a este festival que hasta hace muy poquito pasaba desapercibido para mucha gente. De veras que ese no es el buen camino.
Para finalizar, una duda que si me entró leyendo el artículo de Bianciotto cuando dice:


"Sí, otros festivales europeos de la liga del Primavera priman también a los grupos anglosajones. La hegemonía en la cultura pop es la que es, y no cambiará. Pero, ¿no podría precisamente Barcelona, ciudad a menudo vinculada a valores elevados (diversidad, creatividad, cultura independiente), construir un modelo genuinamente propio y dar más honores a nuestros artistas?"

Mi duda es: ¿se refiere a nuestros artistas también a los catalanes que cantan en español? Porque la cera que les han dado en Cataluña a gente como Loquillo, Poveda, Manolo García o Estopa por cantar en español ha sido detestable y aberrante. Basta recordar un caso que me causó profunda indignación recientemente. Sucedió durante la Gala que organiza anualmente El Periódico de Cataluña para escoger al Catalán del Año 2011 y que transmite en directo TV3. Asistí a una auténtica manta de palos en las redes sociales y en los comentarios a la noticia de la Gala, una auténtica yihad integrista nacionalista catalana solo por el hecho que habían actuado dos hermanos nacidos en Cornellà de Llobregat, de apellido Muñoz y que cantaron en...¡¡castellano!! Para estos guardianes de las esencias patrias catalanas los Estopa no representan a Cataluña, son algo exógeno a la misma y no podían actuar en una gala para elegir un catalán ilustre del año 2011. No eran bienvenidos en su mundo virtual, como no los somos los que discrepamos del nacionalismo. Ciertamente lamentable y demencial. Tan demencial como aquella pitada que se llevó Raimon en el concierto de homenaje a Miguel Angel Blanco en Madrid. Propio de mentes enfermas de nacionalismo venga de donde venga.

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