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10 d'Abril de 2012

Cuando han pasado algo más de dos semanas de las elecciones al Parlamento Andaluz me permito hacer mi reflexión de los porqués el Partido Popular, contra pronóstico (para mí no ha sido una sorpresa del todo), no gobernara, a priori, en Andalucía.

Mi ascendencia paterna granadina me ha llevado a recorrer Andalucía durante muchos años, sea como lugar de veraneo en una recóndita zona rural del altiplano granadino, la cual un amigo mío calificó una vez como: "alejada de cualquier sitio pero cercana al total olvido"; sea recorriéndola de este a oeste y de norte a sur por obligaciones de trabajo de mi padre; o bien por otros muchos motivos que me han llevado a conocer muchos lugares de esa región y muchas de sus gentes.

Esta Semana Santa no ha sido una excepción. Quise contar con la ayuda de diversos amigos de toda la vida para contrastar lo que yo pienso con lo que ellos piensan de lo sucedido el 25 de marzo y el resultado lo expongo a continuación. 

Si uno se asoma un poco a la distribición de la población en Andalucía se da cuenta que el mundo urbano, tal como lo conocemos por ejemplo en Cataluña, es muy diferente. En efecto, Andalucía tiene grandes ciudades, cierto, pero a diferencia de Cataluña donde casi el 60 % de la población vive en un radio de 50 kms alrededor de Barcelona, en Andalucía ese porcentaje es la población total de tres provincias: Sevilla, Málaga y Cádiz. También es importante notar que menos del 30 % de la población vive en las capitales de provincia. ¿A dónde quiero ir a parar con todo esto? A que pese al aumento en las zonas costeras, y en las ciudades aledañas a las capitales de provincia, existe un gran peso del mundo rural en Andalucía, de gente que vive en ciudades de menos de 40000 habitantes.

Hete aquí como dice mi buen amigo Francisco Antonio que radica una de las claves de los porqués el PP, pese a ganar las elecciones se ha quedado igual que se quedó Artur Mas especialmente en 2006: ganador de las elecciones pero perdedor a la hora de gobernar. El mundo rural es voto, califiquémoslo de cautivo si quieren del PSOE. En efecto: en las ciudades de menos de 20000 habitantes ha ganado mayoritariamente el PSOE mientras que en las grandes capitales, ciudades costeras y resto de grandes poblaciones donde el paro no azota con tanta vehemencia como en el ámbito rural, lo ha hecho el Partido Popular.

En el mundo rural se percibe la idea de que ellos no importan al mundo urbano de Andalucía, en cierta manera no les necesitan. Y en ese mundo rural, donde el subsidio de desempleo agrario se teme sea abolido por el PP y con ello lo poco que le queda a ese mundo para poder subsistir es donde cierta cultura del miedo a la derecha que pregona el PSOE triunfa con claridad nítida. Dicho subsidio me apuntan que lo cobran principalmente mayores de 50 años puesto que hoy quedan muy pocos jóvenes en el campo y con ello un futuro negro para el llamado sector primario.

Otras de las causas hay que buscarlas en el candidato. Javier Arenas representa para muchos andaluces y no andaluces el prototipo de señorito andaluz. Ese estigma no se lo ha logrado sacar con el paso de los años ni él, ni el resquemor que produce la figura del señorito a muchos andaluces. Y es que si hay un lugar donde el conservadurismo y el señoritismo ha hecho mella ha sido sin duda en Andalucía. Las corrientes migratorias que en el siglo pasado vivió esa región no se entienden sin el daño que los grandes latifundios y la figura del señorito han hecho. La cultura popular andaluza: desde el flamenco, al rock andaluz de mediados y finales de los 70, la literatura...son fiel reflejo de ese sentir. Javier Arenas era un candidato perdedor (perdió tres contiendas electorales en 1994, 1996 y 2008 antes que la del 2012). Javier Arenas pertenece a esa estirpe tan hispánica de políticos profesionales (Rajoy, Duran i Lleida, Rosa Díez, Rubalcaba...), de esos que no le hemos conocido otro oficio en los últimos 25 años que no sea el de vivir del sueldo de diputado per secula seculorum. Ustedes me perdonarán pero estoy altamente convencido que un candidato "de toda la vida" no puede representar ningún cambio político. Las balas que tenían en su recámara se gastaron hace mucho y eso les hace menos creíbles a la opinión pública.

Un rasgo más para entender lo sucedido me lo apunta un pariente lejano y buen amigo mío, José Manuel: la campaña de perfil bajo, imitación a la de Mariano Rajoy. Una campaña que tras los escándalos de los ERES falsos, los casos de corrupción interna dentro del PSOE, el "fuego amigo" de Zapatero...entre otras muchos enredos socialistas; el candidato del Partido Popular se creía que le bastaba con esperar ver pasar ante sí el cadáver político de Griñán para ponerse él a gobernar como otrora hiciera Rajoy con Zapatero. Eso sin duda ha sido un craso error. Si a eso le añadimos propuestas tan novedosas como la que me comentó mi amigo Miguel Angel de la apuesta por el ladrillo y la construcción en las zonas costeras, que, como bien sabemos todos tan bien nos han ido en España, nos da un ingrediente adicional para hacernos una idea de la decepción que se han llevado los Populares en Andalucía.

Más. Patinazos de campaña de Arenas como el no acudir al debate electoral organizado por la televisión pública andaluza por considerarla hostil a su partido y persona y no plantear alternativa. Vamos, cual Carmen Chacón con 8Tv en el debate de final de campaña de las Elecciones Generales del mes de noviembre del año pasado. Ese tipo de soberbia se paga y más cuando ya llevas sobre ti la el sambenito de chulo, señorito...y perdedor de 3 elecciones.

Otros analistas que ustedes hayan leído les habrán dicho que si el PP perdió 400000 votos respecto a las Generales, que si la alta abstención perjudicó al PP. No se engañen. Coincido plenamente con mis amigos Jesús y Tomás: el PSOE es inmensamente poderoso en Andalucía. Yo afirmaría que viene a ser lo que ha representado el PRI en México durante décadas. Tiene una red municipal parecida a la de CIU en Cataluña donde desde la base va tejiendo y tejiendo conformando su poderosa red.

El Partido Popular solo podrá ganar algún día en Andalucía con otro tipo de candidato, con un plan integral para el mundo rural y con un nuevo modelo productivo bajo el brazo que saque a Andalucía del actual turismo, tocho y campo en el que se navega sin solución de continuidad desde hace muchos años. Demasiados.

La crueldad para Andalucía es que pese a tener un PSOE desgastado, con signos de corrupción e incapacidad para sacar Andalucía de los vagones de cola de los índices macroeconómicos españoles y un Partido Popular que para muchos en aquella región simboliza el partido de los señoritos, no haya nacido una tercera vía, con el impulso necesario, que ocupara la centralidad política y se dedicara a rescatar Andalucía del caciquismo servil en la que la ha sumido el PSOE y de la herencia de mala explotación y mal gobierno casi congénito en la que se encuentra sumida.

Esa tercera vía jamás podrá ser IU seguro. Se les llena la boca de acabar con la corrupción pero casi con toda seguridad pactarán con un partido que necesita regenerarse, abrir ventanas y airearse tras 30 años de más de lo mismo. Esa tercera vía en su día podría haber sido Manuel Pimentel para mi gusto. Pero no es tarea fácil. Hacerse un hueco en ese entramado de partitocracia donde unos mandan en la Junta y los del otro color en las caducas y trasnochadas Diputaciones no es sencillo. Lástima para una región con una enorme proyección en potencia pero que en acto no consigue despegar.

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