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13 de Juny de 2011

Psicología de vasallo ante Hacienda

Soy joven y no llevo muchas declaraciones de la Renta, en concreto esta que se avecina es la cuarta de mi vida. La de este año ha sido la más compleja: datos de distintas fuentes, compilación de papeles y por primera vez, asesorado por un fiscalista que por suerte es un buen amigo. Y cuando hemos acabado de realizar la declaración del IRPF de este año he tenido una reflexión sobre la psicología que he detectado en mi mismo al finalizar. Primero el descanso de haberla terminado con éxito, faltando la ratificación de la Agencia Tributaria, y luego, una sensación de haber sido molestado. La sensación de molestia es de tal grado, que olvidas el principal motivo de disgusto que es el pago. Consiguen molestar tanto: con datos erróneos suministrados por ellos mismos, con casillas donde uno se pierde, con palabras que hacen complicado lo que es sencillo y con descuadres por todas partes; que consiguen que les cojas manía por lo accesorio y olvides que la principal molestia es pagar. El trámite, el proceso de  confección de la declaración es más nervioso, más agónico, más incordio que el mismo pago, al que uno ya está hecho a la idea. Y cuando he pensado todo esto, he recordado a nuestros ancestros, vasallos del Señor feudal, sociedad en la que el campesino, artesano o mercader agradecían al Señor que les cobrase el impuesto sin que fuese confiscatorio y sin que los mercenarios del Señor agrediesen la integridad física del contribuyente ni violasen a su hija. Muy agradecido, sí Señor. Aunque seguro que el vasallo medieval no tardaba tanto tiempo ni empleaba tanto esfuerzo en pagar el tributo, era más sencillo. Al recordar todo esto, he visto claro que la aguda molestia en la confección de la declaración nos lleva a la psicología del súbdito, en la que lo añadido hace perder de vista el problema importante. Como aquello de que si te duele una uña, córtate el dedo.  Haberme visto en esa mentalidad me molesta más que la molestia de la confección y el pago juntos. Y es porque me toca algo en mi ética y me hace cuestionar, una vez más, el sentido moral del Estado como concepto político. Y es que vemos como naturales, cosas que si uno mantiene cierta independencia mental de la inercia social y mayoritaria, no pueden ser más que muy anormales. Einstein siendo muy mayor dijo que lo más difícil de entender en la vida es el impuesto sobre la renta, viniendo de él es bastante significativo.

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