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28 de Gener de 2013

Paz entre Rivera y Rahola

Entro en E-Noticies este mediodía y me encuentro este encendido y divertido debate entre dos monstruos de la comunicación de convicciones: http://comunicacio.e-noticies.cat/rahola-a-rivera-no-conec-ningu-mes-nacionalista-que-tu-72347.html Debo decir que los dos están entre mis favoritos.

Comenzando la semana con talante conciliador he escuchado como se abalanzaban dialécticamente y he pensado que tenía que hacer algo por este par. Me he dicho: "pongamos un poco de paz y de paso hacemos una serie de reflexiones".

Comparto con Albert su inquietud sobre la legalidad. Sé que la ley es lo que garantiza la libertad individual de todos y cada uno de los ciudadanos. Y afirmo que sin respeto a la legalidad es el caos. Me gusta recordar que la democracia no es sólo la voluntad de la mayoría, también es el respeto a la minoría. Es por ello que la democracia no sólo pasa por el voto, también por la ley. Y recordando que en la historia de Europa hemos tenido multitudes muy equivocadas y poco respetuosas he pensado en Pilar que en esta afirmación me dará la razón, pensando en Israel. Con Pilar comparto la simpatía por la única democracia liberal estable y con tradición que hay en Oriente Medio. Y también comparto su pasión por la libertad, particularmente por la que ejerce con más potencia, la de expresión. Ella dice a menudo haber bebido de fuentes libertarias y eso se nota.

Como liberal suscribo lo que dice Mises: "Ninguna persona o grupo de personas deben ser retenidos contra su voluntad en una asociación política en la cual no quieren participar". También dice: "La condición de ser obligado a pertenecer a un estado en contra de la voluntad a través de votación, no es menos dolorosa que el hecho de estar obligado mediante una conquista militar". Y también dice:" El derecho a la autodeterminación del que hablamos no es el derecho a la autodeterminación de las naciones, sino el derecho a la autodeterminación de los habitantes de cualquier territorio".

Así pues, haya paz. Tengo una propuesta para ambos protagonistas de esta trifulca madrugadora. Estoy seguro de que el lector sentirá en el corazón y razonará en la cabeza la paz en esencia del siguiente planteamiento centrado en el fondo del debate que vivimos. Porque señores, no estamos en un debate sobre "democracia sí o democracia no" como algunos nos hacen creer. Estamos en un debate de fondo sobre cuál es la circunscripción de la que debemos aceptar la voluntad.

La propuesta: Albert Rivera, preocupado por la legalidad, podría defender una reforma política en España que recoja el "derecho a decidir" de cualquier grupo humano. Que un estado haga esto sería una innovación que pasaría a la historia. Y Pilar Rahola podría reconocer también, de forma definitiva, este derecho para cualquier grupo humano en Cataluña. No hace falta recordar con detalle su capítulo negando el derecho a decidir de los araneses.

Estos reconocimientos se deberían hacer en las leyes porque el respeto a las formas en este proceso se hace necesario. Ya que es la ley precisamente, la que nos ofrece la circunscripción objetiva donde celebrar la consulta y la que nos debe indicar de donde se quiere aceptar la voluntad concretamente. Esto hay que pactarlo. Rompiendo la ley y sin marco nos quedaríamos sin circunscripción objetiva y a partir de ahí si somos coherentes con el argumento democrático del "derecho a decidir" tendríamos el caos. Una vez violentada la ley, todo el mundo está legitimado para hacer las cosas de cualquier manera. La ley nos protege de otros. Podríamos tener la Cataluña civilmente rota que tanto miedo nos da a algunos.

Si nos tenemos que encontrar una Tarragona ciudad con la voluntad de permanecer en España, un Gironès con la decisión de querer formar parte del Estado Catalán y un Maresme soberano, estado y futuro paraíso fiscal; que así sea y también sea reconocido por la ley. Antes de las consultas, se debería crear el marco que nos diga de quien tenemos que aceptar la voluntad. Pactémoslo entre todos. Sin ley, la consulta es el caos porque nos quedamos sin marco objetivo donde celebrarla. Desde este punto de vista, me gusta mucho que el independentismo utilice argumentos democráticos y no tan identitarios, sentimentales y esencialistas. Estos últimos producen debates culturales, históricos y pasionales que no se acaban nunca o acaban mal. No se nos puede pasar por alto que los límites de lo que llamamos nación cultural son muy subjetivos e interpretables. En este sentido quiero citar a José Luis Rodríguez Zapatero: "La nación es un concepto discutido y discutible". Probablemente, de las cosas más sensatas que dijo.

Albert Rivera a menudo se ha mostrado profundamente reformista respecto al Estado. Y él lidera un partido de obediencia estrictamente catalana, le animo a llevar su regeneracionismo más allá de debates identitarios que a menudo también evoca el nacionalismo español.

Quiero añadir una reflexión de corte libertario: un estado que se suicide ordenadamente tendrá toda mi admiración para siempre. No debemos olvidar que un estado es una estructura de poder político y son difíciles de encontrar los líderes capaces de renunciar a parcelas del mismo. Ahora algunos me dirán "te alejas del realismo". Ya hace rato, será que la libertad en paz es una utopía ética.

Es probable encontrar un punto de acuerdo en el terreno libertario entre Pilar Rahola y Albert Rivera, estoy convencido. Sobre todo si recordamos que el Estado que nos toca, al fin y al cabo, no se elige. Nos lo imponen siempre, como los impuestos que lo mantienen vivo y por eso no se llaman voluntarios. El Estado es obligatorio y coactivo por definición, no lo elegimos al nacer, no podemos darnos de baja del DNI y lo que llamamos jurisdicción territorial es una ocupación que podríamos escribir con ka. Y todo ello a pesar de que los humanos estamos en La Tierra desde antes que los estados.

A la espera de que inventen un Estado libremente escogido y si puede ser no anclado al suelo, un servidor no puede dejar de ver una cierta contradicción en la expresión "derecho a decidir", ya que los estados que conocemos no lo son por nuestra decisión. O no por la de todos. Abandonemos los eufemismos, pongamos luz: Mises no decía "derecho a decidir", decía autodeterminación.



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