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15 de Gener de 2014

(Este artículo ha sido publicado en el digital Liberal.cat)

"Que paguen los ricos" es una expresión recurrente. "Son los culpables de la crisis", se dice. El bruto que suelta esta tesis tan elaborada no suele ser capaz de decirnos quiénes son concretamente "los ricos" ni si son todos ellos culpables y de qué; y plantea todo esto como la panacea que pagará cualquier gasto público que al bien intencionado político se le ocurra.

A estos clásicos del tertulianismo, se ha sumado la petición de subir los impuestos a las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), SICAP para el tertuliano común. Obsérvese, que el relato mediático de la crisis ha estado plagado de cocos a quien acusar de todo tipo de maldades ante un público tratado de forma infantil: los mercados, los especuladores que "nos atacan", las agencias de calificación que nos tienen manía, "la Merkel", los neoliberales, "las SICAPs", etc... En distintos episodios, todos estos cocos han sido utilizados tanto por tertulianos de la derecha como por los de la izquierda, aunque éstos últimos han disfrutado más de tan socorrida y vacua fórmula. La crisis ha llenado la prensa generalista de temas especializados y el tertuliano ibérico común, bastante perezoso ante asuntos económicos, ha tirado bastante de su habilidad picaresca para parecer que dice algo sustancial.

Las SICAV. Con el crédito bancario a empresas reducidísimo, escuchamos mucho sobre la necesidad de que "fluya el crédito". Y es posible ver que esta abusada expresión es empleada con frecuencia por la misma persona que quiere expulsar del país a quien capitaliza empresas. Eso es una SICAV, un vehículo de inversión que nutre a empresas y al país que tanto capital necesitan en una crisis que es de balances, de sobreendeudamiento.

Durante la depresión económica que vivimos, hemos descubierto de forma abrupta la enorme dependencia del crédito bancario que tiene nuestro tejido empresarial. Y es lógico que esto sea así, si tenemos en cuenta el largo tiempo que hemos vivido bajo una expansión artificial del crédito, patrocinada por los bancos centrales, que acostumbró a los agentes económicos a nutrir toda su actividad con este tipo de financiación. El crédito abundante y barato suele acabar nutriendo muchas malas inversiones que hay que purgar y eso es una crisis: la digestión de insolvencias acumuladas. Aparece el miedo, la desconfianza, se descubre la ficción económica vivida y se seca el crédito. Ante estos hechos, no pocos expertos insisten en que la financiación a empresas debe dejar de depender tanto del crédito bancario para encontrar nuevas fuentes de financiación fundamentadas en el ahorro local y en la inversión directa nacional o extranjera. Se habla de reforzar el papel del mercado de capitales en la financiación de las pymes, del capital riesgo, de los business angels y se está fomentando el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) tanto en renta variable como en renta fija.

Las SICAV tienen su papel. Son un vehículo para canalizar el ahorro hacia empresas que ya pagan el Impuesto de Sociedades. No tiene sentido que tributen como ellas. Además, el inversor en una SICAV paga el IRPF sobre el ahorro cuando se liquida la posición o cuando se cobra un dividendo. Recordemos además que el IRPF sobre el ahorro es el impuesto que más ha subido el Gobierno del PP contra lo que prometía en la página 43 de su programa electoral. Las plusvalías producidas en menos de un año han sido traspasadas a la escala de los tipos marginales del IRPF y las generadas en más de un ejercicio y los dividendos tributan, según su importe, al 21%, 25% o 27%. Recordemos que hace sólo cuatro años toda esta tributación era más simple y del 18% sobre cualquier plusvalía generada sin distinguir plazos. En una crisis de deuda sin precedentes se ha penalizado el ahorro, es de premio... Y todo para seguir sosteniendo el improductivo y casi intocable gasto corriente de la administración.

Las SICAV pagan un 1% sobre sus beneficios como cualquier Fondo de Inversión, éstos últimos también invierten en empresas que a su vez pagan el Impuesto de Sociedades. Se trata de instrumentos que permiten especialización en la inversión, gestión según preferencias de producto, temporales o de riesgo y la CNMV exige cumplir unos requisitos para su creación. Con frecuencia se habla de las SICAV como si fuesen un vehículo de difícil acceso para el gran público y eso no es así como cualquiera puede observar en el catálogo de productos a contratar de cualquier banco o sociedad de valores. Es curioso cómo de los Fondos de Inversión no se comenta absolutamente nada respecto a su tributación cuando es la misma que en las SICAV y un servidor sospecha que es porque el gran público los conoce más y eso impide señalarlos como coco que es lo buscado por la demagogia cotidiana.

Es cierto que con las SICAV se producía un truco legal para posponer el pago del IRPF en la base del ahorro: algunos grandes inversores, con participaciones de control en la sociedad, en lugar de repartir dividendos o liquidar posiciones practicaban una reducción de capital. Pero eso fue solventado por la última reforma de la ley que hizo la Ministra Elena Salgado en 2010.

Subir los impuestos a las SICAV se plantea como una panacea desde el punto de vista de los ingresos fiscales. En este sentido hay que ir a las cifras, el patrimonio de las SICAV ronda los 25.000 millones de euros. Cobrar lo mismo que en Sociedades (tipo efectivo medio del 19%), a una hipotética y generosa rentabilidad media del 7%, significaría recaudar unos 300 millones. No hace falta comentar mucho más, esto no es una gran solución presupuestaria. De hecho, pretender recaudar esa cifra expulsaría ese capital del país y eso tendría un efecto perverso más intenso que la muy supuesta bondad de la recaudación que además sería cercana a cero. Es por eso que a ningún Gobierno se le ha ocurrido tocar las SICAVs a pesar de la enorme presión recibida. No le compensa a Hacienda, ni a nuestra economía ya muy descapitalizada y con un frágil sistema financiero.

En lo que va de crisis el consumo ha ganado peso en el PIB, casi cuatro puntos. La inversión ha caído casi en 13 puntos. En cambio en televisión sólo escuchamos el lugar común de "hay que reactivar el consumo". Está muy bien que el consumo se dinamice pero no sobre bases insanas y crédito fácil, eso ya lo hemos conocido recientemente. Necesitamos ahorro para recuperar la inversión hundida y ser amables al capital extranjero para recuperar la fuerte caída de este factor en el PIB durante los años de crisis. Criminalizar a "los ricos" como un coco -o a las SICAVs- no ayuda. Debemos sembrar para cosechar, invertir para luego poder gastar. No gastar por gastar y profundizar así en los desequilibrios fruto del abuso de crédito. Escuchando a algunos se diría que no quieren especializar a este país en nada más que en la compra y nuestro enorme déficit exterior durante la burbuja (ajustado durante la crisis) nos recuerda que eso es insostenible. Algo que se resisten a entender los antimerkelianos. Capitalismo es competitividad, ahorro, inversión (que es empleo) y finalmente consumo. Poner éste último en el primer lugar es descapitalismo que es la ruina, y por lo tanto, el fin seguro del bienestar.

Para los que viven atónitos, quiero decir que quien puede escapar de un Estado acaparador lo hace. Muchos autónomos lo hacen internamente en la economía sumergida y "los ricos" tienen desarrollada esa capacidad hacia el exterior. Y si no se les deja ir no viene ninguno y entonces somos más pobres. Tenemos el esfuerzo fiscal más alto de la UE, sea Ud. consciente de que cuando reclama más impuestos a "los ricos" lo más normal es que Ud. acabe siendo víctima de su propia arenga. Suele pasar que cuando la gente pide más impuestos piensa que los va a pagar otro. Y no: mientras el que puede se escapa, el Estado incontrolado arrambla con todo lo que pilla y la única limitación en democracia sólo la puede encontrar en un ciudadano desconfiado y un contribuyente tacaño. Si Ud. no ejerce de eso, como sucede, el Estado encontrará en Ud. al rico pagador que el demagogo electoral lincha.

Un país próspero es un país capitalizado financieramente, humanamente y técnicamente. No ganaremos nada excluyéndonos del circuito del capitalismo global, así lo prueba la experiencia alrededor del mundo.

Sólo me falta pedir una cosa: más SICAVs domiciliadas en España. Por favor.

@AzoteLiberal en Twitter

 

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