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08 de Març de 2014

Muchos predican contra la utopía y comparto su visión cuando intentar hacerla realidad supone una agresión contra la libertad y el derecho individual. Que es lo sucedido con las ideologías revolucionarias como el marxismo, el fascismo, el nacionalismo o el radical-democratismo que pretenden diseñar un Hombre Nuevo. En ese sentido el liberalismo libertario es antiutopista. Y afirmo su superioridad moral cuando acepta que quien se quiera organizar bajo esos modelos colectivistas lo haga libremente.

Algunos usan la palabra utopía en tono acusatorio, pretendiendo así desacreditar, marginar y excluir con ello unas propuestas políticas y económicas concretas. Otros desde el conservadurismo atribuyen al utopismo gran peligrosidad que quizá no le corresponde, al menos directamente.

Quisiera afirmar en este texto que no es incompatible sostener la utopía ética de cualquier ideología con el posibilismo obligado de cualquier operativa sobre la realidad presente. Son dos campos de actuación perfectamente complementarios. El primero suele ser interpretado como más radical cuando es comunicado, pues va a la raíz de lo que debería ser, en integrismo. El segundo suele ser interpretado como más pragmático, pues va a lo que podemos avanzar gradualmente en una dirección. ¿En qué dirección? Al fin y al cabo la de la utopía ética. Sin ella no hay proyecto ideológico. No hay destino ideal.

Sostener una utopía no tiene por qué impedir el análisis de la realidad, la ideología debe ser el diagnóstico y recetario fruto de lo que se ve, no lo que se ve fruto de la ideología. O al menos eso deberíamos pretender si nos importa lo más mínimo la verdad. Y si tenemos algún aprecio por el método científico y la razón. Además, si no intentamos reconocer la realidad y caemos en el voluntarismo utopista entonces el avance será imposible y la utopía será más utopía que nunca.

No quiero dejar de destacar que hay un riesgo cuando una ideología política abandona su radicalismo ético y es que sus competidoras no se rindan en ese terreno. En ese caso se producirá un desplazamiento del eje central del debate público hacia las ideologías que no han renunciando a sus argumentos morales. Así que los radicalismos, la comunicación de las raíces axiomáticas de los postulados, tienen su papel y es tirar desde la base argumental para que el eje medio del debate no se desplace en exceso hacia un extremo contrario. La rivalidad dialéctica es sana y útil. No hay rivalidad, hay dominación discursiva cuando un extremo abandona. El liberalismo tiende mucho a abandonar sus postulados éticos, quizá por eso el socialismo avanza sin cesar en el terreno cultural -a pesar de que en el práctico se ha mostrado inútil- hasta dominar en las filas de sus supuestos críticos, por ejemplo, en el PP.

Volviendo a las utopías, su peligro está cuando no se reconocen como tal. Todo el mundo tiene modelos de perfección, son centros de gravedad que nos atraen. Son nuestros referentes, nuestras misiones, representan objetivos, etc... Todos tenemos modelos de perfección y no sólo ideológicos, pueden ser vitales, emocionales, personalistas, técnicos, religiosos, etc... ¿No es el Cielo una utopía? Sí, una utopía fuera de la vida mortal pero que tiene implicaciones conductuales aquí, en lo terrenal. En este sentido, es curioso que las principales críticas al utopismo vengan del conservadurismo, el tradicionalismo y el reaccionarismo cuando suelen abanderar una de las utopías morales más populares: el Cielo. Y también tiene su distopía: el Infierno.

Las utopías éticas no son peligrosas, son la idealización espacial de nuestros principios. Lo peligroso es no ser consciente de que las utopías son eso, una idealización, una perfección que jamás será vivida. Lo peligroso es no ser consciente de que el papel lo aguanta todo, tener la arrogancia del planificador. Lo peligroso es agredir en nombre de la utopía a personas que no las comparten, que tienen su propia utopía ética, no dejarles hacer en libre interacción y comunidad. Hay tantas utopías como individuos. Todos tenemos un subjetivo modelo de perfección y la gente cuerda lo reconoce de realización altamente improbable o directamente imposible. Lo peligroso no es la utopía ética, es ansiosamente querer vivirla a toda costa en nuestra corta vida y esclavizando la ajena. Reclamo un utopismo deprimido y que se sabe frustrado en origen. 

@AzoteLiberal en Twitter

 

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