e-Noticies | Blogs blogs e-noticies e-noticies.cat

03 de Desembre de 2013

Constitución de Cataluña: "Nosotros, el Pueblo de Cataluña menos una mitad, declaramos que...".

Este podría ser un inicio sincero. Pero las constituciones están llenas de mentiras en beneficio de la épica que perfuma la cloaca política. No ilusiona un texto fundacional comenzado de forma tan cruda, ¿verdad?

¿Con qué porción electoral se está en condiciones de decir "Nosotros, el Pueblo..." sin mentir mucho? Lo digo porque en esto siempre se incluye a gente que no quiere formar parte del "Nosotros ", esto la mayoría social antilibertaria lo ha perdido de vista, si alguna vez ha tenido en cuenta que votar no es exactamente lo mismo que poder elegir. El Estado y el proyecto de Estado son demasiado obligatorios, lejos del derecho a decidir individual. Y el lenguaje legal a menudo ofende a personas y también a la verdad. La pluralidad real siempre joroba los planes de la abusada y coactiva primera del plural pronunciada por el poder público. "Nosotros y los coaccionados declaramos que...", es así como empezarían las constituciones del mundo, si los estadistas fundadores dijeran toda la verdad.

Calma, ahora me pongo pragmático. Soy partidario de la consulta porque nos daría una información relevante que algunos queremos conocer. Tan sólo su celebración aliviaría la tensión social generada por los gobiernos durante los últimos tiempos. Pero aviso: si se hace, mirando los probables resultados y el show montado por la pregunta, no servirá para decidir nada, ni servirá para nada más que para lo que he dicho. La consulta está sobrevalorada pero me gustaría ir a votar en blanco o abstenerme. A mí, esta gentecilla que nos gobierna no me lía nunca más en sus oportunismos electorales y sus literaturas medio escritas convenientemente. A la mayoría de vosotros todavía os venden burras cojas y de cartón aunque vayáis diciendo que desconfiáis. ¿Os acordáis del Estatut? Lo pulió el Tribunal Constitucional y la realidad económica a diario. La consulta, se haga o no se haga, será pulida por las cortantes condiciones materiales. Competid individualmente sin hacer daño a nadie y dejad de esperar lo que el Estado o el proyecto de Estado puede hacer por vosotros. Veréis como uno está mejor, se avanza más y se molesta menos a los demás.

El resultado de la consulta no nos arreglará nada porque el resultado no cambiará ninguna de las tres realidades que tenemos: la internacional y europea, la financiera y la social catalana. Ya he dedicado unos cuantos artículos a las dos primeras, este está más centrado en la última.

Los políticos, con sus argumentarios enlatados repetidos hasta una fatiga que desconecta a todos menos a los viciosos de la política, obvian las realidades que no interesan para su discurso. Ni las tratan, pero no las ignoran. Y una buena cantidad de ciudadanos de este país sólo atienden a realidades que encajan en sus preferencias más emocionales. No por ello, las incómodas presencias desaparecen. Lo volveré a decir porque sirve de terapia social y quizás hace madurar a alguien: la independencia de Cataluña no sólo depende de la voluntad de los catalanes expresada con un voto. Grabaros esto con fuego. Este voluntarismo epistemológico ha presidido toda la retórica en torno al famoso Proceso y la consulta. Y el poco interés por ciertas realidades molestas es un síntoma de que buena parte del independentismo no va en serio, quien quiere realizar un sueño opera sobre las realidades, no sólo sobre las exaltadas voluntades. Menos aún sobre la metafísica de una inexistente, fuera de la gramática, voluntad colectiva.

Afirmar sujetos colectivos es hacerse una fantasía homogeneizadora de carácter social, este es el centro del discurso de todo soberanismo nacional o de clase. De aquí surgen abusadas analogías como la del divorcio o la de la comunidad de vecinos cuando se debate sobre la independencia . Se tratan grupos de millones de personas como si fueran una sola que toma decisiones. Y no. Resulta que la realidad social de un territorio es más plural, más compleja, más dinámica y está formada por millones de voluntades que están en cada uno de nuestros cerebros y se actualizan en tiempo real. No hay "un solo pueblo" ni en Cataluña, ni en España, ni en Europa, ni en Camprodón; por mucho que pueda decirlo un texto legal o de otro tipo. Esto forma parte de la obsesión identitaria del proyecto perverso del Estado-Nación fruto de la Revolución Francesa y del Romanticismo. Tener todo esto presente ayuda a entender que: la consulta puede ser buena, pero no cambia una realidad y es que la sociedad catalana es brutalmente plural. Como podemos ver en el guirigay sobre la pregunta formado en un parlamento donde hay nueve partidos.

La diversidad es algo que celebra cualquier amante de la libertad y enemigo del aburrimiento, pero hay gente que no celebra la pluralidad catalana tal como es porque viven con miedo, con odio, en reacción frente a otro nacionalismo, con violencia interna y con frustración. Durante este período me he cruzado con algunos militantes independentistas con una ilusión siniestra influida por la politología más comercial. Dicen que después de la hipotética independencia el eje nacional desaparecería en el mapa de partidos catalanes. Hablan de ser "un país normal" también en este sentido. Aquí vemos la fantasía homogeneizadora de todo nacionalismo, ésta la tiene también el español bien jacobino. Quien afirma esto está masturbando su conciencia nacional imaginando un Estado Catalán donde no habrá nadie representando la sensibilidad nacional española, la comunidad lingüística castellanohablante o la defensa de la reunificación con el Estado Español. Suponiendo que Cataluña fuera un nuevo Estado, el llamado eje nacional no desaparecería de la escena política catalana de un día para otro básicamente porque la sociedad que tenemos es la que tenemos. Las incómodas presencias no desaparecen, si no se las elimina violentamente. La pluralidad de individuos es material. La nación homogénea está en la peligrosa imaginación de los obsesionados con que cada Estado se corresponda con una nación cultural de límites siempre interpretables. Puedo poner de ejemplos un puñado de parlamentos donde el eje nacional no ha desaparecido del debate político después de la independencia. ¡Ni antes!, como es el caso de España. Anunciar esta ilusión es de las cosas que más me han puesto los pelos de punta durante el último año. Es una declaración de intenciones de influencia balcánica, no báltica.

Si una consulta se debe hacer legalmente es precisamente porque el individuo es la única unidad material de soberanía. No conocemos otra. Y en este punto nace la pluralidad social: somos individuos que podemos actuar y el límite debe estar en los derechos de los demás. No podemos olvidar que la democracia es un valor instrumental, no un valor final. La ley nos da la circunscripción de la que podemos aceptar la voluntad mayoritaria. Y este marco a día de hoy no sólo depende de los que "tienen prisa" en afirmar "Nosotros, el Pueblo..." dejándose la mitad por el camino. Los demás te tienen que reconocer y esto se tiene que pactar: en España, con Francia, con los demás socios de la UE, con los acreedores, con el BCE que sostiene el sistema financiero, con la OTAN, con los Estados Unidos y con el Mundo en la ONU, en la OMC, en el BPI, en el FMI y en Eurovisión. Todos estos agentes tienen algo o mucho que decir. "Soberanías compartidas" lo llaman los que saben. Mas ha dicho con razón: "si no te reconoce nadie, las independencias son un desastre monumental".

Todo el mundo habla en nombre del Pueblo, aquí incluso lo hace Teresa Forcades que a menudo habla en nombre del 99%, cuando ella representa el 1%. Y su proyecto se hace llamar Proceso Constituyente, sospecho que la humildad no es la gran virtud de la monja. En Cataluña, el resultado de la consulta no serviría de nada porque persiste la igualación aproximada entre independentistas de todo tipo y unionistas de todo color. Esta situación se observa en el voto de las elecciones al Parlament de Catalunya. Y quiero destacar que las sociedades pluralistas tienden al empate cuando se trata de optar entre A y B. Siguiendo la profunda crisis venezolana he pensado mucho en este tema, allí el oficialismo utiliza la palabra Pueblo para violentar gravemente a la mitad de la población. La fractura civil es absoluta y acabará mal.

"Nosotros, el Pueblo..." siempre es una mentira, siempre se incluye gente sin permiso. Yo nunca lo diría con la rotundidad de la calle y de las constituciones. Pero la expresión es aún más falsa cuando esta asociación no tiene un muy amplio permiso de los socios y eso también va por el Estado Español que quiere ser francés. ¿Solución? Cuando me la paguen la doy con detalle. De momento digo que menos poder para los planificadores centrales, más mercado y Gironda. Mucha y flexible Gironda es control del poder, paz y comercio.

 

@AzoteLiberal en Twitter 

 

 

 

 

Tafanera

Blinklist

Fresqui

Del.icio.us

Barrapunto

Digg

Menéame

Twitter

Facebook

Enviar a un amic  
1429
0
TORNAR