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07 de Juny de 2012

Esperanza Aguirre se va

Da pereza escribir sobre fontanería.

Los cuadros del PP de Madrid ovacionan a la líder por restarles posibilidades de permanecer en el escaño, o de ocuparlo. ¿A que eso no puede ser? No tiene precedentes en un partido español ni en la historia de la humanidad y del poder. Ni en Al Qaeda jalean tanto el martirio.

Ya sabemos la versión oficial de por qué Aguirre toma esta austera y populista decisión de dejar la Asamblea de la Comunidad al 50% en escaños. Pero nunca escribo algo para repetir lo que dicen los millones de palmeros adictos al argumentario. No voy a decir entonces que Doña Esperanza es divina y que por eso lo hace. Así que especulemos sobre qué puede impulsar a Aguirre, la política profesional, a practicar este suicidio partitocrático sin precedentes.

Parto de la idea de que mi lector habitual desconfía del poder. Y desconfía más, del poder de los partidos en nuestro sano sistema político. Desconfiemos pues.

Dejar a medio partido sin escaño es atacar al aparato, a la esencia de su existencia material, es atacar el modus vivendi de decenas de nombres relevantes que tienen las listas de afiliados plagadas de amigos y familiares y que han logrado la lealtad de decenas de concejales y técnicos. Además esos nombres relevantes de partido poseen información valiosa sobre la fontanería que jamás debe ver la luz. Esos son los directamente perjudicados por la medida de la Presidenta. ¿Por qué los ataca? ¿A quién está atacando en concreto? ¿Qué cuadros quiere debilitar?

No es ningún secreto que el PP de Madrid ha tenido muchos líos internos recientemente. Tenemos el ya olvidado caso Gürtel, supuesto espionaje entre amigos, muchos follones derivados del caso Caja Madrid-Bankia... Recordemos también el capítulo del cese de Granados en el partido. Gallardón además, está ganando peso en la dirección nacional del partido, ha aprovechado su cartera en el Gobierno con habilidad para sacar su perfil más conservador y familiar. Eso no ha sido casual. Gallardón se prepara para ser el nuevo elegido, siguiendo la vieja tradición sucesoria del Partido Popular. En este contexto, después de todo lo comentado, va Aguirre y sacude al aparato del partido en la Comunidad.

Ahora hablemos de biología. ¿Qué edad tiene Esperanza Aguirre? Sesenta años. Seis más que su competidor Gallardón. Este último tiene menos prisa que Aguirre, primero por su edad y luego por su posición en el Gobierno. Gallardón ha dejado de ser el patito feo para ser el más claro ejemplo de centrista reformista malabarista. Parece incluso que haya copiado el estilo Rajoy de discreción climática. Aguirre no tiene la posición de Gallardón y se le va pasando el arroz, si ella cuenta con que Rajoy no va a durar mucho -teniendo en cuenta que hablamos de tecnocracia a diario- puede que su prisa de lideresa la esté conduciendo a moverse de forma poco disciplinada. Hay que decir que cada día menos disciplinada. Los sorayos llegan a todas partes. Aguirre va quedando en cuarentena. Aumenta la presión, las decisiones pueden precipitarse. Toca calentar una pitada en un partido de fútbol. Puede pensar: "arengamos el patrioterismo más estético y luego suprimo coches oficiales y me cargo el 50% de la Asamblea. Divino para el populacho popular".

Todo esto va en la línea de la primera opción que contemplo especulando. Esperanza Aguirre planea su salida del Partido Popular. En la política partitocrática se pueden hacer muchas cosas menos restarle escaños al partido. Aguirre se está marchando y se está poniendo las cosas a medida. La reducción de la Asamblea será efectiva para la próxima legislatura y tener un grupo de 36 diputados hace más fácil irse del PP. Si te llevas el grupo, te lo llevas más enterito. En un grupo de 72 la disidencia es natural en el Bloque Occidental. Y sin escaños, los enemigos de Aguirre que son los amigos de la planta séptima de Génova; no son nadie. En los partidos españoles quien hace la lista manda y en Madrid la sigue haciendo Aguirre. Una guardia pretoriana de 36 es más viable. Una guardia de 72 no es pretoriana, contiene traidores.

Para tener más pistas sobre la materia debemos atender a los decibelios de los aplausos en las filas del PP madrileño ante la medida anunciada. Muchas cabezas con acomodo institucional van a disfrutar de su última legislatura en la Asamblea. Suprimir la mitad de escaños del partido es un suicidio en el liderazgo interno del mismo. ¿Por qué Rajoy no suprime las diputaciones? Por lo mismo.

Aguirre cada vez parece más suelta y eso en el PP culmina siempre de forma similar. La operación Cascos fue vista con simpatía por círculos cercanos a la Presidenta y ella no escondió sus preferencias en medio del pasteleo en Asturias. Aguirre detecta descontento electoral con Rajoy, entre liberales no digamos y en Madrid más... Afirmo en mi artículo "La abstención como herramienta de cambio político" que un liderazgo interno marginado oliendo un electorado huérfano es una escisión asegurada de un partido. Y si miramos a la intervenida Grecia veremos cómo han proliferado las escisiones a lo grande.

Aguirre está maniobrando. El para qué lo veremos pronto. Y en política hay tiempos, pero no hay muchas casualidades. ¿Aguirre está dejando el PP o está dejando la política?

Si seguimos especulando, la segunda opción es que Aguirre se esté retirando de la política. Y quiera quedar como esa lideresa que una vez pudo tener el Partido Popular y que no tuvo. Quedar fenomenal como una firme partidaria del Gobierno Limitado a la que no dejaron hacer mucho. Pero eso sí, fue la primera en la política española en reducir el número de escaños de un Parlamento. Una jubilación política de Gloria. ¿De verdad? ¿Es eso? Especulen. Hay materia.

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