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05 de Gener de 2012

El nuevo Coco: Las Agencias de Calificación

Voy a decir su nombre completo porque últimamente se le llama simplemente "zetapé", y tampoco es plan. Si José Luis Rodríguez Zapatero tiene problemas para dormir, que sería lo más razonable ahora que ya sabemos  lo mal que nos sentaron a todos sus dos tardes,  tengo una nana muy conocida para él. Con toda mi buena voluntad, le deseo felices sueños con un "Duérmete niño, duérmete ya, que viene una Agencia y te comerá". Es muy adecuada, porque él ha sido de los que ha vendido a la ciudadanía el Coco de la década: Las malvadas Agencias de Rating. Hace falta que diga con qué tono perverso hay que leer esto último. Repitamos: Las malvaaaaaadas Ageeencias de Raaating.

Primero destacar algo que no suele decirse en medios generalistas, las Agencias de Rating tienen clientes. Y viven de ellos. ¿Y quiénes son? Pues las empresas, entidades y gobiernos. Si, los gobiernos pagan por ser calificados. Es decir, que los gobiernos europeos, tan propagandísticamente críticos con las Agencias de Calificación son sus principales clientes. Por eso debe ser que suelen usar a la Comisión Europea para cargar contra ellas. La Comisión aún no emite Eurobonos y no es cliente.

Los Estados necesitan a las agencias para acreditar que los papeles de deuda que venden masivamente en las subastas son de calidad. De ahí, el absurdo hasta asqueroso, que alguien sugiera, desde la burocracia europea, que deba crearse una agencia de calificación gubernamental. Sería como un alumno poniéndose las notas a sí mismo. Esto es evidente para cualquiera que sepa lo más básico sobre esta cuestión, como yo, lo básico. Pero oh! Todas las tertulias están repletas de "creadores de opinión" repitiendo que hace falta una Agencia Europea de Calificación. Además, otro brote conspiranoico es decir que las que hay son americanas, así, en seco. Como si las agencias de rating en el mercado global tuviesen realmente patria. Introducir más competencia en el sector es bueno, claro, pero el impulso de creación debe ser de la sociedad civil europea. La creación de una nueva Agencia no puede ser gubernamental. Sería otro gasto inútil. De hecho los Tribunales de Cuentas ya deberían servir para calificar de buenas o malas las actuaciones presupuestarias de los gobiernos y ya vemos para qué sirven.

Uno está agotado de que charlatanes repetitivos agregados de algún modo a lo público, releyéndose en un bucle sin fin los unos a los otros; se paseen por tertulias propagando tópicos y leyendas leídas en los artículos de sus colegas por la mañana. Todo el día están con las agencias de calificación en la boca, cuando la mayoría de ellos hace tres años no sabía ni  que existían. A eso se le llama moda y esta incomoda. Las agencias se dedican a opinar como ellos y se equivocan como ellos, como todos al opinar, como yo mismo ahora. Y desde mi punto de vista profesional debo desmontar la leyenda.

Ahora viene la sorpresa. Las Agencias de Rating no influyen tanto en el mercado como nos quieren hacer ver los medios generalistas haciendo de voceros de la clase política. El mercado, en su labor de descontar expectativas va bastante por delante de ellas. La calificación que nos debe importar de verdad es el precio de los bonos, ese que suma las opiniones y percepciones de millones de inversores y miles de operadores de mercado. Si un inversor o gestor de renta fija, esperase la calificación para tomar sus posiciones no duraría ni tres meses en su puesto. Así que la verdadera calificación del riesgo es la del mercado, la del precio de los bonos. Y para ser claros, hace mucho tiempo q el mercado valora peor nuestros bonos que las Agencias de Calificación que una vez más son blandas. Y van retrasadas al mercado por definición, siempre ha sido así. Es cierto que los fondos de inversión más comerciales dependen de la calificación para ponderar las diversas deudas en sus carteras, porque deben cumplir los criterios que definen su fondo ante el cliente, pero eso no moviliza en exceso los precios de la deuda. Insisto, si un gestor esperase para tomar o deshacer sus posiciones, a que el periódico leído por  María García publique con traca y confeti la calificación de S&P, Moody's o Fitch; lo dejarían calvo en un par de días.

¿Y a qué se debe tanta obsesión mediática con el tema? Pues a lo de siempre. En esta Europa de gente dócil al poder, de medios y políticos retroalimentados, es normal que si los segundos señalan a un cabeza de turco, se le despedace en la plaza pública. Obedezca la acusación a la verdad o no. Aquello tan viejo de matar al mensajero. Lo que no va a hacer el poder público en ninguno de sus niveles, es entonar el mea culpa. ¿Eso sería político?

Siento repetir una vez más, que la burbuja de crédito no se hubiese producido sin la voluntad política de toda la clase dirigente occidental durante los últimos casi veinte años. Bajaron los tipos para fomentar el último rally de crecimiento, porque hace ya muchísimo que tenemos problemas de productividad y competitividad. Los bajos tipos interés siempre disminuyen el control de riesgos en todos los agentes económicos y es un detonante esencial para la generación de burbujas por el tirón de la demanda. Y el precio del dinero, no lo pone el mercado, no tiene un patrón, no está en relación a la cantidad de oferta de ahorro. El precio del dinero lo fijan los políticos a través de la Banca Central. Jaja, sí, esa que es independiente y vela por una baja inflación. Pero que a toque de pito político se pone a comprar bonos. Quién nos ha endeudado públicamente es evidente quién es; y quién se ha endeudado privadamente, sea banco, empresa o familia, ha actuado con razón económica en relación a la señal del precio bajo del dinero, que lamentablemente, también dictan los políticos.

A mí no me han endeudado las Agencias de Calificación. Y como no tengo deuda privada, porque soy un chico austero que no se mete en líos más que cuando escribe, los únicos que me han endeudado son los nueve gobiernos que tengo sobre mi cabeza. Pierden las elecciones, se van y el pufo nos lo comemos nosotros. Por eso hay que poner límites constitucionales a la deuda.

Otro argumento típico en los medios generalistas es el de que las Agencias se equivocan. Pues claro. Por eso el auténtico calificador, que es el mercado, les hace cada vez menos caso si alguna vez les hicieron mucho. El precio de los bonos manda y va por delante. Y es de donde sale la tan mencionada prima de riesgo, algo que muchos tertulianos parecen no tener claro. Pero analicemos el tan ilustrado argumento de algunos opinadores habituales. Dicen repetidamente que las agencias se equivocaron con la deuda de  Lehman o con las titulaciones subprime, y así es. Quién dice esta frase así, no suele saber que se equivocaron con muchos más títulos... ¿Y qué hicieron las agencias? Pues calificar de buena, una deuda que no lo era, sobrevalorarla. Pero resulta que los que hacen esta crítica, a renglón seguido, critican a las Agencias por poner mala nota a la deuda europea. Sería de risa si no alterase la psique de cualquiera mínimamente lógico. Es decir, primero atacamos a las agencias por equivocarse al alza y ser "blandas", y ahora que se ponen "duras" porque no quieren repetir errores pasados, las atacamos por lo contrario. La falta de coherencia es otra característica típica de todo azote al mensajero.

¿Qué solución cutre nos propone el brillante político europeo? Limitar la expresión de las Agencias, claro, de una originalidad totalitaria. Imagino que luego nos prohibirán decir aquello tan usado de "este país es una mierda". Porque es decir exactamente lo mismo que cuando una Agencia de Rating dice que un bono es basura.

Los ciudadanos conscientes saben que quién les ha dejado el boquete de déficit son los políticos de todos los partidos, las Agencias de Rating no han endeudado a nadie, ha sido la vida alegre de la administración. Que por cierto, en nuestra economía estaba y sigue estando, al mando de casi todas las Cajas de Ahorro quebradas. Que han sido rescatadas por ese engendro político-financiero llamado Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria.  No te fíes nunca de la intención de algo con un nombre tan monstruoso. Sin el problema político de las cajas, esa tan reclamada banca sin ánimo de lucro, España tendría la economía mejor valorada en el exterior. Y las Agencias no nos tendrían tanta manía.

Por suerte ya todos tenemos un poco más claro que el déficit cero no era ningún postulado fundamentalista, es lo que hace sostenible un Estado del Bienestar, siendo algo que aún quiere tener la mayoría. Para Zapatero la nana de inicio. Para la gente normal, la nana pertinente es: "Duérmete niño, duérmete ya, que viene Hacienda y te comerá". 

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