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23 de Novembre de 2012

Nación:

No sabía cómo decírtelo y he encontrado la manera y el valor, al fin. No siento nada por ti. Y no, no es que me haya desenamorado, es que jamás sentí nada por ti. No, no te engañé. Sabes que nunca me declaré a ti. Tú diste por hecho que yo también te amaba porque la presión social es elevada, todo el mundo dice que hay que quererte, diste por hecho que debía formar parte de ti y además muchos dicen que no se puede pensar más que desde tu punto de vista. Me dicen que eres buena, que me ayudas en tiempos difíciles, que quieres a los que se te acercan; pero es todo un engaño. A mí sólo me cuestas oportunidades y euros. No debo seguir siendo insincero, nunca te declaré mi amor pero tampoco hice lo contrario. Y hoy sí.

No sólo no te quiero, es que no creo en ti. Todos se pelean por definirte, por delimitarte y nadie se pone de acuerdo. Y digo yo, que si tanto desacuerdan por ti, por conocerte, por concretarte, por materializarte con leyes; será que no existes mucho. O no más que cualquier idea en la que se puede creer o no. Las ideas que tienen fuertes vínculos con la realidad no suelen conducir a tantas polémicas epistemológicas. Son más evidentes a los sentidos, están más cerca de la anatomía y la química humanas. En cambio tú, todo el día proclamas con pasión lo que eres, diferente de... Más extensa que... Todos compiten por ver quién te quiere más y yo no voy a ser partícipe de este juego estresante y estéril. Paso de ti. Desde hoy cobro mi independencia, en el fondo siempre la tuve porque nunca te adoré. Pero ahora además de independiente, soy sincero. Propago mi escepticismo, publico que me dejas frío, hierático, que me das igual, que no me pones nada. Algunos dicen que la única libertad que no se puede limitar de forma práctica es la de pensamiento, tú lo intentas cada día con tus fans, pero realmente no puedes tener la certeza de que todos te quieren, hoy te confirmo que algunos estamos hartos de ti. Podrás limitar sí, esta expresión de desamor, pero jamás podrás limitar la libertad que supone no quererte. Aprovecho para recordarte que la traición requiere la previa jura de lealtad.

Nadie puede delimitarte con claridad sin discutirse con alguien, a menudo su vecino. Así que como concepto eres arbitraria, caprichosa, nada objetivable. Como el intento de concretar y materializar la felicidad: al gusto. Creo que lo que no podemos delimitar con cierta claridad no existe. Y por lo tanto, irremediablemente, quien intenta legislar sobre ti, Nación; comete un atropello y una imposición. Legislar sobre sentimientos, sobre los de pertenencia, es un abuso intolerable por parte del legislador. Uno más y quizá el mayor. Quizá el más genuino atropello del llamado Estado-Nación. Nada más íntimo y personal que los sentimientos. Nación, hacer una ley que te describa, que nos obligue a ti y que intente convertirte en algo físico; no pasa de ser un delirio. Una locura de quienes pretenden convertirte en un becerro de oro para borregos de carne y hueso, una majadería construida por quienes pretenden representarte ganándose así tus favores y unos suculentos privilegios legales. Eso es el Estado, la corte que te han montado con la intención de darte cuerpo físico. Para que pases de diosa a diva. Y así poder vivir de ti. Quizá lo que la Iglesia es a Dios, el Estado es a la Nación.

A los que la amáis quiero deciros que dais mucho la lata. ¿Os la doy yo con mis rituales secretos de adoración al número 1 y al Precio? Insistentes sois, pero a mí y a muchos, no conseguiréis fagocitarnos en vuestra fantasía al estilo nave nodriza o colmena. A los que os dejéis anular vuestra individualidad en pro de la Nación, de la que sea, no os deseo más que mucha suerte porque la necesitáis, pues sois carne de cañón. A mí todas me parecen iguales y es que cuando oigo a tanta gente, tantos medios, tantos sesudos comentaristas perder el tiempo en destacar las diferencias entre Catalunya y España y entre España y Francia como unidades; concluyo que no existe seguro gran diferencia entre ellas, puesto que huelen a lo mismo. Y me dijeron de pequeño que lo que olía igual tenía muchas posibilidades de ser la misma cosa. Junta o separada. Ni el nombre ni la estética cambian la esencia. Y es que el problema está en la nación como concepto, da lo mismo si se aplica a Mongolia que a Paraguay. Y paraguayo o mongol, huele a lo mismo, a humanidad. Y sus estados a escoria violenta. Así que ante el debate sobre la independencia de Catalunya digo que si la hacen paraíso fiscal, "una cosa barateta", me apunto porque compensa los riesgos, menos Estado siempre compensa. Pero como eso no me lo propone nadie, no iré a votar como si de una elección más se tratara. Porque el cambio de nombre del Estado que me imponen me deja muy empatado respecto a la situación actual.

Lo que me preocupa no es qué Estado me imponen, sino que el asignado no me moleste mucho y respete lo máximo posible mi autodeterminación, la individual. En definitiva, que sea poco Estado. El Estado por definición, como concepto, es contrario al derecho a decidir, pues no respeta mi voluntad de darme de baja de él. El Estado siempre okupa la tierra sin nuestro permiso -la jurisdicción territorial, con frecuencia fruto de la conquista- y parece que tengamos que recordar que los hombres nacemos de nuestros padres sobre la tierra desde antes de la aparición del Estado. Elemento intruso siempre guiado por el interés político. Para los crédulos "interés público", los fanáticos más naíf lo llaman "contrato social", el único contrato jamás firmado. 

Ser nacionalista implica ser acrítico en mayor o menor grado. Ser nacionalista es ser un apologeta de la imbecilidad violenta estatal. Y aquí casi todo el país haciendo de hooligan, dedicando esfuerzos a las pasiones e identidades grupales. Términos como "unidad nacional" o "construcción nacional" me parecen esotéricos, tan alejados del materialismo necesario para ser libres y prósperos que me entran gases. Será una reacción fisiológica para adaptarme a la volatilidad mental del ambiente en el que lamento haber nacido y vivido. Pero eso de nacer no se elige, vaya... Otro motivo para no exaltarte Nación, si no te elijo y no te he ganado con esfuerzo, ¿para qué alardear de ti? ¿Qué mérito tiene? Ah sí, que los españoles "descubrimos" -en primera del plural- América. Jaja. Pues yo no estaba y los demás tampoco estabais. Y de estar creo que tampoco me hubiese metido en un barco de aquella manera. Por cierto, cuando juega la selección nacional tampoco está la "nación" sobre el campo, pista, cancha o piscina...

Los que la amáis, le hayáis construido ya la armadura estatal o no, os pido que no hagáis trampas para legitimar vuestra religión. No parece honesto venir con el argumento democrático del "derecho a decidir" cuando antes de dar la elección a los ciudadanos ya les habéis impuesto cuál será la circunscripción electoral de la que aceptáis la voluntad. Si una provincia o comarca os dice que no, le impondréis el sí porque forma parte de la Nación, esencialmente claro. Eso que delimitáis y llamáis "el Pueblo soberano" o el "sujeto político", la nación política. Y jamás querréis votar en un conjunto territorial diferente donde el resultado no se adapta a vuestra preferencia/imposición nacional. Una vez más el problema de la nación está en sus límites, ahora rebajados de la metafísica arengada a la vulgar circunscripción electoral. Quien decide la circunscripción es quien verdaderamente decide. Es decir, una vez más el poder político se sirve de la idea "nación" y la fomenta para construir o mantener la estructura estatal. El Estado es la ley siempre coactiva -en mayor o menor grado- y las leyes no nos dejan decidir sin ser agredidos. Los referéndums de autodeterminación -una vez más- pueden ser la menos mala de las soluciones, como lo es la democracia, un sistema útil para dirimir diferencias en paz. Pero no la confundamos con la libertad, la individual, la única que existe en el mundo físico que además la limita. El individuo es el único sujeto conocido, la única unidad material de soberanía, el único lugar donde reside la capacidad de actuar y de elegir. Los sujetos colectivos no existen más allá de la gramática, pues la voluntad colectiva tampoco existe. Y si alguien la afirma que me indique dónde está alojado el cerebro colectivo. La nación no es una unidad de soberanía, por eso es absurdo atribuirle acciones humanas, aunque así se haga con frecuencia desde la política adicta al abuso de la sinécdoque inveraz. Debemos decidir si queremos que la ley se adapte a la realidad o si queremos que la ley positiva sea la principal agresora a la libertad y generadora de conflicto, el estatismo rampante siempre opta por la segunda opción. 

Dicen algunos colegas libertarianos: "Bueno, la nación puede ser voluntaria. Como una asociación libre". Entonces no sé por qué la llaman "nación" que hace referencia al nacimiento anclado en un suelo al que se le ha puesto un nombre. No nacemos donde queremos, lo que han llamado "nación" no ha sido voluntario y menos lo es el Estado que hasta hoy se expresa en su nombre. Quizá un día sí podamos elegir estructura política sin renunciar al suelo y paisaje que habitamos, pero sospecho que a eso ya no lo llamaremos Estado. Quiero preguntar a los libertarianos: ¿sería vuestra "conciencia nacional" actual la que es, sin la acción identitaria nacionalizadora del poder político a través del Estado? En 2012, los humanos seguimos sin derecho a elegir Estado o ningún Estado. El que nos imponen -democráticamente o no- nos educa para adorar su proyecto de nación y de paso para asemejar la sociedad al Estado. Es el poder político estatal el que crea naciones y no al revés; y lo hace para aposentar y consolidar su poder.

No creo en ti, Nación. No logro saber a lo que se refieren con exactitud, sin hallar contradicción, cuando hablan de ti: ni en el plano político, ni en el cultural, ni en el libertariano. Y te hablo de tú, porque tus fans usan con frecuencia este lenguaje antropomórfico. Quizá así me entiendan mejor. A las hormigas, en hormigo. Las figuras retóricas han hecho mucho daño en la política, el nacionalismo no podría ni ser pensado sin la sinécdoque. Diría que la humanidad se acabará un día por el abuso de una de ellas. La pasión puesta en ellas, la pasión puesta en ti, no pocas veces ha servido al tirano para su orgasmo: la guerra. Y qué absurdo haber dado la vida por Prusia.

La nación cultural, previa a la ley, es una idea que se niega a sí misma. Dicen "lo común"... Y no me alargo porque todos nos lo sabemos y a mí me tiene agotado. Lo común implica lo ajeno. Los que reivindican el valor de la unidad deberían caer ya en que lleva implícita la división. El famoso "ellos" y "nosotros" de todo nacionalista en su precariedad. Y siempre depende del caprichoso que tiene el tiralíneas cultural, histórico, estético, interesado, arbitrario... Todos tenemos algo en común con otro y a la vez algo diferente. ¿Quién fija los criterios tradicionalmente mencionados para agruparnos como ganado nacional? Unos dicen lengua, otros dicen raza, religión o intereses comunes, unos un poco de todo eso o mucho o nada de alguno de esos elementos.

Se hace necesario decirle a muchos que no hay ciencia formal ni empírica que defina objetivamente la "nación", estamos ante una idea de la ciencia social, y como tal, definible y redefinible hasta el infinito subjetivo. Es lo que pasa cuando se quiere fragmentar la cultura para instrumentalizarla desde el poder llevando a los gobernados a un proceso sugestivo para convencerles de que pertenecen a un "conjunto nacional" dictado. Algunos identitarios dicen que es un conjunto similar a la familia pero de tamaño mayor, obviando las sustanciales diferencias: la biología y el grado de conocimiento que un sujeto puede tener de ambas. En la relación familiar se conoce la totalidad de la comunidad, en cambio es imposible conocer al conjunto de la nación. En este sentido los gobiernos suelen usar los medios de comunicación a su alcance y un sistema educativo estatalizado (coactivo) para trasladar a los individuos esa sensación y ficción de conocimiento hacia la totalidad del conjunto: crean el "sentimiento nacional" desde su ingeniería colectivista y gregarista. La familia la puedes conocer, la comunidad la  vives interaccionando (la vecinal, la parroquial o la mercantil), en cambio, la nación te la meten en la cabeza.

Para acabar, quiero constatar algo: yo puedo tener más en común con un joven de la isla que llamamos Japón que con un anciano de un pueblo de lo que llamamos Pirineo. Y tengo más cultura en común con un parisino de mi profesión que con mi vecina del cuarto. En cambio el poder me dice que el anciano y mi vecina son connacionales y que el joven de Japón y mi colega de París no lo son. Puede incluso que hable más con ellos que con mis connacionales, hoy medios no faltan, hasta ocupo el mismo espacio virtual -no se me ocurriría llamarlo "nación"-. Así que Nación, el meollo del asunto está en tu delimitación. Y en mi vida, repito, no creo en lo que no puedo delimitar con cierta objetividad.

Para mí no existes, Nación. Por lo tanto: un saludo innecesario.

Atentamente,

Yo, un anacional.

 

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