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22 de Gener de 2014

Ahora el PSC

Con este título seguro que más de uno se asusta. No pido el voto para el PSC, no. Titulo con el PSC pero es un caso más, no es el primero, ni será el último de indisciplina parlamentaria en este sistema electoral y de partidos.

Los independentistas de papel maché -los de mentira, los que apoyan a CiU y no le exigen casi nada a Mas- se vician haciéndole bullying al PSC, un partido que no parece necesitar mucha ayuda para quedar en el olvido. Buena parte de su electorado se está muriendo y su espacio está siendo ocupado por un centroderecha que practica políticas económicas socialdemócratas, por un unionismo alarmista ante un Mas que no pasa de redacciones escolares, por una ICV lanzada al populismo fiscal y por una ERC que está recogiendo el voto del PSC al que siempre le ha dado asquito decir que es español.

Empiezo con "Ahora el PSC" para expresar el cansancio: el hinchamiento de gónadas que un servidor carga por tener que hacer una vez más el mismo diagnóstico. Repetidos no me gustan ni mis argumentarios.

Nuestro sistema electoral y político comete una contradicción destacable. El Tribunal Constitucional, en el año 1983 y en diversas sentencias, dejó claro que el acta de diputado es del titular y que el partido no puede obligarlo a dejar el escaño. Pero resulta que el diputado no es elegido nominalmente, por desgracia es escogido en una lista cerrada y bloqueada que debe ser de un partido o agrupación electoral. Por lo tanto, el electo no representa directamente a los votantes, pasa cuentas ante ellos a través de los partidos.

Si uno se pregunta quién representa mejor a los votantes llega fácilmente a la conclusión de que no es el diputado, es el partido. Esto es evidente cuando el programa político votado es el de cada una de las formaciones y no un programa político individual de cada diputado. Más cuando la circunscripción electoral es tan grande como aquí. De hecho, todos sabemos que casi la totalidad de votantes opta por una marca y no conoce ni un 10% de la lista de partido seleccionada.

Como mucha gente, soy partidario del voto en conciencia de los diputados. Pero esto no me impide reconocer un hecho: a día de hoy, la sigla es más representativa de los votantes que la posición individual de cada electo. Creo que a estas alturas de la película, la ciudadanía ya debería estar mucho más comprometida con el cambio de modelo electoral que solucione esta contradicción y que nos lleve a una mejor representatividad. Y si no es mucho pedir, a restar peso al único poder real: los aparatos de partido. Sí, esos que según la Constitución deben funcionar internamente de forma democrática. Con esto último nos marean mucho los defensores de las primarias, pero quizá no nos deba preocupar tanto. Al fin y al cabo, militar no es obligatorio. Pero lo que sí nos afecta a todos es cómo estamos representados en el Parlamento.

Debo decir que en el caso concreto que nos ocupa con el PSC, no tengo nada claro quién ha traicionado más el programa electoral del partido, si el aparato o los díscolos. O si simplemente estamos ante dos interpretaciones diferentes de cómo se debe solicitar la consulta legal y pactada que los socialistas defendieron en campaña. El conjunto narrado hace el caso bien especial y plantea las dudas de diagnóstico típicas cuando se está ante la descomposición y desaparición de un partido. Ya veremos si finalmente es así.

Hoy ha circulado mucho la fotografía del grupo del PSC con un Daniel Fernández imputado bien integrado y los tres díscolos apartados al lado del grupo de C's. Efectivamente, esta manera de funcionar de los partidos deriva de unos incentivos generados por un modelo electoral de listas cerradas que premia la disciplina imputada antes que la convicción, las aportaciones o la coherencia. No hay "regeneración ética y política"  -como dicen los partitócratas- si no hay cambio del marco de incentivos. Y este cambio no lo harán los beneficiados del actual modelo.

En buena medida, se puede decir que no tenemos legisladores, tenemos autómatas militarizados que votan a toque de corneta y sueltan los argumentarios como loros. Cuando voy al Olla de Grills y empiezan con el blablablá que corresponde a cada momento, aprovecho para hacerme esquemas de artículos como este, mientras salivo con sistemas electorales como el británico o el norteamericano. Mi preferido es el australiano, con el llamado voto alternativo. Aunque se debería complementar con una bolsa de voto más proporcional.

Para acabar. Recuerdo que la Generalitat tiene la competencia para hacer una ley electoral propia desde 1980. No se ha hecho y se funciona con el modelo de las elecciones generales. En esta cuestión se ve que no molesta mucho ser español. Ahora vuelve a parecer que el asunto se pone en marcha, pero me sigo preguntando cuántos años más estaremos explicando lo mismo y cuántos años más tendré delante una papeleta con una lista de... ¡85 loros disciplinados!

@AzoteLiberal en Twitter

 

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