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28 de Febrer de 2014

Puig Antich: demasiado tarde

Herbert Marshall McLuhan: “La indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad”.

 

Estos días se cumple el 40 aniversario del asesinato de Salvador Puig Antich por el franquismo. E, igual que en otros aniversarios de este hecho, representantes -no muchos- de la sociedad bienpensante, progresista y moralista, han vuelto entonar lamentos -pocos-, protestas y condenas en relación con el asunto.

El 3 de septiembre de 2006, Javier Angulo publicaba en el diario El País un artículo sobre la película Salvador, y decía: “Hay amplia coincidencia en que para pedir el perdón para Puig Antich no se movilizaron los partidos y sindicatos tradicionales de oposición, ni hubo una presión popular en la calle”.

“Coinciden con este criterio”, seguía, “los abogados, hermanas y novia de Puig Antich; el productor de Salvador, Jaume Roures; el director, Manuel Huerga, y [el guionista] Lluís Arcarazo. ‘Creo que el régimen lo mató porque vio que no había respuesta popular; que se ratifica la sentencia y había cuatro protestas aisladas, notas de abogados, etcétera, pero no había clamor en la calle’, afirma Arcarazo. ‘Era la víctima perfecta porque nadie de la clase política le reclamaba. Fue un asesinato legal’, añade Huerga”.

Estos cineastas utilizaron unas formas muy educadas, exquisitas, habría que decir, para explicar cómo la autodenominada izquierda catalana, con sus diversos partidos, sindicatos, plataformas y otros medios de realizar actividad de oposición al franquismo, no quiso defender a este condenado a muerte por la dictadura.

De hecho, hubo algunas movilizaciones, pocas, y en muchos casos casi espontáneas. Estas protestas fueron impulsadas por grupos minoritarios de extrema izquierda y por sectores cristianos, siempre sensibles a la aplicación de la pena de muerte. Pero las fuerzas políticas de peso, el antifranquismo con capacidad de movilización, miró hacia otro lado.

Habría que señalar, especificar. En aquellos momentos, el movimiento con más peso político y social, con más capacidad movilizadora, se vertebraba alrededor del PSUC y de su potentísima correa de transmisión sindical: CCOO de Catalunya. Fueron ellos los que crearon la Asamblea de Catalunya, para actuar mediante movimientos sociales más amplios y que llegasen más allá de las siglas del partido.

El resto de grupos, organizaciones, sindicatos y plataformas, eran minoritarios, testimoniales en algunos casos, y sin capacidad de incidir en una situación como ésta. Muchos de estos grupos tampoco hubieran hecho nada si hubieran tenido más fuerza, pero la realidad es que en marzo de 1974 no tenían la capacidad suficiente. Por lo demás, nadie esperaba que la derecha nacionalista moviera un dedo por este caso.

¿Por qué todo el magma de organizaciones dependientes, de una u otra forma, de lo que decidiese la dirección del PSUC, no se movió? Inicialmente, es evidente que hay que responder que no se movieron porque el PSUC -el partido, como decían ellos- no quiso. ¿Y por qué no quiso? Pues, lisa y llanamente, porque aquel condenado a muerte no era de los nuestros.

No hay que entrar en detalles penosos, sobre todo, teniendo en cuenta el asunto de que estamos hablando. No hace falta, no vale la pena, porque los hechos hablan por sí solos. Los burócratas del PSUC, aleccionados para obedecer a ciegas a los sumos sacerdotes de su religión orgánica, decidieron que aquel asunto no les convenía.

Para aquel entonces, ellos estaban ya en otras cosas. Ellos, el partido, estaban ya, como tantas y tantas veces en la historia internacional del marxismo, enfangados en sus obscuros pactos con la burguesía para preparar, con los restos del franquismo, la comedia de la transición. Como otras veces, como siempre, cuando llegaba el momento decisivo, el partido sólo velaba por sus intereses de casta, de iglesia. Como siempre, en el momento decisivo daba marcha atrás y pactaba con los explotadores. Nada nuevo.

Y para defender esos intereses no interesaba echarse a la calle para luchar por la vida de alguien cuyas ideas no encajaban con la religión oficial del PSUC y de sus organizaciones. Ellos, el partido, estaban para otras cosas. Para pactar con la derecha, con los tardofranquistas, con los restos del verticalismo sindical… Esas cosas.

En esos esquemas, en esos intereses, en ese fango de pactos -a veces inconfesables-, en ese oscurantismo de los burócratas sin ideas, no encajaba la defensa de un condenado a muerte por el franquismo. Porque no era de los nuestros. Algún comunicado, eso sí. Algunas palabras. Algún artículo. Ya se sabe.

Por eso, ahora, cuando se cumplen 40 años de aquello, mejor que sigan callados. Mejor que no pretendan falsificar la realidad de la historia, como siempre han hecho. Mejor que se callen. Ellos, el partido, se han convertido, como no podía ser de otra forma, en parte de ese lamentable segmento social que es la bienpensante burguesía progresista catalana. Y, después de todo, ya es demasiado tarde. Así que, mejor que sigan callados.  
 

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Comentaris afegits 
Jordi (Zaragoza) 18-03-2014 - 23:19
Está muy feo eliminar comentarios que no concuerdan con la opinión del autor o, quizá, con la línea editorial de e-notícies.
Papaluna (Barcelona) 02-04-2014 - 16:50
No era un anarquista que atracava bancs i s'enfrontava amb armes de foc a la mà contra la policia? Sí o no? Doncs si és que sí, li va tocar rebre, comptant que als anys 70, el tardofranquisme no matava a ningú per les seves idees. No tergiverseu!
Abate Marchena (Barcelona) 02-03-2014 - 11:35
40 años hace de su ejecución. Aquella mañana me hizo llorar su muerte tan fría. La política del PSUC era muy disgregadora y ................. El franquismo era muy cruel e inhumano.
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