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02 d'Abril de 2010

Montilla, Carod y los medios

El presidente del Gobierno español siempre ha intentado compensar su vaciedad intelectual e ideológica con el impacto mediático. Y, más o menos, lo ha conseguido. Hasta ahora.

Alguien dijo que es imposible engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Y a Zapatero le ha ocurrido eso. La crisis ha puesto en evidencia que nos encontramos ante un tipo que sólo busca el favor de los medios y que carece de cualquier estrategia política y de la más mínima base ideológica.

Con Montilla, el proceso ha sido parecido, aunque no es lo mismo. El presidente de la Generalitat lo basó todo en aquello de "fets, no paraules", es decir, la gestión, la seriedad, la eficacia.

Daba igual que, en contra de lo que pretendía Zapatero, Montilla aburriera a las ovejas con sus "fets" que, por lo demás, no le han servido para tapar el camarote de los hermanos Marx que es el tripartito, ni para frenar un imparable descenso en las encuestas electorales.

Llegados a este punto, cambia de estrategia. Imita a Zapatero, no porque pretenda convertirse en un personaje de impacto mediático, sino porque a partir de ahora, lo mediático gana un gran protagonismo en su proyecto de campaña electoral.

Por eso defenestra a los funcionarios de la vieja guardia, a los capataces del partido que fundamentaban su estrategia -si es que se puede llamar así a lo que hacían- en el ataque y la descalificación del adversario.

A partir de ahora, las cosas cambian. Montilla prescinde del "fets" y de los comisarios del aparato del partido. Se pasa de la supuesta eficacia y de la agresividad a la política light, a  la estrategia blanda, a que sean los medios los que hagan la campaña. Se prescinde de cualquier ideología para apostar por los medios. Es decir, entramos en el zapaterismo.

Carod, tan distinto de Montilla, trabaja ya en la nueva estrategia. Por eso se queja de la falta de "complicidad" de los medios. Como si ellos fueran tan estupendos que los medios tuvieran que ser sus cómplices. Como si los medios tuvieran que adorar a estos personajes, que según parece, se consideran unos genios de la política.

La complicidad entre medios y políticos se gestó durante el franquismo, y se prolongó durante la transición. Esa complicidad tenía que haber terminado entonces. Pero no fue así.

No fue así porque acabaron por imponerse los intereses, no siempre confesables, de los propietarios de los medios y de muchos profesionales del periodismo, que prefirieron dejar de ser periodistas para convertirse en ayudantes de    los políticos que actuaban en los medios.

Eso está cambiando, porque la crisis está golpeando sin piedad a las empresas de comunicación, y sus propietarios quieren que los gobiernos les devuelvan los favores en forma de dinero. ¿Por qué los bancos o los fabricantes de automóviles sí, y los medios de comunicación no?

Por eso ha empezado un cierto despegue y muchos medios ya no son tan cómplices como antes de Zapatero o de Montilla. De eso se queja Carod, sin entender que los tiempos han cambiado. Los medios quieren más dinero, y mientras no se les dé, no volverá la antigua complicidad, el viejo servilismo.

Por lo demás, hay un error de fondo. Esas nuevas estrategias podrían funcionar si Zapatero o Montilla fueran Berlusconi. Pero no lo son. Ellos están en crisis, y para salvarse buscan el apoyo de otros sector en crisis, los medios de comunicación.  

El final de esta estrategia es el fracaso. Porque estos políticos, como la mayoría de los actuales medios, ya no sirven. Se han quedado en la estación y el último tren ya se ha ido. Su error, el de políticos y medios, es que no han entendido hasta qué punto están cambiando las cosas. Y esto, después de todo, tiene un nombre: fracaso.

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