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14 d'Octubre de 2011

Lobistas contra el PER

Josep Antoni Duran i Lleida está en su derecho a tener miedo a la subida en las encuestas electorales del PP en Cataluña, gracias a la utilización de algunos planteamientos racistas y xenófobos. Y también tiene su derecho a luchar electoralmente contra este hecho mediante el recurso a métodos parecidos. Es una táctica electoral, aunque muy reveladora.

Porque atacar a los campesinos andaluces y extremeños con el argumento de que se gastan el subsidio en los bares, mientras que los campesinos catalanes tienen problemas por los bajos precios de sus productos, revela cómo algunos -Duran en este caso- no tienen el más mínimo inconveniente en ocultar sus intereses y prejuicios de clase bajo la invocación a Cataluña.

Duran dice que no le gusta la cultura del subsidio. Pero sigue reflejando sus prejuicios de clase. Porque critica un subsidio de 400 euros al mes, que permite comer a muchas familias  andaluzas y extremeñas afectadas por el paro, pero no critica el dinero público que se da a entidades como el Palau de la Música, pongamos por caso.

Es lógico, después de todo. Un representante de la alta burguesía, como él, ve criticable un subsidio de 400 euros para que puedan comer familias campesinas en paro, y ve aceptable, porque no las ha criticado, las millonarias subvenciones -también de dinero público- al Palau de la Música.

La diferencia es que, en el primer caso, el subsidio va destinado a campesinos parados, y es para comer. Y en el segundo caso, las subvenciones van destinadas a entidades culturales gestionadas por altos burgueses, que se meten las subvenciones en sus bolsillos. Diferencia de clase.

Por lo demás, a Duran le molesta que esos campesinos que reciben el subsidio puedan ir a los bares. Obviamente, los señores de la alta burguesía que se llevan el dinero del Palau de la Música no se lo gastan en los bares. En todo caso, se lo gastan en sus mansiones de lujo y en los campos de golf. Cuestión de clases.

Tampoco se ha oído a Duran i Lleida quejarse de que, desde el Palau de la Música, se desviasen también cantidades importantes de dinero hacia Convergència i Unió, la coalición a la que él representa en el Congreso de los Diputados. ¿Para que sirvió ese dinero? ¿También se gastó en los bares? Parece que no. Decididamente, no.

Por cierto, hablando de subvenciones, de dinero y de parados, Duran, que con santa ira arremete contra los campesinos andaluces y extremeños que van a los bares con el subsidio que les dan por estar parados, parece haber olvidado algunos viejos asuntillos de su partido, Unió Democràtica, relacionados con dinero público para cursos de formación de parados.

Parece haber olvidado que mucho dinero público, que debería haber servido para financiar la organización de cursos para parados, no sirvió para eso, sino para otras cosas. Y también ha olvidado que, a causa de este asunto, importantes miembros de su partido fueron imputados por la justicia, entre ellos un consejero de Trabajo de la Generalitat de Cataluña, que tuvo que dimitir de la presidencia de Unió.

Por eso sorprende que alguien con tan escasa memoria arremeta ahora contra la utilización que en Andalucía y Extremadura se da al dinero destinado a los parados. Porque su partido, Unió Democràtica, sabe mucho de cómo se puede utilizar el dinero público destinado a la formación de parados. Mucho.

En cualquier caso, no debe olvidarse que el grupo parlamentario que Duran i Lleida dirige en el Congreso de los Diputados tiene un amplio historial como lobista de importantes corporaciones y sectores de gran importancia económica. Por ejemplo, los concesionarios de automóviles, o las patronales de los grandes laboratorios farmacéuticos.

Están en su derecho, por supuesto. Es absolutamente legal, e incluso, según cómo se mire, patriótico. Porque -volvemos siempre al mismo argumento-  es por el bien de Cataluña. Y en nombre de Cataluña, ya se sabe, se roba en el Palau de la Música, desaparece el dinero de los cursos de formación para parados, o se impulsan en el Congreso los negocios de grandes corporaciones y patronales. Entre otras edificantes cuestiones.

Y al final, en nombre de Cataluña, claro, se acaba demonizando a los campesinos andaluces y extremeños en paro, que reciben 400 euros al mes para que sus familias puedan comer. Por suerte, todo esto es una falacia. Cataluña, afortunadamente, es otra cosa. Una cosa muy distinta de la idea que de Cataluña tienen quienes la utilizan para justificar la defensa de sus intereses de clase. La Cataluña real, no la de ellos, es profundamente solidaria con los campesinos andaluces y extremeños. Y Duran lo sabe. Ese es su problema.  

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