27 de Juny de 2009
Es la nueva moda. Todos los plumíferos y publicistas orgánicos de la socialdemocracia, o sea, de lo que llaman -ellos- la izquierda, se han lanzado en tromba a intentar dar una explicación a la perplejidad que les ha producido el hecho de que últimamente estén experimentando claros retrocesos electorales en toda Europa.
La izquierda está perpleja. Y, claro, todos estos seudointelectuales, que viven del momio de las fundaciones, los think tanks y otros pesebres de la socialdemocracia, temen quedarse sin trabajo. Por eso han redoblado sus esfuerzos para, como ellos dicen, utilizando otra expresión de moda, encontrar "un relato".
Es decir, de hecho, lo que buscan, el "relato", es una forma de actuar que les permita seguir engañando a la ciudadanía con ese cuento de la izquierda que hace una política de derechas, pero que es de izquierdas. Quieren encontrar "un relato" que les permita mantener ese fraude, porque parece que los ciudadanos ya no tragan.
Esta gente, en nombre de la izquierda, ha convertido a los sindicatos en organizaciones de derechas, a los trabajadores en aduladores de los empresarios, y a los parados en mendigos. Y ahora quieren convertir a los ciudadanos en idiotas.
Esta gente, la izquierda, se ha pasado los últimos años desmontando los mecanismos de defensa colectiva de los trabajadores, bendiciendo al mercado como el dios social, extendiendo la insolidaridad y el egoísmo como mecanismo de promoción personal y glorificando la riqueza y el dinero a costa de cualquier precio.
Dicen que bajar impuestos es de izquierdas, aunque parece que ahora ya no. Dicen que hay que limitar las emisiones de gases, porque eso es de izquierdas, y subvencionan la compra de coches. Dicen que defienden a los trabajadores y están bendiciendo los despidos masivos para que los empresarios mantengan sus beneficios.
Y, sobre todo, cuando el capitalismo ultraliberal entra en una profunda crisis, son ellos, los socialdemócratas, la izquierda, los que acuden, serviles, diligentes y raudos, a repartir miles de millones de dinero público a los banqueros, para sacarlos a flote. Ésta es la izquierda. Que dice que es pacifista y vende armas, que dice que defiende los derechos humanos y apoya a Israel, que dice que es laica y financia con cientos de millones a la iglesia de los católicos.
Ahora, después de esta tremenda exhibición de cinismo, de engaño y de estafa, dicen que se han quedado sin "relato". Es decir, están reconociendo que se les ve el plumero, que los ciudadanos les están identificando como lo que son, unos farsantes, y por eso hay que buscar un nuevo método de engaño, un nuevo fraude.
Estos tipos han convertido en un medio de vida, en una auténtica profesión, la peripecia de hacer una política de derechas clara y rotunda y dar al mismo tiempo la imagen de que son de izquierdas. Pero parece que ahora, en plena crisis, este cuento ya no da para más. Por eso hay que escribir otro, por eso hay que buscar un nuevo "relato".
Entre los periodistas norteamericanos circula desde siempre un sabio razonamiento que, más o menos, viene a decir que si un ave vuela como un pato, anda como un pato y nada como un pato, lo más probable es que estemos ante un pato.
Bueno, pues si unos políticos hacen una política de derechas, los ciudadanos creen que son de derechas, y dan una imagen de derechas, lo más probable es que estemos ante la derecha. Aunque digan que son la izquierda.