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14 d'Agost de 2008

Hay demasiada niebla en el debate sobre la financiación autonómica en el Estado español. De hecho, lo que ocurre es que hay demasiada gente interesada en que haya demasiada niebla. El debate real se está ocultando.

A veces, surgen chispazos, hay excesos verbales que, como un fogonazo, alumbran el escenario y arrojan algo de luz sobre lo que realmente se está discutiendo en este asunto. Es lo que ocurre con declaraciones como las de Lluís Suñé o Joan Puig.

Estos excesos verbales, estas salidas de tono, tienen, al menos, la virtud de indicar por dónde van en realidad las cosas. Podría decirse que, a veces, la verdad, o al menos una parte de la verdad, surge por un error, por una equivocación.

Es obvio que, de entrada, surge un problema nacionalista. Además, es un problema que tiene una difícil solución con la actual estructura territorial, controlada en algunos de sus aspectos fundamentales por el nacionalismo español.

Lógicamente, ese nacionalismo español es tremendamente agresivo con los nacionalismos periféricos, que intentan defenderse y resistir. En este sentido, los nacionalismos periféricos cumplen una justa e imprescindible función de contrapeso y equilibrio, y merecen ser apoyados aunque sólo sea por esto.

Por supuesto, la defensa de culturas y lenguas propias, al margen de lo español, hacen imprescindible el apoyo a los nacionalismos periféricos, única forma de evitar una dinámica que, si no se le pone freno, puede llevar al genocidio cultural.

Pero, los hechos anteriores no pueden ocultar otros. Y parece haber interés en ocultar que, tras el debate de la financiación, lo que hay es una pugna entre zonas ricas y zonas menos ricas, algo que, por lo demás, no es exclusivo del Estado español.

La Liga Norte, en Italia, es un ejemplo del mismo asunto. O las cada vez más fuertes tendencias de Flandes a separarse de Valonia, en el Estado belga. O la separación de Chequia y Eslovaquia. Siempre hay un problema de ricos y pobres. Aunque no es el único problema, claro está.

Aquí, estamos ante lo mismo. No es el único conflicto, obviamente, pero es determinante. Y lo es hasta el punto de que la diferencia ricos-pobres es transversal, es decir, está por encima de partidos y de supuestas ideologías.

Por eso hay una bronca de grandes dimensiones entre gobiernos autonómicos controlados por socialistas, y posiciones distintas dentro del PP. Por eso un Gobierno como el catalán, compuesto por una alianza entre el PSC , ERC e ICV, pacta con otro como el valenciano, del PP, y con una mezcolanza como el Ejecutivo de Baleares.

Todo eso ocurre porque se defienden intereses económicos, es decir, intereses de posiciones económicas, financieras, empresariales y fiscales. Por supuesto, también intervienen cuestiones nacionalistas, pero no nos engañemos, el problema fundamental es el otro.

Éste es el debate real. Un debate que, por lo demás, olvida que, en el interior de los territorios considerados ricos, o al menos más ricos que otros, hay también bolsas de pobreza. Pero ésta es otra historia, de la que nunca se habla, porque no puede ser ocultada bajo las banderas del nacionalismo.

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Comentaris afegits 
Kropotkin (Vic) 19-08-2008 - 18:09
Asi que los nazionanismos perifericos son los buenos, los pata negra. Jua, jua, jua,... Vaya cachondeo de opinión... Asi que sirven de equilibrio. Jua, jua, jua,... Por favor,.... Si sigue con opiniones asi me echaré a llorar de risa.. Un poco de seriedad
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