29 de Desembre de 2008
El Estado de Israel goza de la calificación internacional de Estado democrático, lo que suele ponerse como ejemplo positivo frente a los regímenes dictatoriales de muchos países árabes. El Estado de Israel, creado, potenciado y sostenido por el poder económico de occidente, goza, en general, de un buen tratamiento en la opinión pública y los grandes medios de comunicación internacionales.
Lo anterior es el fruto de la influencia económica de los poderosos lobbies del Estado de Israel y de sus protectores, que, mediante un amplio y potente reparto de dinero, influencias y ámbitos de poder, han logrado mantener un cierta imagen de Estado democrático, distorsionando así la realidad.
En todo esto juega un importante papel otro factor, no directamente económico o de poder político, consistente en la mala conciencia de occidente por el extendido antisemitismo de muchas de sus sociedades, lo que culminó en el holocausto nazi, y en otras persecuciones antisemitas menos conocidas pero igualmente degradantes.
En este esquema, las autoridades de Israel y de sus poderosos protectores no dudan en utilizar esa mala conciencia para descalificar, mediante sus potentes métodos propagandísticos, cualquier crítica al Estado de Israel, crítica que es inmediatamente tachada de antisemita. La acusación de antisemitismo se convierte así en un arma arrojadiza contra cualquiera que denuncie determinadas características y actuaciones del Estado de Israel.
Así, se califica de antisemita decir que Israel es un Estado basado en criterios étnicos y religiosos, que están por encima de cualquier característica democrática. La democracia en Israel es algo puramente formal, vacío, sin contenido. Se trata de un Estado étnico, teocrático y militarista que, bajo una apariencia democrática, encubre una estructura de poder dictatorial dirigida por integristas, racistas, corruptos y militaristas. Estas características, por lo demás, son las mismas de diversos Estados árabes aliados de las potencias occidentales.
También se califica de antisemita al que dice que el Estado de Israel está creado y sostenido por las grandes potencias económicas occidentales para impedir la creación de Estados árabes fuertes, cohesionados y con objetivos de unificación de todo el mundo árabe, que puedan controlar una zona vital para occidente por sus importantísimas reservas petrolíferas. El apoyo occidental a Israel se fundamenta en las mismas razones que el apoyo a las dictaduras árabes corruptas y medievalistas que hemos comparado antes al Estado israelí.
Por supuesto, es igualmente calificado de antisemita cualquiera que denuncie que el Estado de Israel ha sido creado, y está siendo mantenido, a costa de la puesta en práctica de un proyecto de genocidio del pueblo palestino, y que en este sentido, se trata de un Estado terrorista, que utiliza su aparato estatal y la fuerza militar para eliminar físicamente grandes segmentos de población civil palestina.
Naturalmente, el aparato de propaganda israelí, y de sus aliados, califica de antisemita decir que el intento de exterminio del pueblo palestino tiene la misma gravedad conceptual que el intento de exterminio de los judíos practicado históricamente por los nazis, entre otros. Ahora, los papeles de la tragedia están cambiados, y las víctimas se han convertido en verdugos.
Otra supuesta muestra de antisemitismo es denunciar por cómplices del genocidio del pueblo palestino a los gobiernos, instituciones, medios de comunicación y sectores de la opinión pública de occidente que sostienen y fomentan las actuaciones racistas, genocidas, militaristas y terroristas del Estado de Israel.
El antisemitismo es una de las lacras más extendidas y degradantes de la condición humana. Pero denunciar el antisemitismo no debería impedir denunciar también que el Estado de Israel y sus protectores utilizan, manipulan y distorsionan el lógico sentimiento de rechazo que el antisemitismo provoca para encubrir sus igualmente rezachables actuaciones, enmarcadas en el intento de genocidio de los palestinos. Y todo, para que los ricos de occidente tengan su petróleo.